El apagón anímico

Cuatro de cada 10 personas en el mundo sufren el síndrome de burnout como consecuencia de las preocupaciones cotidianas




¿Estamos todos quemados?

El segundo año de la pandemia fue más difícil que el primero, según el índice anual de Gallup sobre las vivencias positivas y negativas de las personas. En 2021, dice, el mundo se convirtió en un lugar un poco más triste y la gente se mostró más preocupada y estresada que en 2020. Al año siguiente, más allá la liberación de algunas restricciones como los confinamientos, la situación empeoró. El síndrome de burnout (literalmente quemado) no perdona. El 42 por ciento de las personas con empleos de escritorio se sienten agotadas, dice un sondeo de Future Forum realizado en Estados Unidos, el Reino Unido, Japón, Australia, Alemania y Francia.

¿Estamos todos quemados?

En Argentina, sin ir más lejos, prospera la insatisfacción. La preocupación, la incertidumbre, el miedo y la desconfianza encabezan la tabla de las perspectivas sobre el futuro en el informe mensual de Taquion. El título no deja lugar a dudas en vísperas de las elecciones primarias y generales: El año de la desconfianza. Va en línea con otras encuestas que también reflejan la inquietud de la gente sobre asuntos puntuales como la pérdida del poder de compra del salario, el acceso a alternativas de desarrollo, la seguridad, la vivienda, el trabajo y la educación.

En 2021, aproximadamente siete de cada 10 personas en todo el mundo dijeron que se sentían bien descansadas (69%), disfrutaban mucho (70%) y sonreían o se reían a menudo (72%). Casi nueve de cada 10 se sintieron tratados con respeto (86%). Las personas eran mucho menos propensas a decir que aprendieron o hicieron algo interesante el día anterior a la encuesta de Gallup. En 2021 experimentó esto la mitad del mundo (50%). Cifra que se desmoronó en 2022 con las preocupaciones (42%), el estrés (41%), los dolores físicos (31%), la tristeza (28%) y la ira (23%) en alza. El puntaje de vivencias positivas cayó por primera vez desde 2017.

Sobre llovido, la guerra de Ucrania, con 7.199 civiles muertos y 11.756 heridos al 13 de febrero, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH), empañó aún más el panorama desde el 24 de febrero de 2022. La economía global paga la invasión ordenada por Vladimir Putin con la reducción de los suministros de granos, de fertilizantes y de energía, lo cual implica más inflación y perplejidad en un mundo mosqueado con sus dirigentes políticos por esa sensación, tan habitual en Argentina y otras comarcas, de que viven en otro planeta. El planeta electoral, lejano a los problemas de la gente de a pie.

La pandemia del malhumor, acentuada por la guerra en Ucrania, no discrimina entre países pobres y ricos

El apagón anímico no significa bajar los brazos, sino curar las heridas, levantar la frente y seguir adelante, pero tiene un componente peligroso: dejarse de sorprender por aquello que nadie espera o, peor aún, naturalizarlo, como la corrupción y la inseguridad. La pandemia del malhumor, acentuada por la guerra en Ucrania, no discrimina entre países pobres y ricos. Unos, los de África, Medio Oriente y Asia, castigados por las entregas irregulares de trigo, cebada, aceite de cocina y fertilizantes de grandes proveedores como Ucrania y Rusia. Los otros, principalmente Estados Unidos y los de Europa, por el precio de la energía y la inflación.

¿A todos nos sobra mes al final del sueldo?

China abandonó a finales de 2022 la draconiana política de covid cero, causante del frenazo de su economía. En España, mientras Gran Bretaña vive en huelgas, los franceses rechazan retrasar la edad de jubilación de los 62 a los 64 años y el gobierno de Japón les pide ayuda a las empresas para paliar la inflación más alta desde 1981, la crisis económica (42,9%) y el desempleo (29,2%) preocupan más a los ciudadanos que los problemas políticos en general (25,4%), seguidos de la sanidad (17,9%) y el mal proceder de los políticos (11,5%), dicta el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) correspondiente a febrero.

Un problema global: la escasa adhesión a las hojas de ruta trazadas por el arco político, más allá de los fanatismos. En ocasiones, pagados con fondos públicos, cual graciosa devolución de impuestos, mientras los trabajadores, contribuyentes en este caso, están más agotados que nunca por la incertidumbre económica, el miedo a los recortes de empleo y la creciente presión para volver al trabajo presencial. Síntomas más usuales entre las mujeres y los jóvenes que tampoco respeta fronteras. Así estamos: literalmente quemados.

Jorge Elías

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