El legado de Santiago

El asesinato de Santiago Leguizamón en 1991, impune durante tres décadas, transformó el Día del Periodista Paraguayo en una evocación de su lema inmortal: «Prefiero la muerte física a la muerte ética», insistiría en esta entrevista imaginaria




"El periodismo no es el arte de la obediencia, sino el ejercicio de la desobediencia"
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A Santiago Leguizamón lo asesinaron el 26 de abril de 1991 cuando iba en su coche a celebrar el Día del Periodista Paraguayo. Cuatro sicarios eligieron esa fecha emblemática para perpetrar su sentencia. Fue una advertencia del crimen organizado a quien tuviera el valor de investigar los delitos del narcotráfico y revelar los negocios de mafiosos protegidos por jueces, fiscales y políticos. Le arrebataron la existencia en terra de ninguém (tierra de nadie), la frontera seca entre Paraguay y Brasil, un territorio silenciado y peligroso, lejos de todo y de todos.

Quizá sus victimarios creyeron que el tiempo iba a borrar de la memoria colectiva el estrépito de los 21 balazos con los que le quitaron la vida. Santiago tenía 41 años y, como si las décadas y los daños no hubieran existido, conserva el pelo oscuro y crespo, el bigote espeso, y esa voz grave con la que informaba a los cuatro vientos sobre los delitos que asolaban a la región.

—¿Intuías tu muerte, Santiago? —le pregunto en este diálogo imaginario que no pudimos tener en vida después de haber investigado su asesinato como miembro de la Unidad de Respuesta Rápida de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

—Sabía que me iban a matar, pero existen dos muertes —responde con una serenidad que inquieta—. Una es la muerte material, la muerte física. La otra, más terrible, ocurre cuando uno abandona la ética y la voluntad de trabajo.

—Esas mismas palabras le dijiste a Humberto Rubín cuando te entrevistó por teléfono en la radio Ñandutí horas antes de tu muerte.

—Y las sostengo. No se puede ser periodista a medias. No se puede ser mitad valiente y mitad cobarde. Y no cambiaría ni una coma de lo que dije e hice. Querían callarme, ¿verdad?; pues miranos, aquí estamos, conversando, porque el micrófono nunca enmudeció.

—¿Valió la pena?

—Mi ética pervive. A veces, defenderla en el periodismo es una condena. Humberto me pidió al aire que me cuidara más que nunca por las amenazas que había recibido. ¿Qué podía hacer yo? —pregunta, encogiéndose de hombros—. Estaba solo; por seguridad, mi mujer y mis cuatro hijos vivían en Asunción.

Sobre la mesa enclenque del salón de su casa en Pedro Juan Caballero, a 452 kilómetros de la capital, abundan los papeles y los recuerdos. Recortes de diarios, fotos antiguas, una grabadora de cinta, un micrófono oxidado… Ese que, como pregonaba en vida, «es mucho más que un trozo de metal».

La luz del atardecer se filtra por las hendijas de las paredes de madera que ha roído el tiempo. Ilumina de costado a Santiago, su rostro redondo, las gafas cuadradas, la chaqueta marrón y la camisa blanca, como vestía el día de su asesinato. Pero tengo la certeza de que no estoy con un fantasma ni con un extraño, sino con aquel cuya vida y osadía intenté reconstruir leyendo crónicas, escuchando grabaciones y, sobre todo, conversando con familiares, amigos, colegas y letrados que impidieron que su muerte fuera en vano.

 Allí, en su humilde casa, levantada en un baldío del barrio María Victoria, funcionaba la emisora ZP 31 Radio Mburucuyá que este periodista tenaz fundó y dirigió desde el 15 de diciembre de 1975.

—Cumpliste el sueño de tener tu medio de comunicación, pero pagaste con creces el ejercicio de la profesión que amamos. Tuviste que resistir años de impunidad hasta que la SIP presentó la denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el 19 de enero de 2007.

—Casi 16 años hasta la presentación de mi caso y otros 15 hasta la sentencia de la Corte Interamericana, que condenó al Estado. ¡Imaginate! —exclama, indignado, mientras el respaldo de la silla cruje cuando se apoya en él—. La impunidad es un cáncer que se alimenta de la indiferencia. Yo hice mi parte: denuncié. La sociedad hizo la suya: gritó. Pero el sistema…, el sistema a veces prefiere el dinero del narco al peso de la justicia. Mi dolor no es por la vida que me quitaron, sino por las que se perdieron en el miedo que sembró mi asesinato.

—¿Te referís a la autocensura?

—Es la peor de las derrotas. Matar a un periodista por su trabajo es la agonía lenta del tesoro más preciado de una sociedad: la búsqueda de la verdad. Siempre habrá quien diga que los 22 periodistas que hemos sido asesinados en Paraguay nos lo buscamos por meternos donde no debíamos, pero no hay lugar para generalidades ni prejuicios cuando la muerte se codea con el peor enemigo: el silencio.

Un martillo contra la impunidad

Santiago es la voz filosa y la pluma inoportuna que la mafia intentó acallar. Con rigor periodístico, denunciaba sin vacilar las actividades ilegales y contrarias a sus principios. Era consciente de que tenía un costo: vivir bajo amenaza. No quería ejercer el periodismo de otro modo.

—El periodismo debe ser un martillo que golpea a la impunidad —afirma—. No creo en el periodismo de escritorio. Me gusta el ruido de la redacción, la prisa por la primicia, pero la tinta se mezcla con la sangre y el sudor de la gente en la frontera. Vi esa impunidad sistémica y al paraguayo pobre, el campesino sin tierra, el indígena, pisoteados por el dinero del contrabando. Me hice periodista para decirles: ustedes también existen y el micrófono los va a defender.

Un mes antes del atentado, el diario Noticias había publicado una serie de artículos titulada «El hampa en Pedro Juan». Los enviados especiales, José Gregor y José Pastor Benítez, informaban sobre el tráfico de drogas; el lavado de dinero; el contrabando de soja y armas; el robo de vehículos, y la corrupción en la frontera. Dejaban entrever la presunta complicidad entre los capos del crimen y el gobierno «democrático» que el general Andrés Rodríguez había construido sobre la herencia del dictador Alfredo Stroessner.

En aquellos textos, publicados entre el 23 y el 26 de marzo de 1991, la responsabilidad de los negocios turbios recaía en el clan Yamil, dominado por el brasileño Fahd Yamil, alias «El Turco», con frondoso prontuario, respaldado por su hermano Farid y por paraguayos que eran «influyentes amigos de los gobernantes».

Las revelaciones provocaron estupor. Yamil se reunió con el director de Noticias, Eduardo Nicolás Bó, y la serie fue cancelada. Al enterarse, Santiago, que era corresponsal del diario, exclamó: «¡Me van a matar al pedo!».

—¿Era premonitorio?

—Era el modus operandi del cual fui víctima. Desde mi muerte, el Día del Periodista dejó de conmemorar la aparición del primer periódico del país, El Paraguayo Independiente, en 1845. Los periodistas se congregan en Asunción frente al monolito levantado en mi memoria como un reclamo insatisfecho de esclarecimiento y justicia por mi ejecución, cuyos culpables no han sido condenados.

Al día siguiente del crimen, que conmocionó a los paraguayos, Noticias tituló: «Periodista asesinado», y reprodujo una antigua columna premonitoria de Leguizamón: «Muerte por encargo». En las páginas dos y tres, publicó la nota titulada «Bajo las balas del hampa cayó un valiente periodista». El título de ABC Color fue: «Matan a periodista en un inútil intento de acallar a la prensa», y el de Última Hora decía: «El pueblo indignado reclama justicia».

El presidente Rodríguez, señalado por el gobierno de los Estados Unidos por supuestos vínculos con el narcotráfico y la sospechosa procedencia de su fortuna, que incluía casas de cambio de divisas e importantes propiedades, falleció en 1997 en Nueva York a causa de un cáncer de colon. «No descansaremos hasta atrapar a los asesinos», había asegurado, pero ni él ni sus sucesores movieron un dedo para resolver el primer homicidio de un periodista en la historia contemporánea de Paraguay.

El mandatario había estado en Pedro Juan Caballero el 14 de febrero de 1991 para la inauguración del Hotel Casino Amambay, propiedad de Yamil, donde un camarero le oyó decir: «Con este muchacho hay que hacer algo». ¿Era la venia para lo peor?

En su declaración, Yamil aseguró que nunca había tenido «problema con periodista alguno ni mucho menos con la radio Mburucuyá ni con su director», y «que no era su amigo ni su enemigo». Uno de sus hijos era ahijado de Rodríguez.

En plan de muerte

Santiago iba a festejar el Día del Periodista en Pato Restaurante, propiedad de su amigo Julio César Acosta, presidente de la Liga Deportiva de Amambay. En el establecimiento, en el que no le cobraban la cuenta por más que él la reclamara, solía comer «la mejor feijoada» de Pedro Juan Caballero y Ponta Porã. Estaba a dieta, pero iba a hacer una excepción. Había terminado su programa matutino, Puertas Abiertas, e iba en su coche, marca Datsun, de color blanco, con su asistente, Baldomero «Carapé» Cabral, de 22 años, que también cumplía funciones de electricista, chofer y cobrador de la radio.

A las 12:15, cerca de la intersección de la avenida Gaspar Rodríguez de Francia y la calle José de Jesús Martínez, justo en el límite entre Paraguay y Brasil, tres individuos dispararon a mansalva contra el coche de Santiago mientras otro vigilaba. Iban en un Volkswagen Gol de color negro, con los vidrios polarizados y la puerta derecha abollada. Utilizaron armas de distinto calibre, «presumiblemente un arma calibre 38 Magnum, una escopeta calibre 12 y una pistola calibre 9 milímetros», según un informe oficial.

Por indicación de Santiago, Cabral portaba un revólver marca Tanque, calibre 38 milímetros. Sobre todo, cuando iba en moto a realizar cobranzas para la radio. Las amenazas eran cada vez más frecuentes y, por ello, prefería que fuera armado. Nunca, hasta ese día, las amenazas habían pasado a mayores.

Cabral advirtió que estallaba el parabrisas. «Corré y escapate, porque vos podés salvarte y yo ya no puedo», exclamó Santiago, mitad en español, mitad en guaraní. La semana anterior le había dicho que «era necesario cuidarse» y que debía «estar en permanente vigilancia».

Los tiros continuaron en plan de fusilamiento. En su cuerpo, el médico forense, Justo Ramón Roig, halló 21 heridas de bala y otras tantas fracturas provocadas por los disparos. Atribuyó su muerte a una «lesión de la masa encefálica y hemorragia aguda». En el lugar, más allá de la multitud de curiosos congregados alrededor del coche, ninguno de los comerciantes y transeúntes dio pistas de los hechos ni de los autores, excepto el impacto y el miedo provocados por las detonaciones.

—Ese día, paradójicamente, estabas de buen humor, Santiago —le suelto, sorprendiéndolo—. Hasta habías cantado en la radio, algo que no era habitual.

—Hablé por teléfono con mi mujer, que estaba en Asunción. La noté preocupada. Le dije que nadie mata a un periodista así porque sí. Nunca habían matado a un periodista en Paraguay.

Después de un roce entre ambos vehículos, el primer disparo partió desde el interior del que llevaba a los asesinos. Luego se supo que eran brasileños: José Aparecido de Lima, alias «Ze Lima», asesinado de 80 balazos en junio de 1992 en Ponta Porã; José Francisco Araulho, alias «Tiro Certo», y Braz Vades de Moura. Un cuarto, José Paulo dos Santos Galdinho, alias «Paulao», actuó de campana. Confesaron después que habían sido contratados por Daniel Álvarez Georges y Luis Henrique Rodríguez Georges, alias «Tulú», hijo y sobrino de Yamil, respectivamente.

Ese día, Augusto Roa Bastos, autor de Yo el Supremo y de El trueno entre las hojas, escribía con indignación un artículo para Última Hora: «La escoria brilla como el oro cuando el oro mismo es la escoria, la de estos asesinos a sueldo, la de sus poderosos patrones […] Eligieron la hora: la luz cenital del mediodía, para que la sangre de tu sacrificio brillara en su más puro fulgor. Eligieron el sitio: la línea fronteriza entre el miedo y la impunidad en aquel remoto confín del país».

Curiosamente, Roa Bastos falleció cuatro años después en la misma fecha que Santiago, el 26 de abril, en Asunción.

Santiago resopla: «Stroessner te mataba con la bota. Los narcos y contrabandistas te matan con la corrupción. Yo podía nombrar al dictador, pero ¿cómo nombrás a un sistema que tiene comprados a los jueces, los fiscales y los políticos?».

—Tu mujer me contó que tenías una foto comprometedora. Tan comprometedora que la Embajada de Estados Unidos estaba interesada en obtenerla. Posaban en ella, al parecer, el jefe del Cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria; el presidente Rodríguez, y Yamil.

—La iba a difundir a mi regreso de un viaje a Europa con unos documentos también delicados, pero desaparecieron —admite, meneando la cabeza.

Santiago había nacido el 26 de marzo de 1950 en Villa Hayes. Era el octavo hijo entre nueve hermanos. En 1968 se recibió de mecánico de aviación en Panamá. Un año después obtuvo el título de ingeniero de vuelo. En 1970 decidió estudiar periodismo: ingresó en la Facultad de Medios de Comunicación de la Universidad Católica de Asunción, recientemente creada. Dos años más tarde, en forma paralela, integró el elenco del Teatro Laboratorio. En esos tiempos, trabajó en una agencia de correo y en un depósito de materiales hasta que pudo abrazar su gran pasión: el periodismo.

Después del crimen, agobiada por «presiones y miedos» y por falta de confianza en la Justicia, como me confesó, la viuda de Santiago, Ana María Margarita Morra, se rehusó a ser querellante. Una vez recibió una caja con balas y en varias ocasiones vehículos sin matrícula y con vidrios polarizados rondaban su residencia. Uno de los jueces llegó a decirle, para atemorizarla: «Señora, primero tiene que pensar en sus hijos». Es decir, en Raquel, de 14 años en 1991; Dante, de 13; Sebastián, de 11, y Fernando, de un año. El tiempo hizo que cambiara de actitud y se mostrara dispuesta a acudir a los tribunales internacionales. La familia decidió asumir el caso en forma directa en 2016.

En un fallo histórico, el 15 de noviembre de 2022, la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró al Estado de Paraguay responsable de la muerte de Santiago por la violación del derecho a la vida y la libertad de expresión; del derecho a las garantías judiciales y a la protección judicial, y del derecho a la integridad personal.

—¿Qué le dirías hoy a un periodista que enfrenta una situación similar a la tuya?

—El valor de la noticia es inversamente proporcional al miedo que te da publicarla o difundirla. El periodismo es verificación. No hay que dejarse llevar por el apuro. En la frontera solo tenés una oportunidad de decir la verdad antes de que te rebatan, te amenacen o te maten. No hay que abandonar la calle, el contacto con la gente, porque allí reside la verdadera historia, la que no tiene precio. El periodismo no es el arte de la obediencia, sino el ejercicio de la desobediencia.

Mientras tomo nota en mi libreta con espirales, a la antigua usanza, la silla que ocupa Santiago deja de rechinar. Alzo la vista. Ya no está. Me invade el olor de los papeles desordenados y el color de los recuerdos, ahora ordenados. ¿Quién te ha robado el mes de abril?, iba a preguntarle con la esperanza de que algún día la verdad y la justicia tengan la última palabra. Frente a mí, el viejo micrófono, «mucho más que un trozo de metal», parecía darme la respuesta. En ese universo hostil de la frontera, terra de ninguém, la verdad tiene más valor que precio, aunque suponga, en ocasiones, el riesgo de pagarla con la vida.

Jorge Elías

Fuentes

  • Jorge Elías, ¿Quién me ha robado el mes de abril?, Proyecto Impunidad, Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Miami, 1 de septiembre de 2006
  • Santiago Leguizamón, Muerte por encargo, diario Noticias, Asunción, y Mburucuyá Revista, Pedro Juan Caballero, 1991
  • Maleantes en Delegación de Amambay, diario Noticias, Asunción, 22 de marzo de 1991
  • Hampa maneja contrabando de soja en Pedro Juan, diario Noticias, Asunción, 22 de marzo de 1991
  • José Gregor y José Pastor Benítez, El Hampa en Pedro Juan: Todos temen al poderoso “padrino” de la soja, diario Noticias, Asunción, 23 de marzo de 1991
  • La CAPROSA es la pantalla paraguaya para el turbio negocio, diario Noticias, Asunción, 23 de marzo de 1991
  • José Gregor y José Pastor Benítez, El Hampa en Pedro Juan: Poderosos tentáculos de la “familia” Yamil, diario Noticias, Asunción, 24 de marzo de 1991
  • Pistoleros a sueldo y lavado de dinero, diario Noticias, Asunción, 24 de marzo de 1991
  • José Gregor y José Pastor Benítez, El Hampa en Pedro Juan: Los Martín Martín no desean hablar con nadie, diario Noticias, Asunción, 25 de marzo de 1991
  • Edificio “Pionero” es la pantalla de Mendonça, diario Noticias, Asunción, 25 de marzo de 1991
  • José Gregor y José Pastor Benítez, El Hampa en Pedro Juan: El capomafioso Yamil fue “huésped” de Tacambú, diario Noticias, Asunción, 26 de marzo de 1991
  • José Gregor y José Pastor Benítez, Ex delegado recibía a los “cabriteros” en su despacho, diario Noticias, Asunción, 26 de marzo de 1991
  • Hay temor a dar nombres, diario Noticias, Asunción, 26 de marzo de 1991
  • Afirman que Comisión de Desarrollo no es “pantalla”, diario Noticias, Asunción, 26 de marzo de 1991
  • “Él sabía algo más que nunca me contó; es evidente”, diario ABC Color, Asunción, 27 de abril de 1991
  • Periodista asesinado, diario Noticias, Asunción, 27 de abril de 1991
  • Bajo las balas del hampa cayó un valiente periodista, diario Noticias, Asunción, 27 de abril de 1991
  • Asesinos habrían venido de Río de Janeiro o San Pablo, diario ABC Color, Asunción, 29 de abril de 1991
  • Esteban Acevedo y Juan José Pérez von Schmeling, “Yo no creo que Yamil sea el culpable moral”, diario ABC Color, Asunción, 9 de mayo de 1991
  • Expediente N°70, La marca de la impunidad, Sindicato de Periodistas del Paraguay y Reporters sans Frontieres, Asunción, diciembre de 1998
  • Santiago Leguizamón Zaván, República del Paraguay, Poder Judicial, Tomo I, Año 1991, N°70, Folios 26/27, Expediente: averiguación s/homicidio en esta ciudad, Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal del Primer Turno, juez Modesto Cano Vargas, Secretaría N°2
  • Tercer Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en Paraguay, Capítulo III, Impunidad, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Organización de Estados Americanos, Washington, DC, 9 de marzo de 2001
  • Andrés Colmán Gutiérrez y Enzo Perfile. El testigo. Mediodía en la tierra de nadie. El asesinato del periodista Santiago Leguizamón llevado al cómic, Servi Libro, Asunción, abril de 2006
  • Marciano Candia, “La Policía no hizo nada por aclarar el caso Leguizamón”, diario Última Hora, Asunción, 24 de abril de 2006
  • La cocaína es arrojada desde las avionetas, diario Última Hora, Asunción, 18 de septiembre de 2006
  • Santiago Leguizamón: El día en que 21 balazos acallaron su voz, diario Última Hora, Asunción, 25 de abril de 2013
  • Jorge Elías, Tres décadas de impunidad, El Ínterin, Buenos Aires, 16 de marzo de 2021
  • Hace 30 años la mafia mataba al periodista Santiago Leguizamón, diario ABC Color, Asunción, 26 de abril de 2021
  • Familiares de periodista asesinado hace 30 años en Paraguay piden justicia, elDiario.es y agencia EFE, 26 de abril de 2021
  • Caso Leguizamón Zaván y otros versus Paraguay, Corte Interamericana de Derechos Humanos, sentencia del 15 de noviembre de 2022 (fondo, reparaciones y costas)
  • Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay. Rompiendo el silencio. Informe sobre crímenes de silenciamiento contra periodistas en Paraguay. Asunción, Paraguay: Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay, 2025. 164 p. 18×26 cm. ISBN: 978-99953-70-24-4. Tomado de https://www.codehupy.org.py/rompiendo-el-silencio



Acerca de Jorge Elias 1909 Articles
Periodista senior con más de 35 años de trayectoria especializado en geopolítica, análisis político y economía internacional. Experto en comunicación multiplataforma (televisión, radio, prensa escrita y digital) con probada capacidad de liderazgo editorial y conexión con la audiencia. Experiencia como corresponsal en Estados Unidos y enviado especial a conflictos armados (Medio Oriente, Balcanes, Iberoamérica y Asia). Presentador de programas de primer nivel en televisión y radio. Director de medios digitales y columnista de opinión con amplia red de contactos en América, Europa y Asia.

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