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¿Qué te hace feliz?

La familia, los amigos, la salud, la estabilidad laboral y la tranquilidad económica, entendida como llegar a fin de mes, determinan la satisfacción de las personas. Esos factores hacen que la gente sea feliz. Lo otro, empezando por la política, pasa a ser secundario. Algo que ocurre fuera de casa, como el solazo en el verano o la nieve en el invierno. Un estudio del Pew Research Center, para el cual fueron consultados casi 19.000 adultos de 17 economías avanzadas, revela no sólo eso, sino también la lejanía de aquello que mantiene en vilo a las cúpulas del poder, cada vez más divorciadas de las necesidades de la población. Un sondeo anterior, realizado en 34 países, revelaba que más de la mitad de los ciudadanos en el mundo no está satisfecha con el funcionamiento de la democracia. Los motivos: frustración con la clase política e inestabilidad económica. El monopolio de la virtud consiste en estos tiempos en apartarse de los partidos tradicionales, desangelados en casi todas las latitudes, y transitar por el centro o abrazar (leer más)

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Hablar a gritos

Una docente increpó con vehemencia a un alumno. Fue un arranque de ira a favor de la vicepresidenta Cristina Kirchner y en contra del expresidente Mauricio Macri en una escuela secundaria de Ciudad Evita, partido bonaerense de La Matanza. La sancionaron. El presidente Alberto Fernández creyó oportuno defenderla en su condición de profesor de la Universidad de Buenos Aires: “Que haya tenido el debate es formidable, porque invita a pensar». ¿A pensar o a taladrar el cerebro de aquel que piensa diferente, como si hablar a gritos fuera una fórmula eficaz para hacerlo cambiar de parecer? A pensar, en todo caso, invita el libro Hablar con los demás, de Máximo Paz, publicado por La Crujía. En el aula no hubo un debate, sino una arenga. En tiempos de efervescencia política en Argentina, con una campaña mediocre para las elecciones de medio término, no pocos candidatos suponen que resulta efectivo alzar la voz y tener la última palabra. Los políticos no viven en una burbuja. Son el reflejo de una sociedad polarizada que antes de los (leer más)

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El café en primera persona

Quedamos pronto y fácil para compartir un café en casa o en un bar. Taza va, taza viene, el café suele ser una excusa, no un fin en sí mismo. Hasta que uno repara en la historia de ese grano tostado y molido que en el libro Yo, Cafeto, de Analía Álvarez, cuenta en primera persona su propia historia. Una historia que comenzó “desde aquel rayo de sol que calentó la tierra” en la antigua Abisinia, ahora Etiopía, país sin litoral del Cuerno de África, y que entregó generosamente sus semillas a profetas, sultanes, reyes, conquistadores y adelantados para que hicieran de todas las tierras del mundo su tierra. “Mi tierra”, como dice él mismo. O, en realidad, Álvarez, periodista, docente universitaria y especialista Q Grader en café arábica. La semilla debió esquivar varias peripecias, como la Petición Contra el Café, escrita por las damas de Londres en 1674 por la preferencia de los caballeros a dejarse subyugar por el placer del café en desmedro de otros placeres, o las denuncias de sus detractores de (leer más)

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El amor en tiempos de pandemia

En vísperas de los comicios de 2011 en Turquía, el entonces primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, sabía que iba a ser reelegido gracias a las travesuras sexuales del vicejefe del opositor Partido del Movimiento Nacionalista, Bülent Didinmez, y de su antiguo líder en Estambul, Ihsan Barutçu. Los pescaron con dos muchachas en un hotel. Debieron renunciar. Un año antes, el jefe de otro partido opositor turco, el Republicano del Pueblo, Deniz Baykal, había tomado esa drástica decisión tras ser descubierto en offside con una diputada de sus filas, Nesrin Baytok. Las imágenes subidas a YouTube resultaron fatales. Las cargó un grupo chantajista, Idealismo Diferente. Eran otros tiempos. La libertad individual, más allá del escándalo, no afectaba la responsabilidad colectiva. En medio de la pandemia, las cosas cambian. Dominic Cummings, exasesor del primer ministro británico, Boris Johnson, habrá celebrado la dimisión del secretario de Salud, Matt Hancock, con rango de ministro, por haber incumplido las restricciones. El diario The Sun publicó una grabación explosiva, “primicia mundial”, con la cual revela que Hancock “engañó a su esposa (leer más)

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En el nombre del Papa

Juan Pablo I, el primer papa que eligió un nombre doble y el primero en nacer y morir en el siglo XX, ordenó iniciar su pontificado con una misa, no con una ceremonia de coronación. Murió en circunstancias extrañas a los 33 días de su papado. León XIII era llamado “el papa obrero” por haber escrito la primera carta social de la Iglesia, Rerum Novarum (De las Cosas Nuevas), en 1891. Pío X y Benedicto XV se negaron a ser embalsamados. El médico de Pablo VI decidió no hospitalizarlo en sus últimos días porque no se trataba de un hombre común. Murió rezando el Padre Nuestro. Revelaciones de Nelson Castro, periodista y médico, en La salud de los papas: medicina, complots y fe desde León XIII hasta Francisco. Su último libro o, acaso, un reto aceptado. El de Francisco en Roma, nada menos. “Le recuerdo que usted tiene que escribir un libro sobre la salud de los papas en el que yo le voy a hablar de mis neurosis”, le soltó. Transcurría octubre de 2017. (leer más)

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Disparates presidenciales

«Cuanto peor, mejor para todos y cuanto peor para todos, mejor, mejor para mí el suyo beneficio político». Fin de la cita textual de Mariano Rajoy, presidente de España entre 2011 y 2018. El trabalenguas dejó de piedra al Congreso de los Diputados. Provenía de la misma boca, la presidencial, que había soltado: «Tenemos que fabricar máquinas que nos permitan seguir fabricando máquinas porque lo que no va a hacer nunca la máquina es fabricar máquinas a su vez”. Genialidades dignas de Groucho Marx. En ristra. El sucesor de Rajoy, Pedro Sánchez, no quiso ser menos cuando intentó presumir de su lenguaje inclusivo dirigiéndose a los “miembros y miembras” del bloque del Partido Popular (PP). Desliz atribuido inicialmente a Bibiana Aído, ministra de Igualdad de José Luis Rodríguez Zapatero, repetido por otra socialista, la diputada Soraya Rodríguez. Furcio que también cometió el presidente de Chile, Sebastián Piñera. Sin afinidad ideológica, en Argentina, el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, siguió esa línea discursiva cuando se dirigió a “todos los jóvenes y jóvenas del sur de la provincia (leer más)

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Apocalipsis a plazo fijo

Iba a ser el 21 de diciembre de 2012, el último día del decimotercer baktún (ciclo de 144.000 días en la cuenta larga del calendario maya), pero hubo un error de cálculo. En 1582, cuando se introdujo el calendario gregoriano, quedaron 11 días en el aire. ¿Entonces? Recalculando. El Apocalipsis pasó a ser el 21 de junio de 2020, siete años y seis meses después. O 2739 días. Esas cifras, sumadas, dan 21. La fecha clave de junio de 2020, domingo con cara de jueves, transcurrió sin pena ni gloria en medio de la pandemia. Un predicador evangélico de Estados Unidos, Paul Begley, predice ahora que el fin del mundo será el 21 de diciembre de 2020, «cuando Júpiter y Saturno estén a sólo 0,1 grado entre sí y se forme el astro más brillante desde la estrella de Belén”. Todo se centra en el 21 del mes 12. Cifras especiales, el 21 y el 12, según la numerología. Vivimos en el siglo XXI y estamos en vísperas de 2021. Veintiún gramos pesa el alma, (leer más)

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El reloj mágico

El aburrimiento, fenómeno inusual antes de la cuarentena por la pandemia, puede afinar la imaginación. Tanto que dos muchachos que habían arribado a la ciudad de Buenos Aires de San Eduardo, pueblo de menos de mil habitantes de la provincia de Santa Fe, miraron a su alrededor en la habitación de dos camas que compartían en una pensión de mala muerte y se las ingeniaron para saltar a las páginas del diario Crítica. El de Natalio Botana, uno de los más vendidos en la Argentina de mediados del siglo XX. ¿Qué hicieron? Inventaron y patentaron el reloj mágico. Una joya de la ingeniería diseñada con un despertador, una manguera, un velador y un calentador. Ninguno tenía estudios superiores, pero eran ingeniosos. Capaces de armar un coche con las piezas de ocho de distintas marcas o de crear un despertador que “evitará el madrugón de las madres o hermanas de quienes deben concurrir temprano a sus ocupaciones diarias”. ¿En qué consistía el reloj mágico? Dice el artículo: “Al sonar el despertador, caen algunas gotitas de agua (leer más)

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Cuando Bush daba la hora

A mediados de 2007, George W. Bush sufrió un percance en la ciudad de Fushe Kruje, Albania. Comenzó a estrechar manos con el reloj puesto y terminó de hacerlo sin él. ¿Se lo habían robado? “Lo encontró uno de sus guardaespaldas y se lo entregó a su mujer”, repuso el gobierno albanés, alérgico al escándalo. Antes de partir, desde la puerta del Air Force One, el presidente de Estados Unidos saludó con el brazo izquierdo en alto. Dejó a la vista la correa de cuero negra de su Timex. La misma marca que usaba Osama bin Laden. Sospechas y suspicacias al margen, el gobierno albanés suspiró con alivio en aquella ocasión. Iba ser embarazoso que Bush perdiera en su país el reloj, un modelo barato, y que sospechara que Bin Laden estuviera detrás del posible robo para tener uno de repuesto. Cuatro años después, Fushe Kruje erigió una estatua de tres metros de altura en honor a su héroe (Bush, no Bin Laden). Bush saluda con el brazo izquierdo en alto, como en su única (leer más)

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Groenlandia, ¿Estados Unidos?

Donald Trump nació en Queens, condado de Nueva York rodeado de islas. Su madre, Mary Anne MacLeod, vino al mundo en una isla. La de Lewis, en el norte de las Hébridas Exteriores, Escocia. No es extraño que Trump, después de haber amasado su fortuna en el negocio inmobiliario, pretenda comprar una isla. No cualquiera. La más grande del mundo: Groenlandia, territorio autónomo perteneciente al reino de Dinamarca. Era uno de los sueños de otro presidente de Estados Unidos, Harry Truman. Su oferta, 100 millones de dólares, no prosperó en 1946. Tampoco prosperó la de Trump, más cauto a la hora de ponerle precio. “Groenlandia no está en venta”, repuso su primer ministro, Kim Kielsen. Telón para la fugaz negociación entre un país enorme con islas de diversos tamaños y un país pequeño cuya capital, Copenhague, se encuentra en la isla de Selandia. Las otras islas, la inmensa Groenlandia y la diminuta Feroe, entre el Reino Unido, Noruega e Islandia, componen el reino. Trump puso el ojo en Groenlandia, peñasco helado con valor geoestratégico y (leer más)

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Honestidad propia, impunidad ajena

¿Por qué nos sorprende que ciudadanos de diferentes nacionalidades devuelvan billeteras y, en algunos casos, toleramos fortunas amasadas en forma inescrupulosa por políticos que ejercen cargos públicos? Quizá porque confiamos más en nosotros mismos que en aquellos que nos representan. O quizá porque, como ocurre en América latina y otros confines, nos conformamos con eso de “roban, pero hacen”. Lamentable, pero cierto. La honestidad personal prima sobre la corrupción, no condenada en las encuestas ni determinante en las elecciones. Los ciudadanos, según un estudio de investigadores de Estados Unidos y de Suiza publicado en la revista Science, devolvieron la mayoría de las 17.303 billeteras aparentemente perdidas en sitios públicos y privados de 355 ciudades de 40 países. Entre ellos, Argentina. Un supuesto turista se acercaba a alguien y le decía: «Hola, me he encontrado esto en la calle al doblar la esquina. Alguien debió de perderla. Yo tengo prisa y debo irme. ¿Podría usted encargarse, por favor?». Las billeteras, de plástico transparente, podían estar vacías o tener cantidades de dinero en monedas locales que variaban (leer más)

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Con la música a otra parte

Detrás del secretario de Defensa del Reino Unido, Liam Fox, unas manos improvisaban sobre un periódico enrollado los acordes de una melodía pegadiza. Un rock, al parecer. Los dedos, que simulaban sostener una púa para tocar la guitarra, no seguían el ritmo cansino de los ominosos anuncios de reducción de gastos del colaborador del primer ministro David Cameron, sino los acordes de un reproductor de audio que tronaba, estridente, en los oídos del parlamentario europeo Graham Evans. La debilidad por la música terminó saliéndole cara. Lo reprendieron con severidad por su pésima conducta en la Cámara de los Comunes. Todo gobierno es como una guitarra: se toma con la izquierda y se ejecuta con la derecha. La suerte ha sido esquiva para unos y cercana para otros. En Argentina, Ramón “Palito” Ortega incursionó con escasa fortuna en la política. En Panamá, Rubén Blades quiso ser presidente en 1994. Quedó tercero. En 2004 apoyó la candidatura presidencial de Martín Torrijos, hijo de Omar Torrijos, y ejerció el cargo de ministro de Turismo entre 2004 y 2009. (leer más)

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El misterio de Billy the Kid

Por el asesinato en 1778 del ranchero John Tunstall, su amigo y padre adoptivo, Billy the Kid liquidó a entre nueve y 21 personas. Una de ellas fue el sheriff William Brady y su ayudante, asesinos de Tunstall y miembros de una banda dedicada al contrabando y el abigeato que tenía licencia para matar. Les asestó una emboscada en la polvorienta calle mayor del condado de Lincoln y huyó a Texas. El nuevo gobernador de Nuevo México, Lew Wallace, futuro autor de Ben Hur, arribó a esa tierra hostil con el deseo de proclamar una amnistía para cualquier hombre que hubiera tomado parte en la llamada Guerra de Lincoln. Le puso como condición a Billy the Kid que regresara a Nuevo México y testificara en un juicio por otros asesinatos. Era una trampa. Lo hizo arrestar. Billy the Kid, cuyo nombre real era William Henry McCarthy, se escapó nuevamente. Halló refugio en el desierto. Pat Garrett, el nuevo sheriff de Lincoln, logró detenerlo en Stinking Springs. Lo hizo juzgar por el asesinato de su antecesor, (leer más)

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De primer ministro a camarero

Estaba repleta la terraza del café Dolce Amaro, en Montevarchi, corazón de la Toscana. Desde las mesas, Francesca Ariani recibía pedidos y más pedidos. No daba abasto. Ni un pulpo habría sido capaz de satisfacer tanta demanda. Uno de los clientes alzó la mano: ordenó dos capuchinos y un café. «Lo siento, pero estoy sola –replicó ella, más agobiada que de costumbre–. Sírvase usted mismo». El cliente era David Cameron, el primer ministro británico. Cameron miró a su mujer, Samantha, y a sus hijos, así como a unos amigos con los cuales se proponía disfrutar un par de semanas de vacaciones en esa bellísima región de Italia durante el caluroso agosto de 2011. La camarera, de 27 años, no tenía la menor idea de la identidad del cliente. Sólo intuía que, como la mayoría de los turistas de Villa Petrolo, residencia con piscina y cancha de tenis rodeada de viñedos, olivares y bosques, iba a gastar unos 5.800 euros por semana. De no ser por los disturbios en Londres y en otras ciudades a raíz (leer más)

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La última siesta que pasé conmigo

Por ser un dudoso invento español, Camilo José Cela se atrevió a llamarla “yoga ibérico”. La siesta tiene mala fama en algunas latitudes por su presunta exaltación de la pereza o de la vida pueblerina en contraposición con el ritmo frenético de las ciudades. Es mentira. Los deportistas que se echan un rato antes de la competencia reaccionan con más rapidez y recuerdan mejor las jugadas. Los ejecutivos que disponen de esa posibilidad revierten la habitual somnolencia del mediodía y mejoran la atención, la productividad, la memoria y el estado de ánimo. En el mundo cunde una epidemia. La epidemia del insomnio, corregida y aumentada por hábitos antes inusuales, como quedarse despierto hasta la madrugada viendo series de Netflix. En Japón, donde la contracción al trabajo representa una tradición y forma parte de la cultura, la epidemia de insomnio tiene un costo para la actividad privada: millones de dólares por año. Las compañías procuran atenuar las pérdidas permitiendo breves siestas en horarios de trabajo, llamadas cabezadas, y alentando a los trabajadores a retirarse antes de (leer más)