Ataques calibrados, daños limitados

Tanto Israel como sus aliados sabían con precisión que Irán iba a lanzar una lluvia de misiles y drones en respuesta al ataque contra su consulado en Siria




"Bien telegrafiado y relativamente limitado", según Goldman Sachs
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En Medio Oriente, cada golpe recibe una respuesta a veces peor que el anterior y, después, la comunidad internacional tiende un manto diplomático para relajar las tensiones. Siempre acecha el temor a una escalada regional. Esta vez, el ataque directo de Irán contra Israel en represalia por la embestida aérea contra su consulado en Siria, en el cual murieron miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, cambió el paradigma en medio de la otra guerra encarada por Israel, la de la Franja de Gaza contra Hamas. Que comenzó el 7 de octubre con la brutal incursión de los terroristas en territorio israelí.

Hechos sin precedente que, a su vez, dejan un saldo más político que bélico. La barbarie provocada por Hamas coincidió con la firma de los Acuerdos de Abraham, pactados por Israel con Arabia Saudita. Se trata del reconocimiento del Estado de Israel por ese país, archienemigo de Irán, como había ocurrido bajo los auspicios del gobierno de Donald Trump con Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos, Sudán y Jordania. Un cortafuegos en los países árabes por el cual pierde fuelle el régimen teocrático persa, de orientación chiita, sostén de Hamas, a pesar de ser sunita, y de otras milicias en la región.

Golpe a golpe, rencillas quedan. Desde que estalló la guerra en la Franja de Gaza, aliados iraníes como Hezbollah en Líbano y los hutíes en Yemen atacaron instalaciones militares israelíes y norteamericanas. Una táctica llamada proxy war (guerra por delegación). Irán insistió en que no quería una confrontación frontal con Israel. La facilidad de la inteligencia de Estados Unidos para obtener información previa a la lluvia de misiles y drones delata una respuesta más política que bélica quizá porque Irán no esté en condiciones de enfrentar a una coalición de envergadura.

Ni las bajas militares ni los asesinatos selectivos de los hijos y los nietos de altos cargos como el líder de Hamas, Ismail Haniyeh, complacen a los pueblos cuando se sienten incómodos con sus gobiernos

El ataque de Israel contra el consulado iraní en Damasco, mecha corta de la respuesta, fue una violación de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, como ocurrió casi en forma simultánea con el arresto del exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas en la embajada de México en Quito. La réplica de Irán, con 170 drones, 30 misiles de crucero y 120 misiles balísticos contra Israel, había sido anunciada por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Netanyahu, enterado antes que nadie, tuvo tiempo para demostrar la eficacia de sus defensas antiaéreas y sofocar las protestas populares previas por la incapacidad de sus tropas para rescatar a los 130 rehenes israelíes que aún están en manos de Hamas.

La nueva ecuación de Irán, el ataque sin intermediarios, también satisfizo a los suyos, en pie de protesta desde la absurda muerte de la joven kurda Mahsa Amini, de 22 años, tras ser detenida en septiembre de 2022 por la Policía de la Moral del Gran Teherán. ¿La causa? No llevaba bien puesto el velo islámico. Papel mojado, así como los atentados del Daesh, ISIS o Estado Islámico en su territorio, por la onda expansiva de la Franja de Gaza. Que en enero sacudió Beirut con el atentado en el cual murió el vicepresidente del buró político de Hamas y fundador de las Brigadas al Qassam, su ala castrense, Salah al Arouri.

La ola de violencia sacudió horas después a Kermán, 820 kilómetros al sudeste de Teherán, con detonaciones que se cobraron más de un centenar de vidas cerca de la tumba del general Qasem Soleimani, comandante de la fuerza de élite Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, donde se realizaba una ceremonia por el cuarto aniversario de su asesinato en el aeropuerto de Bagdad bajo el asedio de drones de Estados Unidos. Ni las bajas militares ni los asesinatos selectivos de los hijos y los nietos de altos cargos como ell líder de Hamas, Ismail Haniyeh, complacen a los pueblos cuando se sienten incómodos con sus gobiernos.

El orgullo israelí por haber resistido el ataque iraní se asocia con una impresión idéntica de su agresor, como si ambos hubieran ganado la batalla

El orgullo israelí por haber resistido el ataque iraní se asocia con una impresión idéntica de su agresor, como si ambos hubieran ganado la batalla. El presidente de Irán, Ebrahim Raisi, se contentó con haberle dado una lección a Israel, el Pequeño Satán, según su léxico, aliado de Estados Unidos, El Gran Satán. Pura propaganda mientras Biden, renuente a convalidar la muerte de más de 33.600 civiles en la Franja de Gaza como método de supervivencia política de Netanyahu frente a cargos de corrupción que podrían llevarlo a prisión, deberá vérselas en las presidenciales de noviembre con Trump, carne y uña con el primer ministro israelí.

Curiosamente, todos los involucrados celebraron: Irán por su demostración de fuerza; Israel por haber salido airoso después de su humillante derrota frente a la milicia de poca monta que invadió su territorio y secuestró a los suyos; Biden por su apoyo irrestricto a Netanyahu a pesar de discrepar sobre el curso de la guerra en la Franja de Gaza y su poder de disuasión para evitar que el conflicto pasara a mayores, y Hamas, Hezbollah, los hutíes y compañía por la decisión del régimen de los ayatolás de plantear un nuevo paradigma en Medio Oriente. El del enfrentamiento directo.

Queda pendiente otra réplica. Una más si el general Benny Gantz, miembro clave del Gabinete de Guerra de Israel a pesar de sus reparos con Netanyahu y partidario de elecciones anticipadas, impone su plan de “formar una coalición internacional para que Irán pague por el ataque». Un ataque calibrado para limitar los daños. «Bien telegrafiado y relativamente limitado», evaluó Goldman Sachs el día después. El precio del barril había caído a 84,80 dólares. La producción de Irán aumentó a 3,4 millones de barriles diarios, un 3,3 % de la producción mundial. En otras circunstancias, los mercados hubieran hecho más ruido que la cohetería iraní.

Jorge Elías

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