Política

Moros contra cristianos

Seis años y monedas después de la Primavera Árabe, Egipto restauró el estado de emergencia. La medida, en vigor durante 83 de los últimos 103 años, aumenta los poderes de la policía e restringe la libertad de movimiento. El presidente Abdel Fatah al Sisi echó mano de ella, con la venia del Parlamento, después de los atentados contra la Catedral de San Marcos, en Alejandría, y la Iglesia de San Jorge, en Tanta. Ambos coincidieron en forma intencional con el Domingo de Ramos, puntal de las evocaciones de la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo. También coincidieron con los preparativos para la visita a Egipto del papa Francisco, prevista para el 28 y el 29 de abril. Nada es casual: el Daesh, ISIS o Estado Islámico midió el impacto de las masacres contra los coptos. La palabra copto deriva del término griego aigyptos, razón por la cual copto y egipcio son casi sinónimos. Esa rama cristiana, blanco de ataques durante la Navidad de 2016, compone una minoría en la población egipcia, de mayoría (leer más)

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Trump tira por elevación

La madre de todas las bombas dio en el blanco: Corea del Norte. Impactó en una red de túneles del ISIS-K (sucursal del Daesh, ISIS o Estado Islámico) en Afganistán, pero sirvió de advertencia para el régimen de Kim Jong-un. Su enorme detonación mató a 36 islamistas. No arrojó víctimas civiles, según el Pentágono. Les abrió paso a las tropas afganas que combaten codo a codo con las norteamericanas contra el Daesh en el nido del régimen talibán, su semillero y el de Al-Qaeda. Ambas facciones, brotes de la misma rama terrorista, combaten entre sí tanto en Afganistán como en Siria y en otros países. Se trató de una demostración de fuerza que, a diferencia de la represalia unilateral contra Siria por el uso de armas químicas, contó con la aprobación del gobierno afgano. El principal destinatario era Corea del Norte, cuyo líder, Kim Jong-un, prepara otro ensayo nuclear para este sábado en coincidencia con el cumpleaños número 105 de su difunto abuelo, Kim Il-sung, fundador del régimen. Trump redobla de este modo la ofensiva (leer más)

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Crimen en Siria y castigo en Rusia

Sin aviso, Donald Trump ordenó un ataque contra el régimen de Siria. Despachó más de medio centenar de misiles Tomahawk en represalia por el bombardeo con armas químicas que segó la vida de 86 civiles, un tercio de los cuales eran niños. La súbita intervención de los Estados Unidos en una guerra que lleva seis años, más de 320.000 muertos y 10 millones de desplazados y refugiados ha sido interpretada por el gobierno de Vladimir Putin, aliado del dictador sirio Bashar al Assad, como una “agresión a un Estado soberano”. Putin, considerado el puntal de la victoria electoral de Trump en 2016, debe sopesar ahora hacía qué extremo inclinarse. La arremetida de los Estados Unidos contra Siria, bautismo de fuego de Trump, coincidió con la visita del presidente de China, Xi Jinping, a su mansión y club de golf en Florida, Mar-a-Lago. El mensaje pareció ser en estéreo. No sólo para Assad, sino también para el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. En la víspera de la reunión de Trump con Xi, Kim disparó (leer más)

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Venezuela contra Venezuela

Siete jueces designados por el gobierno sustituyeron a 167 diputados elegidos en los comicios de diciembre de 2015. Eso ocurrió en Venezuela, deudor de la elección de 23 gobernadores y de 335 alcaldes desde diciembre de 2016. Deudor, también, del referéndum revocatorio del mandato del presidente, Nicolás Maduro, tramitado por la Asamblea Nacional. El referéndum debía celebrarse antes del 10 de enero de 2017. Maduro, arropado en la sexta renovación desde el comienzo del año del decreto de excepción y emergencia económica, prefirió evitar una eventual rebelión de las masas. La rebelión estalló por la decisión del Tribunal Supremo de despojar de sus funciones a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora. Un golpe o autogolpe en toda regla. La fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, marcó sus diferencias frente al avasallamiento del Poder Ejecutivo y “la ruptura del orden constitucional”. Ortega Díaz, en el cargo desde 2007, dejó entrever una grieta en las filas del oficialismo, algo extraño en los últimos 18 años de unicato chavista. La presión internacional también influyó para la (leer más)

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Échale la culpa a Obama

Lapidario, el director del FBI, James Comey, desestimó la imputación de Donald Trump contra Barack Obama. Lo acusaba de haberlo espiado durante la campaña de 2016. Una denuncia sensacional, pero sin fundamento. ¿Cómo surgió? El conductor de un programa de radio, Mark Levin, lanzó la historia al aire. Obama se habría valido de “medios del gobierno federal” para intervenir la línea telefónica de Trump. De ser cierto, era “el gran escándalo”, como lo definió Levin. El sitio Breitbart News, antes dirigido por Steve Bannon, jefe de estrategia de la Casa Blanca, la echó a rodar cual bola de nieve. En menos de 24 horas, Trump disparó furibundos tuits contra su antecesor: “¡Terrible! Acabo de enterarme de que Obama tenía mis líneas pinchadas en la Torre Trump antes de la victoria. No se encontró nada. Esto es ¡McCarthyismo!”. Asombroso. El presidente de los Estados Unidos, nada menos, había comprado la idea de la conspiración. Y comenzó de ese modo una caza de brujas al estilo de las emprendidas por el senador republicano Joseph McCarthy en los (leer más)

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La ultraderecha se desinfla en Holanda

Al filo de la campaña, Turquía metió la cola en las elecciones de Holanda. La crisis entre ambos gobiernos aireó la xenofobia contra los musulmanes en particular y contra los extranjeros en general. Intentó sacarle rédito el líder del Partido de la Libertad (PVV), Geert Wilders, un provocador nato. En la campaña, Wilders tildó a los marroquíes de “escoria” y le sugirió al diputado holandés de origen turco Tunahan Kuzu que se fuera del país. En respuesta, Kuzu le reprochó que su partido instaba a prohibir el Corán y cerrar las mezquitas como, en los años treinta, el régimen nazi instaba a prohibir la Torá y cerrar las sinagogas. Era el momento Wilders de la historia, con el Brexit y Donald Trump como estandartes, pero perdió. Su derrota en las parlamentarias holandesas resultó un alivio para los partidos centristas. De haber ganado, difícilmente iba a ser el primer ministro, sobre todo por las alianzas que requiere el sistema, pero tapizaba el camino de otras agrupaciones euroescépticas. Wilders llegó a ser el favorito en algunas encuestas. (leer más)

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Francia va a los tribunales y a las urnas

Siete de cada diez franceses creen que los políticos son incapaces de resolver sus problemas. Lo mismo ocurre en otras latitudes. En Francia, en vísperas de las presidenciales de abril y mayo, el candidato conservador François Fillon debe responder ante los tribunales por los presuntos empleos parlamentarios ficticios de su mujer, Penelope, y de sus hijos mientras él era senador. Habrían cobrado cerca de 900.000 euros. Fillon no está solo. La candidata por el ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, también deberá sentarse en el banquillo: habría pagado el sueldo de su guardaespaldas y habría costeado gastos de su partido con fondos del Parlamento Europeo. Ambos sospechan que se trata de una conjura de la prensa y de la justicia, al mejor estilo Donald Trump. Y, más allá de la promesa de Fillon de deponer la candidatura en caso de ser imputado, no lo hará: “No cederé, no me rendiré, no me retiraré”, martilló. Tampoco lo hará Le Pen, encaramada como una de las favoritas en las encuestas. Flaco favor les hacen a aquellos que (leer más)

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Putin atiende en Washington

En diciembre, mientras funcionarios de Rusia, Turquía e Irán evaluaban en Moscú la situación de Siria tras la caída de Alepo, Michael Flynn mantuvo contactos con el embajador ruso en Washington, Sergei Kislyak, Hablaron de las sanciones de Barack Obama contra el gobierno de Vladimir Putin por los ciberataques que perjudicaron a la candidata demócrata en las elecciones de noviembre, Hillary Clinton. Flynn asumió en enero como consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump. Duró 24 días. El FBI descubrió que su versión de los diálogos con el embajador ruso distaba de la que le había brindado al vicepresidente Mike Pence y a otros altos cargos. El Acta de Ley Logan, aprobada durante la presidencia de John Adams en 1799, dice que es ilegal que “ciudadanos no autorizados” negocien con gobiernos extranjeros. De haber quebrantado “las medidas de los Estados Unidos”, el general retirado Flynn, condecorado por desmantelar redes insurgentes en Afganistán e Irak, debió ser “multado bajo este título, puesto en prisión por no más de tres años, o ambas”. No ha (leer más)

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La sombra de Trump

El provocador de ultraderecha Milo Yiannopoulos iba a dar una conferencia en la Universidad de California en Berkeley, San Francisco. Debieron cancelarla por violentas protestas de los estudiantes. Apenas se enteró, Donald Trump disparó desde Twitter: “Si la UC (Universidad de California) Berkeley no permite la libertad de expresión y ejerce la violencia contra personas inocentes que tienen puntos de vista diferentes, no habrá fondos federales”. Escribió en mayúsculas lo último, “no habrá fondos federales”, de modo de reforzar la amenaza. Traducido: no toquen a Alt-Right (Derecha Alternativa) o lo pagarán caro, carísimo. ¿Qué llevó al presidente de los Estados Unidos a salir en defensa del periodista británico Yiannopoulos, editor de tecnología del sitio de extrema derecha Breitbart News? El insoslayable influjo de su ex director ejecutivo, Steve Bannon, ahora jefe de estrategia de la Casa Blanca. El poder detrás del poder o, quizás, el arquitecto del caos. La sombra de Trump, más allá de que desde su arribo a Washington se haya despachado con igual vehemencia que su jefe contra la prensa. La tildó (leer más)

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El Eje del Mal, versión Donald Trump

Donald Trump le hizo saber al primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull, que el compromiso de Barack Obama de acoger en suelo norteamericano a 1.250 refugiados era “estúpido”, sobre todo después de imponer el veto migratorio a siete países de mayoría musulmana. El diálogo telefónico con un aliado que combatió codo a codo con los Estados Unidos en Afganistán e Irak terminó mal. Duró 25 minutos, 35 menos de lo previsto. También le había hecho saber a su par de México, Enrique Peña Nieto, que iba a enviar tropas del otro de la frontera para detener a los “bad (malos) hombres” a menos que el ejército mexicano se esforzara en controlarlos. En dos semanas en la Casa Blanca, Trump llevó al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a tildarlo de “amenaza exterior” y al secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, a exigirle que deponga el veto migratorio contra los ciudadanos y los refugiados de Siria, Irak, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen porque viola las obligaciones de los Estados (leer más)

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Rompan todo; paga Trump

En poco más de un cuarto de hora, lo que duró su pletórico discurso de investidura, Donald Trump rompió con el orden establecido. Y en una semana de mandato demostró con creces que no había soltado de casualidad la llamativa palabra “masacre” en esa infausta pieza de su autoría. Describió a los Estados Unidos como si estuvieran al borde del colapso. Esa visión quimérica y apocalíptica resultó ser la base argumental de un plan aislacionista en lo político, proteccionista en lo económico y xenófobo en lo social. Un plan de escasos amigos que, a su vez, no son los mejores para apuntalar la supremacía norteamericana en un planeta huérfano de líderes. Los Estados Unidos con Trump, como el Reino Unido con su salida de la Unión Europea, decidieron archivar dos siglos de hegemonía anglosajona en todos los órdenes, desde el cultural hasta el militar. En el caso de Trump, tendiendo muros físicos e ideológicos, que son aún peores que los otros, la cerrazón fortaleció en un santiamén la imagen global de sus presuntos adversarios. Es (leer más)

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La demolición del legado

En los Estados Divididos de América, como supo llamarlos la revista Time para concederle a Donald Trump el título de personaje del año en 2016, la Cámara de Representantes dio luz verde al desmantelamiento de uno de los pilares de la presidencia de Barack Obama: el sistema federal de salud, llamado despectivamente Obamacare. La medida, aprobada en forma previa por el Senado, reprime la intromisión del gobierno federal en las competencias de los Estados. Cuenta, en su esencia, con el respaldo de los legisladores republicanos, celosos de ese tipo de injerencias, pero también despierta dudas entre ellos sobre el futuro del sistema de salud. Dudas despierta, en realidad, el gobierno de Trump. El desánimo de la población asciende al 73 por ciento en los Estados en los que ganó las elecciones y al 68 por ciento en los que se impuso Hillary Clinton, según Gallup. Cerca de 20 millones de norteamericanos adquirieron seguros de salud por medio del Obamacare. Cinco de los 16 gobernadores republicanos que participaron del sistema pidieron a sus legisladores que consideraran (leer más)

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El sincericidio de Trump

¿Qué hace al filo de las seis y media de la mañana de un lunes el presidente electo de los Estados Unidos en una semana durante la cual brindará su primera conferencia de prensa en casi medio año y, a su vez, varios miembros de su gabinete desfilarán por el Senado para ser confirmados? ¿Duerme? ¿Medita? ¿Proyecta su inminente gobierno? Frío. Despacha furibundos tuits contra la actriz Meryl Streep en respuesta a un discurso de la noche anterior, durante la ceremonia de los Globos de Oro, en el cual se sintió aludido sin ser mencionado. Le reprocha ser “una de las actrices más sobrevaloradas de Hollywood” y “una lacaya de Hillary, que perdió de manera aplastante”. Donald Trump continúa en campaña y, con el mismo tono grosero con el cual trata a los periodistas escépticos o enrolados en medios de comunicación críticos, echa mano de su juego favorito, Twitter, acaso como el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, muestra músculo lanzando misiles a diestra y siniestra. Es la era de los mandatarios envalentonados, como (leer más)

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Daesh: rápido y furioso

Detrás de cada masacre que se atribuye el Daesh, Estado Islámico o ISIS, sea de su autoría o no, prima un fin letal para los Estados: humillar a los gobiernos por su incapacidad para defender a los ciudadanos a pesar de las fortunas que invierten en medidas de seguridad y, de ese modo, minar sus recursos económicos, provocando abruptas caídas en el turismo y sectores afines. Se trata de una estrategia empresarial, más allá de que el terrorismo sea la mercancía. Los atentados contra clubes nocturnos, restaurantes y discotecas de París, Bruselas, Niza, Berlín y Estambul demuestran que un califato de siglos pretéritos ha elegido como blanco las ciudades del siglo XXI. La amenaza permanente, aderezada por lobos solitarios que obran a veces por motu proprio, desgasta a las autoridades de los países que ataca. ¿Cómo permitieron los gobiernos de Francia y de Alemania, piedras basales de la Unión Europea, que sospechosos de terrorismo embistieran con camiones contra multitudes en Niza y en Berlín? ¿Cómo pudo ser asesinado el embajador de Rusia en Turquía? ¿Cómo (leer más)

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El miedo y la ira se dieron la mano

En las primeras horas del 9 de noviembre, apenas los periodistas olfateamos el fiasco de Hillary Clinton en las presidenciales de los Estados Unidos, giramos sobre nuestros talones y, en un pispás, enfilamos hacia el hotel en el cual Donald Trump festejaba su victoria. Era una noche plomiza, lluviosa, sobre una ciudad, Nueva York, más habituada al frenesí del mediodía que a los sacudones nocturnos. Las lágrimas de los demócratas eran elocuentes. Ese día, aún incipiente, se cumplía un nuevo aniversario de la caída del Muro de Berlín o, en palabras de Francis Fukuyama, de “la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final del gobierno humano”. El final de la historia, un diagnóstico apresurado, pasó a ser el prólogo de una nueva era en un año, 2016, signado por el Brexit y coronado por Trump como paradigmas de la demolición del orden anterior, en repudio al statu quo, y por el afianzamiento de liderazgos de sesgos autoritarios. Ganaron el miedo y la ira. Lejos de 1989. La desilusión generalizada con la globalización, (leer más)