El orden del caos
En su nuevo libro, “Efecto Mariposa”, Jorge Argüello ofrece una lectura incómoda y esclarecedora del nuevo orden mundial | Por Jorge Elías (leer más)
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Tras la masacre de Hamas, perpetrada el 7 de octubre de 2023, Israel y Estados Unidos enfrentan un desgaste global sin precedente a raíz de la represalia conjunta contra Irán y el conflicto paralelo de Israel contra Hezbollah en Líbano | Por Jorge Elías (leer más)
El trágico doblete sísmico expone la vulnerabilidad de una nación devastada mucho antes de que la tierra temblara | Por Jorge Elías (leer más)
Tras dinamitar el acuerdo histórico de 2015 rubricado por Obama, Trump cede ante Irán por urgencia electoral en una cumbre del G7 marcada por el distanciamiento de Canadá y el aislamiento global de Israel | Por Jorge Elías (leer más)
Human Rights Watch denuncia acuerdos secretos de Estados Unidos para deportar a cubanos e inmigrantes de otras nacionalidades a territorio mexicano, quebrando la norma internacional (leer más)
Tras consolidarse en la primera vuelta de las presidenciales de Colombia, Abelardo de la Espriella, alineado con el eje Milei-Bukele, recibe el espaldarazo de Trump | Por Jorge Elías (leer más)
La imputación de Estados Unidos contra Raúl Castro por el caso Hermanos al Rescate busca desmantelar los pilares narrativos de la dictadura cubana mientras Díaz-Canel patalea, pero intenta negociar con Estados Unidos | Por Jorge Elías
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En 1998, como periodista, me tocó ir a China con la comitiva de la Casa Blanca. La visita de Bill Clinton era la primera de un presidente de Estados Unidos desde la ruptura de las relaciones bilaterales, en 1989, a raíz de la represión por la que murieron varios de los que reclamaban por la democracia en la plaza Tiananmen, de Pekín. El régimen de Jiang Zemin, entonces presidente, desplegó miles de efectivos para perseguir y arrestar a disidentes que pretendían acercarse a la delegación norteamericana y retirar de la vista pública todas las publicaciones que aludieran al escándalo Monica Lewinsky. Si bien Clinton había optado por la prudencia, en una villa cercana a Xian, la antigua capital del imperio, exaltó el valor de las elecciones: «Yo gané algunas y también perdí dos. Me gusta más ganar que perder, pero, dondequiera que haya una elección y la gente decide, todos ganan». Algo que, a Donald Trump, 18 años después, no se le cruzó por la cabeza durante sus reuniones con Xi Jinping. El silencio sepulcral (leer más)
Donald Trump moduló el tono tras un nuevo intento de asesinato, pero la tregua retórica duró poco | Por Jorge Elías (leer más)
La misma fecha, dos confrontaciones: ¿qué ha ocurrido desde la humillación a Zelenski en la Casa Blanca hasta la guerra contra Irán? | Por Jorge Elías (leer más)
Con su amenaza con bombardear a Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra, Donald Trump no solo agita el avispero en Medio Oriente. También apaga de facto las luces de las fábricas de semiconductores de Corea del Sur y vacía los tanques de nafta en las calles de Manila. La retórica bélica de ida y vuelta, moneda corriente desde los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero, no hizo más que cerrar un círculo vicioso que tiene como rehén a un punto geográfico minúsculo, pero vital: el estrecho de Ormuz. Por ese paso, de 33 kilómetros de ancho en su parte más angosta, fluye la quinta parte del petróleo mundial. Mientras el régimen teocrático insiste en mantenerlo cerrado y Trump condiciona cualquier tregua a su reapertura, el mercado ya ha dictado sentencia: los precios del crudo vuelan y las bolsas caen. Irán lanzó oleadas de drones y misiles balísticos contra diversos países de la región, principalmente Israel y aquellos que albergan instalaciones militares norteamericanas o son percibidos como sus aliados (leer más)
Durante décadas, Occidente procuró debatir la guerra en los claustros académicos o en los manuales de inercia doctrinal. Se hablaba de la guerra del futuro como una especulación tecnológica, casi cinematográfica, mientras el relato político vendía la ilusión reconfortante de que la democracia y la globalización eran un camino de ida para consolidar la paz como un estado por defecto. Al calor de la guerra contra Irán, cuatro años después de la invasión rusa de Ucrania, aquellas teorías cayeron en saco roto. La guerra dejó de ser una anomalía. El orden internacional posterior a 1945 ha sido reemplazado por un enjambre de trincheras y algoritmos. La renuncia de Joe Kent al cargo de director del Centro Nacional de Antiterrorismo de Estados Unidos en rechazo a la decisión de Donald Trump de declararle la guerra a Irán forzado por Israel, así como la admisión con más silencios que certezas de su jefa, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional, de la ausencia de una amenaza inminente contra el interés nacional tuvo un efecto déjà vu. Que remite (leer más)
Cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, expuso su desconfianza en “el sistema basado en reglas como la única forma de defender sus intereses”, los de Europa, estaba siguiendo la línea argumental del primer ministro de Canadá, Mark Carney, trazada en el Foro Económico de Davos con aquello de “la nostalgia no es una estrategia”. Frases sueltas y sensatas que provocaron réplicas. Sobre todo, la del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa: “La Unión Europea debe defender el orden internacional basado en normas”. Nadie lo duda, pero la realidad muestra la impotencia del continente frente a una nueva guerra, la de Estados Unidos e Israel contra Irán y sus satélites, que estalló poco después del cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania. El mundo conocido no está en crisis. Dejó de existir, según Von der Leyen. “Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá”, abundó en detalles durante la conferencia anual de embajadores. El habitual idealismo burocrático (leer más)
El bombardeo quirúrgico contra la sede de la Asamblea de Expertos de Irán en la ciudad santa de Qom, propinado por Israel con el guiño de Estados Unidos, fija una meta: dinamitar la sucesión de la teocracia islámica tras la eliminación del ayatolá Alí Khamenei. En principio, 88 ulemas, juristas islámicos elegidos cada ocho años por el voto popular, iban a reunirse para decidir al sucesor en el edificio, cerca del complejo presidencial y del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Quedó totalmente destruido, así como cualquier posibilidad de avistar humo blanco mientras Donald Trump y Benjamin Netanyahu puedan evitarlo. En Irán, lejos del modelo aplicado por Estados Unidos en Venezuela con piezas recicladas del chavismo, todo apunta a un cambio de raíz, aunque en general los vacíos de poder en Medio Oriente suelan ser llenados por fuerzas más radicales que las depuestas. La oposición, fragmentada en el exilio y sin raíces sólidas en casa, difícilmente capitalice el caos en un país bajo fuego con un 40% de minorías étnicas (azeríes, árabes, kurdos y baluchíes, entre otras); (leer más)
En el mundo de la posverdad, la duración de una perorata política suele ser el último refugio de la irrelevancia. Donald Trump soltó en el Capitolio un monólogo de 108 minutos, el discurso del Estado de la Unión más largo de la historia moderna, para elogiarse a sí mismo por haber forjado “la época dorada de Estados Unidos” mientras tildaba de “locos” a los demócratas, aparentemente empeñados en destruir el país. Por fortuna, agregó, “los hemos detenido justo a tiempo”. Gracias a Dios, se persignaron y aplaudieron a rabiar los legisladores republicanos como si estuvieran escuchando el sermón de la montaña en lugar de un informe de gestión. El ruido era necesario para diluir las contradicciones. En la era Trump, el error es la táctica y la expulsión es el mensaje: quien señala la mancha en la alfombra debe salir del recinto. Le tocó por segundo año consecutivo al representante demócrata Al Green por haber exhibido esta vez un cartel en el que recordaba que los ciudadanos no son animales. Fue en respuesta al “error” (leer más)
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