Milagros bajo los escombros
La desesperada búsqueda de sobrevivientes de los dos terremotos en Venezuela, sin apoyo ni organización eficiente, en una ciudad atravesada por el caos (leer más)
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El trágico doblete sísmico expone la vulnerabilidad de una nación devastada mucho antes de que la tierra temblara | Por Jorge Elías (leer más)
Dos potentes terremotos golpean los cimientos del país en medio del limbo político provocado por el cambio en el régimen tras la extracción de Maduro | Por León Hernández, desde Caracas (leer más)
La imputación de Estados Unidos contra Raúl Castro por el caso Hermanos al Rescate busca desmantelar los pilares narrativos de la dictadura cubana mientras Díaz-Canel patalea, pero intenta negociar con Estados Unidos | Por Jorge Elías
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El orden internacional que conocimos ha muerto y, como bien señaló en Davos el primer ministro de Canadá, Mark Carney, «la nostalgia no es una estrategia». Es una estrategia, en todo caso, para aquellos que abrazan la consigna Make America Great Again, convertida en una política de Estado en los dominios de Donald Trump. “Recuperemos nuestro hogar” y alusiones al “espíritu de 1776”, clama el Departamento de Seguridad Nacional, regente del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). La narrativa, que roza el léxico de los supremacistas blancos, hace sentir desplazados a los norteamericanos en su propio país. Desde los noventa, el relato político vendió una ilusión reconfortante: que la democracia, una vez instalada, era un camino de ida. Mientras Occidente se ocupaba de sus crisis domésticas, un fenómeno silencioso y coordinado empezó a gestarse en las sombras del poder global. No era solo el ascenso de líderes autoritarios con patente democrática, sino algo más ambicioso y peligroso: la formación de una suerte de internacional iliberal. Cara y cruz con China, Rusia y sus (leer más)
Lo usual en su segundo mandato: Donald Trump se envalentona con arrogancia como si fuera el grandulón de la clase, intimida a sus eventuales adversarios, golpea la mesa con furia si rebaten sus afirmaciones y, finalmente, después de desquiciar a medio mundo, baja el tono de la amenaza convencido de obtener un beneficio. Desde la captura de Nicolás Maduro en una operación que sacudió las profundidades del Caribe hasta la insólita reactivación de la disputa con Dinamarca y la Unión Europea por la anexión de Groenlandia, ese «gran y hermoso trozo de hielo», su premisa ha sido negociar en un tablero en el que solo él dicta las reglas. Sobre ese tablero, la creación del Consejo de Paz para apaciguar la onda expansiva de la Franja de Gaza da una nueva vuelta de tuerca o pone un torniquete sobre la diplomacia tradicional. No se trata de una estrategia geopolítica, sino de la conversión de un conflicto de larga data en una suerte de franquicia corporativa. La membresía tiene precio y el liderazgo lleva un solo (leer más)
El aire de Teherán vuelve a enrarecerse. No por su smog crónico, sino por el humo de una protesta que ha mutado respecto de las anteriores. El eco de las consignas ya no pide reformas ni maquillajes. Clama por el final de una era frente al quebranto económico. A diferencia de la Ola Verde tras las elecciones de 2009 o del grito “Mujer, Vida, Libertad” de 2022 a raíz del burdo asesinato de la joven Masha Amini por llevar mal puesto el velo islámico, aquello que comenzó con la caída estrepitosa del rial, la moneda iraní, pasó a ser una impugnación del régimen que rige los destinos del país desde la revolución islámica de 1979. Se trata de la postración de un contrato social con un régimen zombi que sobrevive por la fuerza bruta, con un tendal de cadáveres y detenidos aún incierto por el apagón informativo. La vulnerabilidad dejó de ser interna. Donald Trump, con su Doctrina Donroe, ha reconfigurado el tablero internacional desde la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. Esa presión, la (leer más)
Lo que el mundo presenció el sábado 3 de enero no tiene precedente en la historia moderna de Iberoamérica. En una operación militar y de inteligencia sin parangón, ejecutada bajo las órdenes directas del presidente Donald Trump, Nicolás Maduro ha sido capturado en suelo venezolano y trasladado de inmediato a una celda federal en Brooklyn, Nueva York. “El gobierno del presidente Trump invocó simplemente su seguridad nacional, los intereses de sus empresas petroleras y la necesidad de restablecer el orden en la región sin molestarse siquiera en articular un argumento jurídico mínimamente plausible”, repone Nahuel Maisley, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Nueva York, e investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales Ambrosio L. Gioja y del Conicet, durante una entrevista en Cuarto de Hora, programa de CADAL TV. La Casa Blanca justifica esa acción bajo la bandera de la lucha contra el narcoterrorismo, señalando a Maduro como el líder de una estructura criminal transnacional que ha inundado de fentanilo y cocaína las calles de Estados (leer más)
La falta de confianza de Donald Trump en María Corina Machado para tomar las riendas de Venezuela después la operación militar con la que Estados Unidos arrestó a Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores, abre un nuevo paradigma. A sus ojos, la líder de la oposición y premio Nobel de la Paz “no tiene apoyo ni respeto dentro del país”, más allá de haber apoyado el despliegue norteamericano en el Caribe. Trump echa por tierra con esa declaración la posibilidad de que asuma la presidencia Edmundo González Urrutia, ganador en nombre de Machado de las elecciones del 28 de julio de 2024. Trump sigue al dedillo los lineamientos de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), presentada en diciembre. Se trata de una reformulación de la Doctrina Monroe, aquella que puso a raya la influencia de Europa en el hemisferio occidental en el siglo XIX. Cuatro ítems titulados Corolario Trump validan la consigna America First con un mensaje controvertido: América para los norteamericanos. “Ahora la llaman la Doctrina Donroe”, se ufana Trump del juego de palabras entre Donald (leer más)
La Doctrina Monroe, aquella que puso a raya la influencia de Europa en el hemisferio occidental durante el siglo XIX, retorna con nuevos bríos de la mano de Donald Trump. La menciona cuatro veces con el título Trump Corollary en la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN). “En todo lo que hacemos, estamos poniendo a Estados Unidos primero”, rubrica su consigna America First como en su mandato anterior, revival entonces de la crisis económica del treinta y del anticomunismo de los cincuenta. Recargado ahora con tono y reproche político “tras cuatro años de debilidad, extremismo y fracasos fatales”. Los del gobierno de Joe Biden. La presentación del documento, de 33 páginas, coincide con la tensión en el Caribe. No solo por el despliegue militar frente a Venezuela, sino también por la presión externa que ha detonado el premio Nobel de la Paz para María Corina Machado. Un cachetazo para Nicolás Maduro y una decepción para Trump, convencido, como dice el texto, de haber “consolidado su legado como el presidente de la paz”. Machado quebró 16 meses (leer más)
Antes de soltar amarras hacia el Caribe con un portaviones descomunal frente a las costas de Venezuela, el gobierno de Donald Trump había dejado entrever que en su segundo mandato iba a combinar en el vecindario algo así como nostalgia soberana con cartografía creativa. Con un discurso de tiempos en los cuales los imperios se anunciaban a cañonazos y los mapas se corregían según los estados de ánimo, Trump prometió recuperar el Canal de Panamá, convertir a Canadá en el Estado número 51 de Estados Unidos y comprar Groenlandia. El Golfo de México, en su léxico, pasó a llamarse Golfo de América. Nada de eso ocurrió. En todos los casos, Trump aplicó el arte de la provocación, más habitual en los negocios que en la política o, menos aún, en la diplomacia. Luego iba a caer como un rayo el aviso de aranceles y represalias contra Brasil por la presunta persecución judicial o “caza de brujas” del expresidente Jair Bolsonaro, un aliado condenado por el intento de impedir la investidura de Luiz Inácio Lula da (leer más)
Cuando Donald Trump recibió en el Salón Oval al presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, el vicepresidente norteamericano, JD Vance, lo reprendió por haber hecho campaña a favor de los demócratas durante los comicios de 2024. El reproche tuvo que ver con una visita a una fábrica de municiones de un Estado electoral clave, Pensilvania, en septiembre, y con una reunión con la entonces candidata demócrata, Kamala Harris, en Washington. La guerra de Rusia contra su país quedó en un segundo plano, supeditada, en realidad, a la buena relación personal del anfitrión con Vladimir Putin. En esos términos, más cercanos al interés particular que al nacional, Trump respaldó desde el llano en 2022 al primer ministro de Hungría, Viktor Orban, y, de vuelta en la Casa Blanca, a Karol Nawrocki en las presidenciales de Polonia de 2025. Entre afinidades ideológicas y rencillas políticas, la diplomacia electoral consiste en encasillar gobiernos o candidatos, de modo de alentarlos o denigrarlos. Por esas pasaron el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, acusado sin basa de persecución de blancos, y el canciller de (leer más)
Persiste la incertidumbre sobre Venezuela, pero también renace la ilusión. El gobierno de Donald Trump cerró las vías diplomáticas y elevó a 50 millones de dólares la recompensa por la captura de Nicolás Maduro, acusado por narcotráfico en Estados Unidos, así como de otros cabecillas del régimen. Antes del sorpresivo anuncio del premio Nobel de la Paz, otorgado a la líder opositora María Corina Machado, el sociólogo Rafael Uzcátegui, codirector de Laboratorio de Paz, expresaba su preocupación por la renuncia de dos integrantes de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela, Patricia Tappatá y Francisco Cox, debido a la crisis presupuestaria de la ONU. «Brasil y Colombia podrían haber tenido un rol protagónico para resolver el conflicto», decía Uzcátegui, exiliado en México, durante una entrevista en el programa Cuarto de Hora, de CADAL TV, con referencia al fraude electoral del 28 de julio de 2024 por el cual Maduro continuó atornillado en el poder. «Lo que ocurrió en México (con los aranceles) puede ser un espejo, con matices, (leer más)
Con un ataque en aguas internacionales contra una lancha que supuestamente transportaba drogas, Donald Trump dio el pistoletazo de salida (starting shot, en su léxico) contra el régimen de Nicolás Maduro. La nave había partido de Venezuela. Iba a Estados Unidos. Murieron 11 personas. Pertenecían, según Trump, al cártel Tren de Aragua, nacido hace más de una década en una prisión del Estado homónimo del centro de Venezuela. La pandilla en cuestión operaría al mando de Maduro, según el gobierno norteamericano, a pesar de una evaluación rebatida por su propia inteligencia. Maduro, mientras tanto, estaba dándose un baño de masas o de “amor patriótico”, como señaló un meloso presentador de la televisión de su país. Caminaba con su mujer, Cilia Flores, por las calles del barrio de su infancia. El envío de buques norteamericanos a aguas de Venezuela para frenar el narcotráfico se vio ahora coronado por la primera acción concreta. La acusación de Trump iba contra el Cártel de los Soles, presuntamente dirigido por Maduro y respaldado por «individuos venezolanos de alto rango». Lo (leer más)
En vísperas de los comicios regionales y legislativos del 25 de mayo, el régimen de Venezuela apeló al mismo método que había aplicado antes y después de las fraudulentas presidenciales del 28 de julio de 2024: la detención arbitraria de opositores y activistas, muchos de ellos extranjeros, como el gendarme argentino Nahuel Gallo, preso desde diciembre de 2024. La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela había advertido antes de las últimas elecciones que el gobierno de Nicolás Maduro debía cesar de inmediato la detención de opositores o de quienes percibe como tales, como los defensores de derechos humanos. Uno de sus miembros, Patricia Tappatá, defensora de derechos humanos con formación en ciencias sociales, dice en Cuarto de Hora, programa de CADAL TV conducido por Jorge Elías: “El gobierno viene desarrollando una política destinada a eliminar todo rastro de oposición”. Como en Nicaragua y en Cuba. Ese órgano, establecido en 2019 por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU a raíz de las violaciones de derechos humanos (leer más)
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