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La prórroga indefinida de la tregua de cristal entre Estados Unidos e Irán, dispuesta por Donald Trump, parece una partida de póker con armas cargadas sobre la mesa. La flota norteamericana, cada vez más numerosa, recibió la orden de «disparar a matar» contra cualquier embarcación iraní que intente sembrar minas en el estrecho de Ormuz. Algo frecuente desde el 28 de febrero, cuando estalló la guerra, e Irán descubrió que ese callejón por el cual fluye la quinta parte del petróleo mundial era su carta en la manga.
Un año antes, en esa misma fecha, Trump y el vicepresidente JD Vance humillaron a Volodimir Zelenski en la Casa Blanca durante una reunión convocada para sellar un acuerdo sobre minerales estratégicos. Lo pusieron entre la espada y la pared frente a las cámaras: Ucrania iba a recibir ayuda militar de Estados Unidos si su presidente firmaba un pacto de paz desventajoso con Rusia. Trump utilizó en esa guerra y en la de Medio Oriente la narrativa de la impaciencia estratégica. Curiosamente, más allá de la coincidencia en el calendario, el beneficiario de ambos conflictos terminó siendo Vladimir Putin.
Minerales raros en Ucrania en 2025 y flujos energéticos en Irán en 2026
¿Qué une a Ucrania con Irán? La misma lógica de resolución de conflictos vía ruptura del statu quo y demostración de fuerza. Zelenski encontró en la guerra contra el régimen teocrático un resquicio para realinear su causa. Si Estados Unidos e Israel derrotan a Irán, proveedor de drones de Rusia, su principal enemigo se debilita. Era algo imprevisto antes de la represalia contra los ayatolás: la combinación de los dos teatros de operaciones. Otro hilo conductor: el papel de los recursos naturales. Minerales raros en Ucrania en 2025 y flujos energéticos en Irán en 2026.
En 2025, Estados Unidos dejó de ser un aliado de Ucrania para convertirse en un árbitro. Un año después, brotado con la OTAN en general y con España en particular por la escasa o nula contribución en la guerra contra Irán, Trump apeló a aquello que llaman a su alrededor “método de la determinación”. Filón de la Doctrina Donroe, estrenada el 3 de enero con la detención exprés de Nicolás Maduro y su mujer en Caracas para ser despachados a la cárcel en Nueva York. En Venezuela creó una dictadura interina con jerarcas reciclados mientras que en Irán creó un régimen teocrático 2.0 con la Guardia Revolucionaria a la cabeza.
La frustración de Trump con la OTAN corre por otro carril: se remonta a su primer mandato, cuando les exigió a sus miembros que destinaran a la defensa un 5% de su PBI. España se negó. Su presidente, Pedro Sánchez, se convirtió en una de las voces más críticas de la escalada en Medio Oriente. Al punto que les impidió a las tropas norteamericanas utilizar la Base Naval de Rota, en Cádiz, y la Base Aérea de Morón de la Frontera, en Sevilla, para actividades ligadas a la ofensiva contra Irán. Medidas similares adoptaron Reino Unido, Francia e inclusive Italia, cuya primera ministra, Georgia Meloni, marcó distancias con Trump.
La escalada coincide con un sismo interno en Estados Unidos tras la salida estrepitosa del secretario de la Armada, John Phelan, y el endurecimiento del bloqueo naval. Mientras el Pentágono exhibe la captura de petroleros vinculados a su enemigo y denuncia maniobras de contrabando y envíos de dólares desde Irak, Irán aborda buques de carga cerca de Ormuz. Entre videos y capturas, la asfixia mutua ha disparado los precios del petróleo y mantiene en vilo a los mercados energéticos globales.
Tanto en casa como en el exterior, la percepción de liderazgo de Trump pierde fuelle
Tanto en casa como en el exterior, la percepción de liderazgo de Trump pierde fuelle. Las encuestas muestran un desplome de la confianza económica en Estados Unidos, así como su conversión en una figura tóxica en Europa y otras comarcas. El cruce con su compatriota León XIV, disparador de la reacción de Meloni, contribuyó al alejamiento de sus filas de personajes de la ultraderecha como Nigel Farage, líder del partido británico Reform UK. Llovido sobre mojado tras la derrota electoral en Hungría de Viktor Orbán, pese al respaldo personal del vicepresidente Vance.
En plan de castigar a los malos con la retórica del puño de hierro, el Pentágono dejó que se filtrara un correo interno según el cual Estados Unidos impulsaría la suspensión de España de la OTAN, imposible a la luz de su tratado fundacional, y revisaría su posición sobre la reivindicación de Reino Unido en las islas Malvinas. ¿La excusa? La negativa o la reticencia de algunos miembros de conceder a sus tropas los derechos de acceso, estacionamiento y sobrevuelo, conocidos como ABO. Sumarse al bloqueo naval, más allá de la necesidad de reabrir el estrecho, supondría entrar en la guerra. Y caer en la trampa del 28 de febrero.

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