Paraguay: regreso sin gloria
Pocas expectativas despertaron las presidenciales en Paraguay, excepto por la virtual normalización de las relaciones con el Mercosur y la Unasur. No mucho más. La destitución exprés de Fernando Lugo llevó a ambos bloques regionales a suspender al país hasta que se restableciera la democracia. Por el “golpe parlamentario” asumió el presidente Federico Franco, de filiación liberal, antes vicepresidente de Lugo. Un país de por sí aislado quedó aún más aislado. Tan aislado, quizá, que Augusto Roa Bastos, autor de “Yo el supremo”, llegó a definirlo como un agujero en el mapa. La metáfora aludía al desconocimiento de Paraguay tanto en el exterior como en sus confines. En esos confines, signados por la dictadura de Stroessner, vuelve al poder el inoxidable Partido Colorado. Es el nombre de fantasía de la Asociación Nacional Republicana, muchas veces confundida con el ejército y el Estado al peor estilo del PRI. Sin visos de renovación a diferencia del partido mexicano, los colorados retornan con un presidente electo que es acaudalado y ajeno a la política, Horacio Cartes. Lo llaman (leer más)
