Terrorismo a precio vil

Los extremistas islámicos gastan menos dinero, corren pocos riesgos e infunden más temor cuando uno de los suyos atenta contra sitios públicos de su propio país




Espeluznante: cómo ser un hombre bomba, según el Daesh

Durante el mes de Ramadán, los musulmanes deben cumplir con el sawn (ayuno) desde el alba hasta la puesta de sol. A la hora de la cena estaba abarrotado el centro de Bagdad, Irak. Estallaron dos coches repletos de explosivos. Al día siguiente, temprano, cuando la gente salía de su casa, un camión bomba hizo estragos en el barrio diplomático de Kabul, Afganistán, nido del régimen talibán y de Al-Qaeda. En ambos atentados, así como en un posterior ataque suicida contra el aeropuerto de Jalalabad, también en Afganistán, pudo haber dejado su huella el Daesh, ISIS o Estado Islámico, aunque no se los haya atribuido.

La pérdida de territorio en cuotas en Irak y en Siria, donde el Daesh pretende apuntalar su califato, es directamente proporcional al aumento de las masacres en otros confines. Las instrucciones son precisas: ejecutar atentados baratos con vehículos, cuchillos o explosivos en sitios concurridos, como un estadio, una discoteca, un teatro, un mercado o la vía pública. En eso se diferencia de Al-Qaeda, de la cual se desprendió en 2014. La táctica de Al-Qaeda consiste en crear una red de apoyo para atacar objetivos simbólicos, como las Torres Gemelas, el Pentágono, la estación madrileña de Atocha o la red de metro de Londres.

La premisa en Irak y Afganistán, asediados por los bombardeos y la guerra tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001, pudo haber sido eliminar apóstatas que no comulgaban con la rama sunita del islam, la mayoritaria. Una limpieza religiosa en toda regla en coincidencia con el mes sagrado.

Desde la ciudad siria de Dabiq los muyahidines se proponen vencer a los infieles, propalar la yihad (el esfuerzo de todo musulmán para imponer la ley divina) y conquistar Rumiyah (Roma). La profecía de Mahoma, bajo la glosa amañada del Daesh, pasó a ser una norma. Su órgano de propaganda cambió de nombre a finales de 2016. Rumiyah por Dabiq. Traducido: Europa por Medio Oriente. Giró con énfasis hacia blancos europeos, como Manchester y París, sin descuidar enclaves propios y caóticos, como Irak y Afganistán.

El Daesh comete atentados de bajo costo y gran impacto. Coincide con Al-Qaeda en el fin, pero no comparte la estrategia. Ambos usan la religión como excusa para deplorar el “decadente” estilo de vida de aquellos que no abrazan el islam como ellos. Unos necesitan un territorio, el califato, para hacerse fuertes y reclutar voluntades capaces de actuar en forma individual. Los otros, debilitados desde la muerte de Osama bin Laden, actúan como un ejército. En Gran Bretaña, como en Francia, el Daesh asomó la cabeza en vísperas de elecciones. Privilegió, tanto en Manchester como en París, así como antes en Londres, la autoría de ciudadanos nativos.

La crueldad no respeta sexos ni edades. Es indiscriminada. En Manchester, el Daesh, según sus palabras, apuntó contra “un desvergonzado recital en un estadio”. Apuntó contra adolescentes que habían ido a vivar a una cantante norteamericana de 23 años de edad, Ariana Grande, cultora de la libertad y de la independencia de la mujer. Algo inaudito a sus ojos. Boko Haram, afín al Daesh en Nigeria, siembra el terror secuestrando niñas en edad escolar. Las chicas Chibok (por el nombre de su pueblo). Lo de Manchester, a diferencia de otros atentados, apuntó contra la mujer como reflejo de ese estilo de vida supuestamente inmoral.

¿Por qué en los países centrales no atentan contra objetivos militares o gubernamentales? Porque están más custodiados que antes y porque las consecuencias serían mínimas en plan de crear paranoia. Más brutalidad contra civiles desprevenidos implica más adhesión de los suyos y rechazo de los otros. Nosotros. En 2015 atacaron el teatro Bataclan, de París, donde “centenares de infieles se reunieron para un concierto de prostitución y vicio”. El supuesto fervor religioso y el odio hacia la cultura ajena condimentan su caldo de cultivo. El problema es que a medida que el Daesh pierde territorio, los muyahidines retornan a casa. A Roma, sinónimo de Europa.

Publicado en Télam

Jorge Elías
@JorgeEliasInter