
Prisión a cielo abierto
En enero de 2020, Corea del Norte fue el primer país en cerrar a cal y canto sus fronteras. La aparición del COVID-19 llevó a la dictadura a ampliar las vallas y los puestos de vigilancia, y a imponer nuevas normas y endurecer aún más las que ya existían. La represión, sumada a las restricciones comerciales impuestas por China, empeoró la grave situación de los derechos humanos. Lina Yoon, investigadora principal sobre la península coreana de la División de Asia de Human Rights Watch y redactora del informe “Una sensación de terror más potente que una bala», señala en Cuarto de Hora, programa de CADAL TV: «El sistema comunista de Corea del Norte está diseñado para controlar a la población». Las nuevas restricciones, amplias, excesivas e innecesarias, afectaron gravemente la seguridad, dice el informe, que documenta el cierre de Corea del Norte de 2018 a 2023. También esboza el impacto económico de las sanciones de la ONU en 2016 y en 2017, incluido el de aquellos sectores no sancionados, y las importaciones de alimentos y (leer más)