Cambio de guardia
Razones de fuerza mayor, empezando por el calendario propio y las amenazas ajenas, precipitaron la decisión de Bush EN forma simultánea con la precipitada ceremonia de transferencia de la soberanía de Irak, furtiva, casi clandestina, un video de pésima calidad difundido por el canal árabe Al-Jazeera mostraba la aparente ejecución con un disparo en la nuca de un soldado norteamericano secuestrado hacía tres meses. Esa otra ceremonia, también furtiva y casi clandestina, reflejaba la consecuencia más tenebrosa de una acción, o una reacción, que apuró el final de una dictadura y el comienzo de una paradoja. Complemento, no esencia, de la mentada lucha contra el terrorismo. En otras circunstancias, o en otros tiempos, quizás el honor hubiera primado sobre el orgullo. De ahí, el resultado difuso de la guerra: la entrega de las llaves de los palacios de Bagdad a las autoridades provisionales de Irak, adelantada dos días por razones de seguridad, no estuvo signada por la gloria de una victoria militar ni de la liberación de un pueblo oprimido, sino por imperio de otra (leer más)
