Actualidad

La democracia pandémica

¿Es culpa de los representantes o de los representados? En esa encerrona está la democracia latinoamericana. Los síntomas de malestar de 2019, con estallidos sociales en diversas latitudes, se vieron agravados por las erráticas gestiones gubernamentales de la pandemia. Cuando tocan elecciones, la ciudadanía tilda de incompetentes a los políticos. Y los políticos, frente a un eventual resultado adverso, sospechan de algún grado de irracionalidad en la ciudadanía. La excusa de los derrotados: casi todos los gobiernos mordieron el polvo en este larguísimo año y tres cuartos de confinamientos, mascarillas y vacunas. ¿Casi todos? No tantos como parece. La oposición más poderosa convive en el seno de las coaliciones, formadas, a veces, por partidos que no comulgan entre sí. Lo cual complica las cosas. Primero hacia dentro: cómo armonizar el discurso. Después hacia fuera: cómo convencer a un electorado no cautivo, presa de las zozobras económicas y, en términos políticos y psicológicos, quemado. Literalmente, quemado. Las elecciones, postergadas en algunos países por la crisis sanitaria, no despiertan el entusiasmo deseado, sino apenas una tímida esperanza (leer más)

Economía

¿Listos para trabajar cuatro días por semana?

En un mundo en el cual la informalidad representa más del 70 por ciento del empleo y un tercio del Producto Bruto Interno (PBI) de los países emergentes, Islandia se apunta un éxito relativo. El de la reducción de la jornada de trabajo. De trabajo formal. Un experimento realizado entre 2015 y 2019 en el ayuntamiento de la capital, Reikiavik, y en el gobierno nacional sin disminución del salario. En una isla de poco más de 350.000 habitantes, nueve veces menos que la ciudad de Buenos Aires, el ensayo tuvo su lógica: acortar el trabajo a cuatro días por semana para repartirlo entre los trabajadores disponibles. La tasa de desempleo de Islandia, de todos modos, alcanza el 7,3 por ciento. Los participantes del estudio del laboratorio de ideas británico Autonomy y de la Asociación Islandesa por una Democracia Sostenible, algo así como el uno por ciento de la población económicamente activa, pasaron de una semana de 40 horas de trabajo a una de 35 o 36. Entre 2019 y 2021, el 86 por ciento de (leer más)

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Rumor y consecuencia

En un cuento titulado Algo muy grave va a suceder en este pueblo, Gabriel García Márquez dice que una señora mayor les confiesa durante el desayuno a sus hijos, un varón de 17 años y una niña de 14, que ha amanecido con un presentimiento. Cosas de vieja, le dicen entre risas. La toman por loca. Poco a poco, el rumor crece y se convierte en realidad. En tiempos de fake news, posverdad e infodemia, “toda comunicación es un rumor”, concluye el abogado y periodista Horacio Minotti en su libro La verdad sobrevalorada: manual de control y manejo de rumores, publicado por La Crujía. Un rumor facilitado por el fanatismo en sociedades polarizadas. Tan polarizadas como la de García Márquez, la colombiana, envuelta en protestas masivas desde el 28 de abril por una reforma tributaria, propuesta y desechada por el presidente Iván Duque, como explica el periodista colombiano Juan Santa Cruz desde Bogotá. O como la argentina, donde se ha politizado hasta la campaña de vacunación contra el coronavirus como si fuera la campaña electoral (leer más)

Sociedad

Tarjeta roja para los jóvenes

A veces, el orden de los factores puede alterar el producto. Y el producto, acaso el resultado, termina siendo devastador: ocho de cada 10 argentinos menores de 25 años ven el futuro con preocupación, miedo y desconfianza, razón por la cual no dudarían en emigrar si tuvieran ocasión, según el relevamiento ¿Qué piensan los jóvenes en la Argentina?, de la consultora Taquion. Tarjeta roja para los jóvenes en un país de inmigrantes que comenzó a ser un imán para los extranjeros en 1880 y, casi un siglo y medio después, irradia kriptonita a sus descendientes. Ese país, en el cual se creó y se recreó la saga de Amores inmigrantes, recopilados por la periodista Diana Arias, la mayoría de los empadronados de la llamada  Generación Millennial “ve que las oportunidades de desarrollo y trabajo se esfuman” y que el futuro “tiene más puntos negativos que positivos”. La frustración parece ser hereditaria. Anida hace desde añares en los mayores. La pandemia vino a agravar la situación: hizo caer los ingresos de más de la mitad de (leer más)

Actualidad

La coherencia de Argentina

No pudo elegir mejor fecha el gobierno de Argentina para retirarse del Grupo de Lima en discrepancia con el supuesto aislamiento de Venezuela. Lo hizo el 24 de marzo, aniversario del cruento golpe militar de 1976. Más coherencia, imposible. El régimen de Nicolás Maduro comete crímenes de lesa humanidad, como lo corroboró la expresidenta chilena Michelle Bachelet, alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, pero los Fernández, Alberto y Cristina o viceversa, pasan página con la excusa del vil intento de “aislar al gobierno de Venezuela y a sus representantes” con el reconocimiento como mandatario interino de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional”. Un día antes de esa decisión, Argentina y otros países apoyaron en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU una resolución que condena “el impacto negativo de las medidas coercitivas unilaterales en el disfrute de los derechos humanos” en Venezuela, Cuba y otros paraísos democráticos. Una suerte de defensa de la soberanía de sus gobiernos, más allá de la crisis humanitaria de sus pueblos, para evitar las sanciones (leer más)

Cultura

Diferentes, no indiferentes

El mundo es cada vez más pequeño. Tan pequeño que, a veces, pensamos que cabe en la palma de la mano. En este mundo pequeño, la globalización ha derrapado en la antiglobalización y, a su vez, brotan como hongos los nacionalismos, causantes de las peores tragedias del siglo XX. Dos países pueden tener rasgos comunes, como Colombia, donde nació Clara Riveros, y Marruecos, donde invirtió varios años de investigación en busca de denominadores comunes con su terruño y con América latina. Los encontró en un contexto de cambio o, acaso, de transición. El final de la historia, mentado en los noventa, terminó siendo el detonante de otra historia. La actual. En este texto y en este contexto, Clara Riveros observa las dos orillas con ojo crítico. El ojo experto de la politóloga y analista que no se queda con la primera impresión. Que va más allá mientras ausculta una realidad diferente, la de Marruecos, a la cual no es indiferente. Eso de la cooperación Sur-Sur entre dos países que antes eran expulsores de personas por (leer más)

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El virus bilateral

Así como Donald Trump llama al coronavirus el “virus de Wuhan”, el “virus chino” y “el virus cruel de una tierra distante”, de modo de mantener el pulso de la guerra comercial y tecnológica con el régimen de Xi Jinping, Nicolás Maduro insiste en llamarlo “el virus colombiano”. La relación bilateral está cortada desde 2019, pero Maduro invita ahora a “unir fuerzas” contra la pandemia al presidente de Colombia, Iván Duque, Una frontera caliente, como la describe, desde Bogotá, Clara Riveros, politóloga; directora del observatorio CPLATAM-Análisis Político en América Latina; conductora del ciclo De y Vuelta, de Fundamedios, y autora de libros que buscan unir puentes entre Iberoamérica y Marruecos. En Argentina, mientras tanto, el gobierno de Alberto Fernández se propone una reforma judicial. Controvertida, por cierto, en medio de la incertidumbre provocada por el COVID-19 y la negociación de la deuda externa. Con una intención más política que jurídica, en principio, por la posibilidad de modificar nuevamente la cantidad de miembros de la Corte Suprema, y de rescatar de la ciénaga judicial a funcionarios (leer más)

Política

La pandemia no da tregua

Pese al pedido de una tregua mundial del secretario general de la ONU, António Guterres, para enfrentar la pandemia, los conflictos continúan. Un ruego, casi, el 23 de marzo: silencien las armas; detengan la artillería; pongan fin a los ataques aéreos. Entre esa fecha y el 13 de junio han muerto en enfrentamientos armados más de 20.000 personas, según la organización The Armed Conflict Location & Event Data Project (Acled). Sólo en Yemen, tras cinco años en guerra, 24.000 debieron abandonar sus hogares por los ataques de la coalición dirigida por Arabia Saudita. Esa legión engrosa los 79,5 millones de desplazados que contabilizaban la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) y el Consejo Noruego para los Refugiados a finales de 2019. Una de cada 97 personas en el planeta, cifra jamás registrada. La solicitud de Guterrres, respaldada por 114 gobiernos y varias organizaciones de la sociedad civil, derrapó en poco tiempo. A menos de un mes de formularla, tres soldados filipinos murieron en una emboscada de la guerrilla maoísta Nuevo Ejército del Pueblo, (leer más)

Política

Aplausos y cacerolazos

Las treguas duran poco. En ambientes polarizados, el cabreo previo persiste. Solapado. Llamado a silencio. En clave política, para evitar que caiga la democracia en cuarentena, de modo de no tensar demasiado la cuerda y recrear el nacionalismo que provocó las dos grandes guerras del siglo XX. Algunos gobiernos se envalentonaron con los aplausos para los imprescindibles, que no son ellos, pero también se sorprendieron con los cacerolazos por su mala o morosa gestión de la crisis. Brotaron reacciones encontradas con media humanidad enclaustrada. Amores y resentimientos, como si nada hubiera cambiado. El mentado equilibrio entre la economía y la salud, versión Donald Trump, Jair Bolsonaro o Andrés Manuel López Obrador, dio de bruces con la realidad de sus países, acuciados por la pandemia, y con el declive de las instituciones; las discrepancias dentro de los gobiernos y entre los gobiernos, como entre los de la Unión Europea o entre Estados Unidos y Canadá; los reclamos de los opositores, y los planteos de los indignados que pusieron patas arriba al planeta en 2019. El ministro (leer más)

Política

Arma de distracción masiva

Después del asesinato selectivo del general iraní Qasem Soleimani, la representante demócrata Ilhan Omar insinuó que podía tratarse de una “guerra de distracción”. La denuncia de la primera somalí y primera musulmana​ en arribar a la Cámara de Representantes de Estados Unidos, maltratada por su origen y su creencia por Donald Trump, coincide con otras guerras. La del juicio político de Trump, la de las revueltas reprimidas en Irán por la suba del precio del combustible y en Irak por la destitución del comandante en jefe de la fuerza antiterrorista y, en medio de la convulsión en América latina, la del régimen de Nicolás Maduro contra la reelección del presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó. Trump parece ser el enemigo número uno del ayatolá Alí Khamenei, pero terminó dándole oxígeno interno y argumentos para las réplicas con el crimen de Soleimani. También parece ser el enemigo número uno de Maduro, pero se convirtió en su mejor aliado cuando legitimó antes que nadie al gobierno interino de Guaidó. Maduro halló en esa validación, (leer más)

Sociedad

Cuando pase el temblor

Un fuerte temblor sacudió el 19 de enero la costa central de Chile. Estuvo a punto de convertirse en un tsunami. Otro, en Perú, el 26 de mayo, resultó ser tan intenso que se hizo sentir en Ecuador y Colombia. En los países andinos, maltratados por los incendios y la deforestación de la Amazonía en Brasil y Bolivia, no sólo ruge la tierra últimamente. También rugen las calles y tambalean los gobiernos y los congresos, asediados por un denominador común: la insatisfacción popular. Los terremotos deparan réplicas, pero ninguno es igual al otro. La convulsión, como los sismos, no perdona ni respeta límites. La sacudida acecha desde el 18 de octubre al presidente de Chile, Sebastián Piñera, así como al de Colombia, Iván Duque, desde la huelga nacional del 21 de noviembre. Uno, Piñera, vive en vilo por un temblor con alerta de tsunami. No logró atenuarlo con mejoras económicas ni con la promesa de modificar la letra constitucional. El otro, Duque, subestimó el reclamo contra la reforma tributaria, la laboral y la de pensiones, (leer más)

Política

Los nuevos indignados

Un año después, los chalecos amarillos siguen movilizándose cada sábado en Francia. Las protestas contra el aumento del precio del combustible pasaron a ser contra las políticas del presidente Emmanuel Macron. Le torcieron el brazo. De menor a mayor, como ocurrió en otras latitudes, una crisis destapó la olla de otra. La de la gobernabilidad en un planeta que gira a varias velocidades al mismo tiempo en función del cabreo de las sociedades. No sólo por razones económicas, sino también en demanda de libertades y de reformas o en contra de la corrupción, del fraude y de la desigualdad. Los nuevos indignados brotan como hongos. La fisura social y política dista de aquella que comenzó en 2008. El gobierno británico vaticinaba un año antes de la crisis hipotecaria de los Estados Unidos una mayor “tensión e inestabilidad tanto en las sociedades como entre ellas”. Eso iba a dar “lugar a expresiones de malestar, como el desorden, la violencia, la criminalidad, el terrorismo y la insurgencia”. Acertó. En 2011 estalló la frustrada Primavera Árabe y aparecieron (leer más)

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El laberinto del Brexit

Los parlamentarios de oposición lograron bloquear el plan del primer ministro británico para organizar elecciones a mediados de octubre. Eso no amilanó a Boris Johnson. Dijo que preferiría estar “muerto en una zanja” antes que posponer el Brexit, cuyo plazo vence el 31 de octubre. Ha sido una de las peores semanas en la historia para un primer ministro del Reino Unido: el gobierno perdió cuatro votos parlamentarios, se quedó sin el control de la agenda legislativa y el Partido Conservador ha sido diezmado por los parlamentarios que votaron en contra de Johnson, cuya intransigencia preocupa a la Unión Europea y desanima a los electores. El Brexit ha fracturado a uno de los partidos democráticos más antiguos del mundo En pocas horas, siguiendo al pie de la letra los procedimientos, Westminster ha tumbado la intención de Johnson de proceder al Brexit sin acuerdo y de convocar elecciones inmediatas apenas dos semanas antes de que expire el plazo acordado con la Unión Europea. El enfoque de Johnson, de no tener miedo si se trata de cortar (leer más)

Sociedad

¿Por qué estamos más tristes que nunca?

En tiempos revueltos, la felicidad choca con su peor enemiga: la incertidumbre. Más de 150.000 personas de 140 países, entre ellos Argentina, respondieron preguntas simples: ¿te sentiste descansado ayer?, ¿te reíste?, ¿aprendiste o hiciste algo interesante?, ¿te sentiste estresado?, ¿te sentiste maltratado?, etcétera. Nada vinculado con la coyuntura política ni con la económica. Inquietudes sobre la vida cotidiana. ¿El resultado? Los habitantes de la mayoría de los confines del planeta están más tristes, enojados y asustados que nunca, concluye el Informe de Emociones Globales de Gallup. El índice negativo de 2018 empató con el del año anterior y superó todas las marcas desde que comenzaron a realizarse estas mediciones en 2006. Otros estudios señalan que, por el aumento de la expectativa de vida y algunos indicadores positivos, deberíamos ser más felices que nunca. Pues, no. Estamos más tristes, enojados y asustados. Entre los diez países más positivos figuran Paraguay, Panamá, Guatemala, México y El Salvador. Les siguen Indonesia, Honduras, Ecuador, Costa Rica y Colombia. Nueve de los diez son latinoamericanos. Sorprendente. El grado de satisfacción (leer más)

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El nuevo tablero de Europa

Las elecciones del Parlamento Europeo, celebradas entre el 23 y el 26 de mayo, no se han traducido en un avance sin precedente de la ultraderecha, como algunos vaticinaban. Dieron como resultado una Eurocámara más fragmentada de lo habitual en la que, por primera vez, los conservadores y los socialdemócratas no suman una mayoría absoluta. Parte de la derecha euroescéptica intenta atraer a su órbita al Partido Popular Europeo (PPE) mientras socialdemócratas, liberales y verdes consideran su propia propuesta para presidir la Comisión Europea. El plan de la ultraderecha era regalarle a Europa un Caballo de Troya, de modo de asaltarla y, una vez dentro, dinamitarla El torbellino desatado por la dimisión de la primera ministra británica, Theresa May, a raíz de su insolvencia para concretar el Brexit, llevó a muchos a pensar dos veces el voto en las elecciones. El plan de la ultraderecha era regalarle a Europa un Caballo de Troya, de modo de asaltarla y, una vez dentro, dinamitarla. No prosperó. Excepto la Liga de Matteo Salvini en Italia, con su prédica (leer más)