Pausa a dos bandas
La reapertura del estrecho de Ormuz y la tregua en la guerra de Israel contra Hezbollah en Líbano dejaron en suspenso ambas guerras, enlazadas entre sí (leer más)
La reapertura del estrecho de Ormuz y la tregua en la guerra de Israel contra Hezbollah en Líbano dejaron en suspenso ambas guerras, enlazadas entre sí (leer más)
Fiel a su manual de estilo de máxima presión y plazos de ultimátum, Donald Trump ha forzado una frágil tregua de dos semanas con Irán. En realidad, algo más parecido a un castillo de naipes en medio de un torbellino que a un cese del fuego real. El mediador inesperado, Pakistán, único país musulmán con poderío nuclear, se apuntó el presunto éxito diplomático con la ayuda discreta de China mientras Israel, excluido del acuerdo, bombardeaba zonas densamente pobladas de Líbano en el afán de repeler a Hezbollah y de anexar de facto parte de ese territorio. De prometer que “la ayuda está en camino” a la decisión de cañonear Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra y anunciar que «toda una civilización morirá esta noche», Trump intentó vender una victoria estratégica. Los objetivos militares, según él, habían sido superados a pesar de los kilos de uranio enriquecido bajo siete candados en las bóvedas iraníes y de la tímida apertura del estrecho de Ormuz, cerrado nuevamente. Ambas condiciones, inaceptables para Irán, llevaron a Benjamin Netanyahu (leer más)
El bombardeo quirúrgico contra la sede de la Asamblea de Expertos de Irán en la ciudad santa de Qom, propinado por Israel con el guiño de Estados Unidos, fija una meta: dinamitar la sucesión de la teocracia islámica tras la eliminación del ayatolá Alí Khamenei. En principio, 88 ulemas, juristas islámicos elegidos cada ocho años por el voto popular, iban a reunirse para decidir al sucesor en el edificio, cerca del complejo presidencial y del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Quedó totalmente destruido, así como cualquier posibilidad de avistar humo blanco mientras Donald Trump y Benjamin Netanyahu puedan evitarlo. En Irán, lejos del modelo aplicado por Estados Unidos en Venezuela con piezas recicladas del chavismo, todo apunta a un cambio de raíz, aunque en general los vacíos de poder en Medio Oriente suelan ser llenados por fuerzas más radicales que las depuestas. La oposición, fragmentada en el exilio y sin raíces sólidas en casa, difícilmente capitalice el caos en un país bajo fuego con un 40% de minorías étnicas (azeríes, árabes, kurdos y baluchíes, entre otras); (leer más)
El aire de Teherán vuelve a enrarecerse. No por su smog crónico, sino por el humo de una protesta que ha mutado respecto de las anteriores. El eco de las consignas ya no pide reformas ni maquillajes. Clama por el final de una era frente al quebranto económico. A diferencia de la Ola Verde tras las elecciones de 2009 o del grito “Mujer, Vida, Libertad” de 2022 a raíz del burdo asesinato de la joven Masha Amini por llevar mal puesto el velo islámico, aquello que comenzó con la caída estrepitosa del rial, la moneda iraní, pasó a ser una impugnación del régimen que rige los destinos del país desde la revolución islámica de 1979. Se trata de la postración de un contrato social con un régimen zombi que sobrevive por la fuerza bruta, con un tendal de cadáveres y detenidos aún incierto por el apagón informativo. La vulnerabilidad dejó de ser interna. Donald Trump, con su Doctrina Donroe, ha reconfigurado el tablero internacional desde la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. Esa presión, la (leer más)
Durante su investidura, Ronald Reagan, republicano, tenía un as bajo la manga: la liberación de los 66 ciudadanos y diplomáticos norteamericanos que habían estado secuestrados durante 444 días en la embajada de Estados Unidos en Teherán. La moneda de cambio de los llamados discípulos del imán, estudiantes enrolados en la Revolución Islámica, era la entrega del depuesto sha Mohammed Reza Pahlavi para que fuera juzgado en Irán. No ocurrió. Transcurría el 20 de enero de 1981, fecha crucial por el desenlace de una crisis, la de los rehenes, que había comenzado el 4 de noviembre de 1979, durante el gobierno de Jimmy Carter, demócrata. Mientras Carter volaba de regreso a su casa en Georgia, después de haber fracasado con sanciones económicas contra el régimen del ayatolá Khomeini, Reagan ingresaba con el pie derecho en la Casa Blanca. Había resuelto, como presidente electo, un asunto delicado. Tan delicado, quizá, como el desenlace del centenar de rehenes de Hamas desde la masacre del 7 de octubre de 2023 en Israel. En este caso, otro republicano, Donald Trump, (leer más)
Antes de la brutal incursión de Hamas en Israel, el 7 de octubre de 2023, el gobierno de Joe Biden no quería malgastar su capital político en Medio Oriente. Era más redituable, en vísperas de un año electoral, insistir en moler a Rusia por la guerra contra Ucrania y repeler la intención de China de implantar un nuevo orden mundial codo a codo con Vladimir Putin. El rival republicano de Biden, ahora de Kamala Harris, Donald Trump, no dejó de estar en contacto con Putin, inclusive después de abandonar la Casa Blanca. También supo mantener su sintonía fina con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, más cómodo con él que con Biden. Estalló la guerra de Israel contra Hamas en la Franja de Gaza y, un día después, contra Hezbollah en el sur de Líbano, así como contra los hutíes en Yemen y, más recientemente, contra Irán en forma directa. Aquello que se temía pasó a ser realidad. Israel e Irán llevan muchos años embarcados en una conflagración. Lejos del nacionalismo y a favor (leer más)
A poco de comenzar la escalada militar en Medio Oriente, con casi 200 misiles balísticos lanzados por Irán contra Israel e interceptados por el sistema defensivo Cúpula de Hierro, el régimen de Vladimir Putin condenó «firmemente» la ofensiva terrestre del Estado judío en Líbano. El Ministerio de Exteriores de Rusia abogó por el retiro de las tropas israelíes del territorio libanés. En ese caso, Putin debería hacer lo mismo con las suyas en Ucrania, donde ha violado el derecho internacional. Rusia y China han tenido históricamente buena sintonía con la causa palestina. Tras la masacre terrorista del 7 de octubre de 2023 se ofrecieron como mediadores. Toda guerra es política y económica. Ni la Franja de Gaza ni Cisjordania, las dos cabeceras palestinas enfrentadas entre sí, tienen petróleo u otros recursos. El atractivo para Rusia y China, en su afán de crear un nuevo orden mundial, consiste en desacreditar el papel de Occidente. La tensión llevó al gobierno de Estados Unidos a marcar una sutil diferencia entre las represalias de Israel contra Hamas y Hezbollah, (leer más)
Entre dos fuegos, Joe Biden condena la invasión de Rusia a Ucrania y procura aplacar la represalia de Israel contra la Franja de Gaza después de la masacre cometida por el grupo terrorista Hamas el 7 de octubre. Una es una guerra de convencional y de desgaste de un enemigo de Estados Unidos, Rusia, contra un Estado constituido, Ucrania, con casi 700 días de rutina sin visos de desenlace. La otra está aún en carne viva, con rehenes israelíes en tierra de nadie. O de un brazo de Irán, también enemigo de Estados Unidos, al cual el primer ministro israelí, Benjamin Netayanhu, pretende exterminar. El doble rasero es un juego peligroso, concluye Patrick Wintour en el periódico británico The Guardian. Como dejó dicho Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations, “la coherencia en política exterior es un lujo que los responsables políticos no siempre pueden permitirse”. Solo ocho países, entre ellos Israel, Estados Unidos, Micronesia y Nauru (el más pequeño del mundo después del Vaticano y Mónaco), se opusieron en diciembre al alto el (leer más)
La onda expansiva de la guerra en la Franja de Gaza sacudió Beirut con el atentado en el cual murió el vicepresidente del buró político de Hamas y fundador de las Brigadas al Qassam, su ala militar, Salah al Arouri. En pocas horas, también sacudió Kermán, 820 kilómetros al sudeste de Teherán, con detonaciones que se cobraron más de un centenar de vidas y otros tantos heridos cerca de la tumba del general Qasem Soleimani, comandante de la fuerza de élite Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, donde se realizaba una ceremonia por el cuarto aniversario de su asesinato en el aeropuerto de Bagdad bajo el asedio de drones de Estados Unidos. La réplica por la masacre de Hamas en Israel, con rehenes aún en su poder, amenaza con expandirse hacia Medio Oriente. Al menos, hacia Líbano, sin gobierno a pesar de innumerables intentos de formar uno desde la renuncia del presidente Michel Aoun a finales de octubre de 2022, y hacia Irán, cuyo régimen teocrático sufrió el ataque terrorista más mortífero desde su (leer más)
El voto miedo de las presidenciales derrocó al voto bronca de las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). En apenas 70 días, el ministro de Economía de Argentina, Sergio Massa, revirtió el magro resultado obtenido el 13 de agosto. Desde ese día, Javier Milei ocupaba el centro del ring. Pasó a ser la contracara de la vicepresidenta y expresidenta Cristina Kirchner, ensimismada en sus causas judiciales por corrupción y desentendida del gobierno que creó con un presidente ausente, Alberto Fernández. Desentendida, también, de su candidato, reprobado en un país con una inflación brutal apenas inferior a la de Venezuela y a la de Líbano. Massa y Milei deberán dirimir el 19 de noviembre quién será el próximo presidente. Un dilema en medio de una campaña electoral agotadora e interminable en la cual la remontada de Massa se debe a todas luces al descarado plan platita. Traducido: compra de votos con fondos públicos. Y, asimismo, al miedo que sembraron los suyos frente a una eventual victoria de un candidato excéntrico de prédica agresiva que, entrenado como (leer más)
Otro hito en el conflictivo Medio Oriente: Israel y Bahréin acordaron establecer relaciones diplomáticas, tal como lo supuso el periodista español Javier Fernández Arribas, periodista y director del portal Atalayar, durante el programa televisivo De Ida y Vuelta, que conduce la politóloga colombiana Clara Riveros. Un acierto después del acuerdo histórico al cual arribaron Israel y Emiratos Árabes Unidos, que, a su vez, puede extenderse a otros países árabes y, según Fernández Arribas, podría tener repercusiones positivas en Palestina en tanto y en cuanto la Franja de Gaza y Cisjordania “se entiendan entre ellos”. Acuerdos que contrastan con la convulsión en el Líbano por las catastróficas explosiones en el puerto de Beirut. Durante el programa, del cual participaron el escritor colombiano Luis Fayad, autor de novelas como La caída de los puntos cardinales y de cuentos como Un espejo después, y el periodista argentino Jorge Elías, Clara Riveros también puso sobre la mesa las protestas en Bielorrusia contra la enésima reelección del presidente Aleksandr Lukashenko, el golpe de Estado en Mali y el creciente poder (leer más)
Las explosiones en el puerto de Beirut desnudaron las otras tragedias del Líbano. Las vinculadas con la crisis socioeconómica, la corrupción y la pandemia. Un cóctel catastrófico que, con el tendal de muertos, heridos, desaparecidos y desamparados por la detonación de nitrato de amonio, fermentó aún más el cabreo popular, iniciado en octubre, y apuró la renuncia del primer ministro, Hassan Diab, y de los suyos. Otro síntoma del mismo mal. Los libaneses llevan mucho tiempo sin sintonizar con la clase política. En un arrebato de impotencia, le suplicaron al primero en visitar las ruinas, Emmanuel Macron, que vuelva a implantarse el protectorado de Francia. La independencia de Francia en 1943, tras haber sido parte del imperio otomano entre 1516 y 1918 y de haber sido desmembrada de la Siria Otomana al final de la Primera Guerra Mundial, derivó en la aplicación de un sistema único: el confesionalismo. Único y engorroso. Un lastre, basado en el censo de 1932, en el cual cohabitan 18 confesiones religiosas. El poder debe repartirse por ley entre un presidente (leer más)
Las treguas duran poco. En ambientes polarizados, el cabreo previo persiste. Solapado. Llamado a silencio. En clave política, para evitar que caiga la democracia en cuarentena, de modo de no tensar demasiado la cuerda y recrear el nacionalismo que provocó las dos grandes guerras del siglo XX. Algunos gobiernos se envalentonaron con los aplausos para los imprescindibles, que no son ellos, pero también se sorprendieron con los cacerolazos por su mala o morosa gestión de la crisis. Brotaron reacciones encontradas con media humanidad enclaustrada. Amores y resentimientos, como si nada hubiera cambiado. El mentado equilibrio entre la economía y la salud, versión Donald Trump, Jair Bolsonaro o Andrés Manuel López Obrador, dio de bruces con la realidad de sus países, acuciados por la pandemia, y con el declive de las instituciones; las discrepancias dentro de los gobiernos y entre los gobiernos, como entre los de la Unión Europea o entre Estados Unidos y Canadá; los reclamos de los opositores, y los planteos de los indignados que pusieron patas arriba al planeta en 2019. El ministro (leer más)
El aburrimiento, fenómeno inusual antes de la cuarentena por la pandemia, puede afinar la imaginación. Tanto que dos muchachos que habían arribado a la ciudad de Buenos Aires de San Eduardo, pueblo de menos de mil habitantes de la provincia de Santa Fe, miraron a su alrededor en la habitación de dos camas que compartían en una pensión de mala muerte y se las ingeniaron para saltar a las páginas del diario Crítica. El de Natalio Botana, uno de los más vendidos en la Argentina de mediados del siglo XX. ¿Qué hicieron? Inventaron y patentaron el reloj mágico. Una joya de la ingeniería diseñada con un despertador, una manguera, un velador y un calentador. Ninguno tenía estudios superiores, pero eran ingeniosos. Capaces de armar un coche con las piezas de ocho de distintas marcas o de crear un despertador que “evitará el madrugón de las madres o hermanas de quienes deben concurrir temprano a sus ocupaciones diarias”. ¿En qué consistía el reloj mágico? Dice el artículo: “Al sonar el despertador, caen algunas gotitas de agua (leer más)
GRANADA, España – En 2007 y 2008, el faraón egipcio Hosni Mubarak percibía 808 dólares al mes. Con un salario tan flaco, ¿cuántas vidas invirtió para amasar en tres décadas algo así como 70.000 millones de dólares? Tenía propiedades en Londres y otras ciudades y robustas cuentas bancarias en el exterior. Suiza congeló sus fondos tras ser derrocado poco después de otro vecino codicioso, el dictador tunecino Zine El Abidine Ben Alí, fallecido en 2019. Cuando estalló la rebelión, la esposa de Ben Alí, Leila Trabelsi, huyó con todos los billetes y los lingotes que cupieron en su jet privado, llamado “avión de compras” por su inquebrantable lealtad al duty free. Esas postales de la Primavera Árabe, iniciada a finales de 2010 en Túnez, recobraron vigor con la corrupción como excusa de renovadas revueltas populares. Así como en Sudán cayó otra dictadura de tres décadas, la de Omar al Bashir, a manos de los militares, y en Argelia la de Abdelaziz Buteflika, en el Egipto de Mubarak, bajo arresto domiciliario con una plácida jubilación, estallaron (leer más)
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