Pausa a dos bandas

La reapertura del estrecho de Ormuz y la tregua en la guerra de Israel contra Hezbollah en Líbano dejaron en suspenso ambas guerras, enlazadas entre sí




Netanyahu cedió ante el reclamo de Trump
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De prometerle “un infierno” a celebrar una relación “muy buena”, Donald Trump zigzaguea entre el odio y el amor con el régimen teocrático de Irán. Con la tregua de cristal alcanzada en Islamabab, la reapertura del estrecho de Ormuz a los buques comerciales coincide con otra pausa. La de 10 días en los ataques de Israel contra Hezbollah, saldados con más de 2.000 muertos; pueblos arrasados, particularmente Beirut, y tropas israelíes asentadas en unos 10 kilómetros del país vecino. Benjamin Netanyahu acató a regañadientes la sugerencia con tono de orden de su socio norteamericano: “Ya es suficiente”.

La pausa con los ayatolás tiene un precio: el bloqueo de Estados Unidos a los barcos y puertos iraníes “permanecerá en plena vigencia” hasta que lleguen a un acuerdo. En especial, sobre el programa nuclear. El palo y la zanahoria. La reapertura de la vía fluvial por la cual circula el 20% del petróleo mundial y el cese del fuego de Israel contra Hezbollah, respaldado por Irán en Líbano, no implican el final de los conflictos, sino un alivio temporal para tomar carrera y, de ser posible, continuar con las negociaciones en plan de no desenfundar nuevamente las armas.

Trump impuso el bloqueo naval después de que Irán restringiera el tráfico a través del estrecho debido a los embates de Israel contra Líbano, considerados por el régimen teocrático una violación del alto el fuego rubricado por Pakistán entre Estados Unidos, Israel e Irán. La cuarta pata de la mesa, Hezbollah, algo así como un Estado dentro de Líbano, rechaza el diálogo del presidente Joseph Aoun con Netanyahu. En principio, según el Departamento de Estado, Israel puede actuar en defensa propia contra agresiones inminentes, pero no puede llevar a cabo operaciones ofensivas contra la zona que ocupa de facto en el sur de Líbano.

Trump necesita la paz para cumplir su agenda interna en un año electoral

Netanyahu, enfrascado en el conflicto en Líbano para asegurar su supervivencia política, había ignorado los intereses de su principal aliado y los pedidos de moderación de la Unión Europea, huérfana, más que nunca, de un liderazgo transatlántico previsible. Como todo suma o resta, la democracia iliberal profesada por Trump y la ultraderecha europea perdió un baluarte. El revés en Hungría de Viktor Orbán frente a Péter Magyar, un antiguo aliado, fue demoledor tanto para Trump como para Vladimir Putin, ganador provisional de la guerra contra Irán por la relajación temporal de las sanciones sobre la venta de crudo ruso a Europa.

Trump necesita la paz para cumplir su agenda interna en un año electoral. Sobre todo, con la base MAGA, alérgica al aumento del gasto militar en conflictos del exterior. En plan de hacer enemigos, requisito fundamental de todo populista, sumó a los católicos y los feligreses conservadores de su país por sus réplicas y sus burlas contra León XIV, el primer norteamericano en el trono de San Pedro. Si el papa Francisco era “una vergüenza” por su tendencia progresista, redituable en su primer mandato, su sucesor resulta ser “débil contra el crimen” y “terrible en política exterior” por abogar por la paz.

En respuesta, la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, en un movimiento de realismo político, rompió lanzas con el mundo Trump, distanciándose de sus posturas más radicales para preservar la cohesión de la Unión Europea y el compromiso con la seguridad continental. No se trata de un entredicho diplomático, sino de la colisión frontal de dos visiones del mundo: el aislacionismo transaccional de Estados Unidos frente a la insistencia humanitaria y multilateral del Vaticano. Más resta que suma para Trump mientras dure la pausa.

Jorge Elías



Acerca de Jorge Elias 1899 Articles
Soy periodista, escritor y presentador de radio y televisión con una carrera galardonada en asuntos internacionales y análisis político y económico. He trabajado en medios líderes de Argentina, Iberoamérica, Estados Unidos y España, incluyendo el Grupo Prisa, Fox News Latino, Worldnet Television, Radio Continental, el diario La Nación, la Televisión Pública Argentina y el Canal de la Ciudad, en los que he liderado equipos periodísticos. Dirijo el medio digital El Ínterin y soy analista en organizaciones defensoras de la libertad de prensa y los derechos humanos. Fui corresponsal en Estados Unidos, México y Canadá, y enviado especial a zonas de conflicto y elecciones de varios países en los cuales he mantenido entrevistas con más de 50 presidentes y primeros ministros.

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