La Revolución Francesa
Una nueva generación de gobernantes europeos refirma la identidad nacional y recompone la relación con los EE.UU. Dejó dicho Napoleón que los problemas de Francia se resolvían con dos cosechas. Con dos cosechas, Nicolás Sarkozy no resolvió los problemas de Francia, pero, como hijo de una generación invicta del trauma de la Segunda Guerra Mundial, se perfiló en la campaña electoral como el sepulturero del gaullismo y, en plan de renovación, como el partero de otro tipo de alianza con Europa y los Estados Unidos. Un conservador interpretó entonces el papel de revolucionario en una obra en dos actos que vino a ser el anverso de la resistencia a la posibilidad de que el legado del último Tony Blair, parecido a Margaret Thatcher, demuela lo que quedó en pie de la utopía de Mayo del 68. En Francia, nada menos. Sarkozy pertenece a la generación de la canciller de Alemania, Angela Merkel, conservadora como él. Pertenece, también, a la generación de Blair, en retirada tras su último acto: el histórico acuerdo entre protestantes y católicos (leer más)
