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A 50 años de un quiebre que redefinió la identidad argentina, el reconocido politólogo e investigador Hugo Quiroga, quien vivió en carne propia el exilio y se convirtió en una de las voces académicas más lúcidas para pensar la democracia, afirma: «Nosotros estamos conmemorando el 24 de marzo. Al 24 de marzo no hay que conmemorarlo, hay que repudiarlo porque es el comienzo de la dictadura».
Quiroga, doctor en filosofía por la Universidad de las Islas Baleares, España, y diplomado en el posgrado de ciencia política de la Universidad de París, aporta una mirada que desafía las efemérides y analiza las deudas de la política actual con la memoria histórica durante una entrevista en Cuarto de Hora, programa de CADAL TV.
El verdadero hito que merece celebración, dice, es el 10 de diciembre, “el día en que termina la dictadura, comienza la democracia y, además, es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Ahí hay una inversión de las cosas que debería cambiarse».
La dictadura de Videla pretendía reorganizar la economía, la sociedad y la política bajo nuevas normas de orden militar
En su calidad de investigador y profesor emérito de teoría política en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario, y profesor interino de la misma materia de la Universidad del Litoral, donde dirige la revista Estudios Sociales, Quiroga observa que el golpe de 1976 no fue simplemente una respuesta a un vacío de poder o a la crisis del gobierno de María Estela Martínez de Perón. «Fue un golpe estratégico de largo alcance», define. A diferencia de intervenciones militares previas que buscaban una salida electoral rápida, la dictadura de Videla pretendía reorganizar la economía, la sociedad y la política bajo nuevas normas de orden militar.
Durante su estancia como exiliado en París a partir de 1977, Quiroga fue testigo y partícipe de la construcción de redes que quebraron el cerco informativo de la dictadura. Destaca el rol del Grupo de Abogados Argentinos en el Exilio (GAEF) y la repercusión de acciones concretas, como el boicot al Mundial de 1978.
«Francia fue tierra de asilo», recuerda, mencionando la importancia de figuras como Adolfo Pérez Esquivel y juristas franceses que ayudaron a denunciar la desaparición forzada de personas. Esas redes de solidaridad, agrega, fueron fundamentales para que el mundo conociera las atrocidades que se cometían en el país.
Conducción: Jorge Elías
Dirección: Gabriel Salvia
Producción: Dorothea Krueger
Edición: Ayrton Monsalve

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