|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Mil días después del aciago 7 de octubre de 2023, cuando Hamas salió de su madriguera para matar a 1.200 personas, secuestrar a 251 y herir a toda la humanidad, la respuesta de Israel y Estados Unidos, aliados en la guerra contra el patrocinador de la masacre, Irán, divide a sus sociedades. Otro tanto ocurre entre los palestinos de la Franja de Gaza y Cisjordania, convencidos de que Benjamin Netanyahu y Donald Trump cometieron errores de cálculo rotundos que solo vaticinan mayor inseguridad en Medio Oriente. La discrepancia sobre quién convenció a quién fomenta el desgaste global de sus liderazgos.
Si Israel está más solo que nunca, más allá de los éxitos tácticos y de inteligencia militar, Estados Unidos acusa un repliegue de sus socios históricos. La confianza en ambos decae y, mientras tanto, Irán apuesta a la defensa hacia adelante. Fecha clave: el 28 de febrero de 2026, cuando los ataques aéreos coordinados liquidaron al líder supremo, Alí Khamenei. Suponían que era el fin, pero terminó siendo el comienzo de otra guerra abierta, como la de 12 días de 2025, con una lluvia de misiles y drones iraníes sobre el territorio israelí y Estados del Golfo Pérsico. La tregua de cristal, labrada en abril, dejó expuestas las fracturas entre Netanyahu y Trump.
El persistente avance del programa nuclear iraní, con niveles de enriquecimiento de uranio que desafían cualquier propósito pacífico, cuenta con la vista gorda de China y Rusia y, a su vez, asfixia los canales diplomáticos remanentes con Europa. El centro de la negociación pasa por el estrecho de Ormuz, vía navegable del 20% del petróleo mundial y de una cuarta parte del gas licuado. Las esporádicas reaperturas con cobro de peaje están sujetas al cese el fuego de Israel contra Hezbollah en Líbano y la consecuente ocupación del sur de ese país.
En los papeles, dos vías separadas en Washington buscan poner fin a dos conflictos relacionados entre sí con propósitos opuestos
Las Fuerzas de Defensa de Israel desmantelaron buena parte de las estructuras clave del Eje de la Resistencia, red de aliados regionales de Irán configurada como un anillo de contención y disuasión frente a Occidente, pero no han logrado convertirlas en réditos políticos o diplomáticos. La prolongación indefinida del conflicto, sumada a la crisis humanitaria en la Franja de Gaza, ha erosionado el capital político de Israel en el exterior y, por más distancia que tome de Netanyahu, de Trump en su país y en otras comarcas que antes eran carne y uña con Estados Unidos, como Canadá, Reino Unido, Alemania y siguen las firmas.
¿Irán canta victoria? Las sanciones internacionales congelan su economía. La inflación devora el poder adquisitivo de la clase media y sume a miles en la pobreza. La corrupción, alimentada por la impunidad de la élite clerical y la militar, enardece al ciudadano de a pie. La respuesta del régimen se basa en el manual de la vieja guardia: represión sistemática, censura digital y endurecimiento ideológico que solo logran ensanchar la brecha con una población mayoritariamente joven, hiperconectada, desencantada y sofocada por la falta de libertades.
En los papeles, dos vías separadas en Washington buscan poner fin a dos conflictos relacionados entre sí con propósitos opuestos. El secretario de Estado, Marco Rubio, presidió un acuerdo entre Israel y Líbano destinado a restaurar la soberanía del gobierno libanés sobre su territorio, presa de Hezbollah. Esto ocurrió después de la firma de otro documento, el memorando de entendimiento negociado por el vicepresidente JD Vance, para terminar la guerra entre Estados Unidos e Irán, que también trataba en parte del futuro de Líbano. Son negociaciones paralelas, no complementarias. Mil días después del prólogo, todos pierden en el epílogo.

Be the first to comment