Pretérito perfecto
Chile sorprende por el rescate de los mineros, no por abrevar demasiado en el pasado En un año signado por la conmemoración del bicentenario del comienzo de los procesos de la independencia latinoamericana, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, pudo haberse dejado llevar por la manía regional de culpar a los otros –hasta a los propios mineros– de la desgracia. Optó por desafinar con un mensaje de optimismo y unidad, y concentrarse en sacarlos de las entrañas de esa trampa mortal en el inhóspito desierto de Atacama. Los chilenos infirieron que, tras el feroz terremoto de febrero, debían confiar en sí mismos. Esa actitud colectiva, opuesta a la usual en países cercanos, está plasmada en un reciente informe sobre la democracia de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): los latinoamericanos se interesan más en el futuro que en el pasado. El drama de los mineros no iba a resolverse con el espejo retrovisor, sino con la vista al frente. Es, quizá, la mejor (leer más)
