Lo que abunda, a veces, daña
En el planeta no faltan alimentos ni recursos, sino voluntad para repartirlos mejor La principal causa de malnutrición en el mundo no es la falta de alimentos, sino la dificultad de mucha gente para acceder a ellos o, en realidad, la escasa voluntad de los líderes para repartirlos mejor. En 2008, la segunda mayor cosecha de todos los tiempos coincide con la muerte de cinco millones de niños famélicos, según la organización humanitaria internacional Acción contra el Hambre. Ese año, a pesar de la abundancia, aumenta el precio de los alimentos. Es un mazazo para los campesinos sin tierras, los pobres radicados en las ciudades y los hogares a cargo de mujeres. El corolario es aún más vergonzoso: pasan hambre 1020 millones de personas en 2009, un 9 por ciento más que en 2008. En esa indigna condición se encuentra una de cada siete personas, según la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO). Es un 15 por ciento de la población del planeta. La hambruna es la más elevada (leer más)
