Catalejo

Cuando Bush daba la hora

A mediados de 2007, George W. Bush sufrió un percance en la ciudad de Fushe Kruje, Albania. Comenzó a estrechar manos con el reloj puesto y terminó de hacerlo sin él. ¿Se lo habían robado? “Lo encontró uno de sus guardaespaldas y se lo entregó a su mujer”, repuso el gobierno albanés, alérgico al escándalo. Antes de partir, desde la puerta del Air Force One, el presidente de Estados Unidos saludó con el brazo izquierdo en alto. Dejó a la vista la correa de cuero negra de su Timex. La misma marca que usaba Osama bin Laden. Sospechas y suspicacias al margen, el gobierno albanés suspiró con alivio en aquella ocasión. Iba ser embarazoso que Bush perdiera en su país el reloj, un modelo barato, y que sospechara que Bin Laden estuviera detrás del posible robo para tener uno de repuesto. Cuatro años después, Fushe Kruje erigió una estatua de tres metros de altura en honor a su héroe (Bush, no Bin Laden). Bush saluda con el brazo izquierdo en alto, como en su única (leer más)

Política

¿Irán a la guerra?

Tanto Irán como Estados Unidos niegan la contingencia de una guerra, pero uno se prepara para lo peor y el otro refuerza su flota en el Golfo Pérsico. La comanda el portaaviones USS Abraham Lincoln. El del cartel de “misión cumplida” en Irak, con la presencia de George W. Bush, en 2003. Por si fuera poco, el Pentágono dejó trascender que alistaría 120.000 efectivos si el régimen teocrático efectúa un ataque o avanza en sus planes nucleares con fines bélicos. Irán abre el paraguas. Dice que no estuvo involucrado en el embate con drones de la insurgencia chiita de Yemen, que apadrina, contra uno de los mayores oleoductos de Arabia Saudita tras el sabotaje contra cuatro barcos, dos de los cuales eran petroleros sauditas, frente a las costas de Emiratos Árabes Unidos. En Yemen, la coalición de Arabia Saudita, principal exportador de crudo del planeta, está en guerra desde 2015 contra los huthis, apoyados por Irán. Esa guerra por delegación, o proxy war, puede definir tanto el poder del reino sunita como el destino de (leer más)

Catalejo

El billete de la suerte

Presidentes, primeros ministros y otros gobernantes son los únicos seres que, como reyes y mendigos, pueden ir por la vida con los bolsillos vacíos. O casi. Pocas veces pagan una cuenta. Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, quiso ser una excepción: mostró su cartera, primero, y después el contenido mientras hacía pública su declaración patrimonial. ¿Qué llevaba? Un billete de dos dólares “dobladito”, regalo de un “paisano” que vive en Estados Unidos y que considera un amuleto de la suerte, y otro de 200 pesos mexicanos, equivalente a 10 dólares. «No tengo tarjeta de crédito, no tengo cuenta de cheques desde hace muchos años», rubricó López Obrador, apodado AMLO por sus iniciales. El billete de dos dólares, en circulación desde 1929, es el más antiguo de los de curso legal en Estados Unidos, pero resulta ser una rareza para los mismos norteamericanos. Sólo el uno por ciento de los dólares que se imprimen corresponde a esa denominación, con el presidente Thomas Jefferson en el anverso y con la reproducción de la obra La Declaración (leer más)

Política

Trump no pudo con la historia

Donald Trump no pudo con Donald Trump. En su primera prueba electoral después de haber ganado la presidencia en 2016, los republicanos mantuvieron la mayoría de número en el Senado, pero perdieron el control de la Cámara de Representantes. Un riesgo para Trump, expuesto a la posibilidad de que los demócratas inicien investigaciones y exijan comparecencias por cualquiera de sus desatinos: desde sus dudosas declaraciones impositivas, los negocios familiares y su affaire con la actriz porno Stormy Daniels hasta la obstrucción de la justicia en la pesquisa sobre el vínculo entre su campaña y Rusia, a cargo del fiscal Robert Mueller. Un eventual impeachment queda lejos: requeriría el apoyo de dos tercios del Senado. El reequilibrio de fuerzas refleja la polarización de la sociedad. Pocas veces tan marcada. Las grandes ciudades votaron por los demócratas y las regiones rurales se inclinaron por los republicanos. O, en realidad, por preservar el lema America First de Trump. La economía marcha viento en popa, pero no influyó tanto como otros factores. En el Congreso habrá más mujeres y (leer más)

Política

La rutina de la provocación

Así como Donald Trump prometió durante su campaña electoral la ruptura del acuerdo con Irán, también se comprometió a trasladar la embajada a Jerusalén, “la capital eterna del pueblo judío«. La decisión, sólo imitada por Guatemala, Paraguay y quizás Honduras, no pudo ser más inoportuna inclusive por la fecha: la víspera del Nakba (catástrofe), éxodo de palestinos tras la primera guerra contra Israel, en 1948. Fue el segundo capítulo en menos de una semana de una rutina. La rutina de la provocación. La mudanza se saldó con un balance de víctimas palestinas en Gaza sin precedente en una sola jornada desde la guerra de 2014 y con heridas diplomáticas de difícil sutura. ¿Qué llevó a Trump a tomar esa decisión, más allá de su promesa de campaña? En 1995, el Congreso de Estados Unidos aprobó el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Una cláusula permitía a los presidentes postergarlo por seis meses. Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama alegaron razones de seguridad nacional para no autorizarlo. También Trump durante su (leer más)

Política

Trump empata con Obama y Clinton

En 2015, cuando la posibilidad de que Donald Trump llegara a ser presidente de Estados Unidos aún era una entelequia, David Berg, profesor de psiquiatría de la Universidad de Yale, observaba que las amenazas a la seguridad percibidas por los norteamericanos provenían “tanto del país (por el cambio demográfico, la codicia de Wall Street, la inmigración y las consecuencias de la desigualdad) como del exterior (el desorden internacional, ISIS, China y Rusia, entre otros)”. Trump, concluía Berg, apelaba a la irritación de sus compatriotas, confiados en que su beligerancia iba a convertir al mundo en un sitio más seguro. Dos años después, en los primeros meses de la gestión de Trump, la imagen de Estados Unidos cayó en 37 países, según el Pew Research Center. La impopularidad global de Trump, con un índice de confianza del 22 por ciento, contrastaba con el 64 por ciento que había alcanzado Barack Obama. ¿Qué pasó en esos años en Estados Unidos? Algo parecido: el 59 por ciento cree que Trump no merece ser reelegido en 2020, dice Gallup. (leer más)

Política

Maduro se corta solo

Desde el exilio, la ex fiscal general venezolana Luisa Ortega Díaz instó a sus compatriotas “a organizarnos en todos los niveles para exigir nuestros derechos y defender la Constitución”. También exhortó a la comunidad internacional a apretar las clavijas contra el gobierno de Nicolás Maduro. Lo hizo por medio de un video, difundido en las redes sociales, con motivo de Año Nuevo. “La presión interna y externa derrotará a la tiranía”, redondeó. El pedido de Ortega Díaz, con captura recomendada después de haber cambiado su línea de pensamiento de chavista de la primera hora a opositora a ultranza, choca con dos realidades: la interna y la externa. La realidad interna se vio reflejada en el resultado de las elecciones municipales de diciembre de 2017. El chavismo, gracias a la deserción de gran parte de la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD), ganó el 90 por ciento de las alcaldías en juego. El mero llamado electoral resultó una mascarada del gobierno para legitimarse en las urnas. Lo logró mientras la MUD, presa de los mismos titubeos (leer más)

Política

Demócratas y republicanos tienen un problema: Trump

WASHINGTON – Como casi todos los demócratas, Dan Restrepo no simpatiza con Donald Trump. Lo sufre. El ex asistente especial del presidente Barack Obama y director para asuntos del hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional está preocupado por la crispación social que reina en Estados Unidos. ¿Es culpa de Trump? “No es la causa, sino el síntoma”, confiesa en la sala de reuniones del Center for American Progress, donde trabaja. “Es el síntoma de varios procesos que hemos vivido en los últimos treinta años, desencadenantes del estancamiento económico y de la crisis global de 2008”, abunda en detalles. Trump confunde el síntoma con un virus. Y lo contagia. En apenas 17 horas despotricó por Twitter contra los senadores John McCain (republicano) y Chuck Schumer (demócrata); el basquetbolista Stephen Curry (Golden State Warriors); la Liga Nacional de Fútbol Americano; el dictador norcoreano Kim Jong-un, e Irán. Eso ocurrió en un día libre. Entre el 1 de enero y el 19 de octubre de 2017 martilló 153 veces las palabras fake news (noticias falsas), según Politifact, (leer más)

Política

Trump tira por elevación

La madre de todas las bombas dio en el blanco: Corea del Norte. Impactó en una red de túneles del ISIS-K (sucursal del Daesh, ISIS o Estado Islámico) en Afganistán, pero sirvió de advertencia para el régimen de Kim Jong-un. Su enorme detonación mató a 36 islamistas. No arrojó víctimas civiles, según el Pentágono. Les abrió paso a las tropas afganas que combaten codo a codo con las norteamericanas contra el Daesh en el nido del régimen talibán, su semillero y el de Al-Qaeda. Ambas facciones, brotes de la misma rama terrorista, combaten entre sí tanto en Afganistán como en Siria y en otros países. Se trató de una demostración de fuerza que, a diferencia de la represalia unilateral contra Siria por el uso de armas químicas, contó con la aprobación del gobierno afgano. El principal destinatario era Corea del Norte, cuyo líder, Kim Jong-un, prepara otro ensayo nuclear para este sábado en coincidencia con el cumpleaños número 105 de su difunto abuelo, Kim Il-sung, fundador del régimen. Trump redobla de este modo la ofensiva (leer más)

Política

El Eje del Mal, versión Donald Trump

Donald Trump le hizo saber al primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull, que el compromiso de Barack Obama de acoger en suelo norteamericano a 1.250 refugiados era “estúpido”, sobre todo después de imponer el veto migratorio a siete países de mayoría musulmana. El diálogo telefónico con un aliado que combatió codo a codo con los Estados Unidos en Afganistán e Irak terminó mal. Duró 25 minutos, 35 menos de lo previsto. También le había hecho saber a su par de México, Enrique Peña Nieto, que iba a enviar tropas del otro de la frontera para detener a los “bad (malos) hombres” a menos que el ejército mexicano se esforzara en controlarlos. En dos semanas en la Casa Blanca, Trump llevó al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a tildarlo de “amenaza exterior” y al secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, a exigirle que deponga el veto migratorio contra los ciudadanos y los refugiados de Siria, Irak, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen porque viola las obligaciones de los Estados (leer más)

Política

La mentira del año

Por Jorge Elías Como es habitual en diciembre, el sitio digital Politifact convoca a sus suscriptores a elegir la mentira del año. Es difícil esta vez. La mentira del año pudo ser el firme rechazo de Hillary Clinton a la acusación de haber enviado material clasificado por su correo electrónico privado mientras era secretaria de Estado de los Estados Unidos o las denuncias de Donald Trump sobre el presunto fraude electoral del que iba a ser víctima. Hubo más claro, atribuidas a las plataformas no tradicionales Google, Facebook y Twitter, como el supuesto apoyo del papa Francisco al candidato republicano. Esas noticas circularon más en la red y recibieron más comentarios que las reales. En el año del Brexit, del tropiezo del acuerdo de paz de Colombia en un referéndum innecesario y de la victoria de Trump, entre otros reveses de la clase política, el Diccionario Oxford escogió su propia palabra para describir el contratiempo y la conmoción que han supuesto. Se trata de post-truth o posverdad. El adjetivo denota “circunstancias en las cuales los (leer más)

Política

Hasta la vista, Obama

Por Jorge Elías NUEVA YORK. – Cuando asumió el poder en 2009, Barack Obama prometió poner fin a las guerras declaradas por su antecesor, George W. Bush. En 2011 anunció el retiro del último soldado de Irak. Tres años después envió asesores militares a ese país para colaborar en la batalla contra el Daesh o Estado Islámico (EI). Sólo en 2015, los Estados Unidos arrojaron 23.144 bombas. La mayoría, 22.110, en Irak y en Siria. Además de dar la venia para continuar las guerras inconclusas en Irak, Siria y Afganistán, Obama aprobó ataques contra grupos terroristas en Libia, Pakistán, Somalia y Yemen. En casi ocho años de gobierno ha llevado más tiempo en guerra que cualquiera de sus predecesores. Es una rareza después de haber recibido el premio Nobel de la Paz en 2009. Ese año, Obama pronunció un discurso histórico en la Universidad de El Cairo. Llamó a terminar con el antagonismo entre el islam y Occidente e invitó a los musulmanes a aislar a los extremistas y asumir su papel como parte de (leer más)

Política

Varones blancos enojados

Donald Trump dice que los Estados Unidos volverán a ser un gran país. Hillary Clinton replica que nunca dejaron de serlo. Para Trump, Hillary es “la chueca”. Para Hillary, Trump es “un fraude”. Sólo uno de cada cuatro norteamericanos tiene una buena impresión de ambos candidatos. Está bien: son los pocos que votan en las presidenciales mientras corta clavos el resto de la humanidad, algo así como 7.000 millones de personas. ¿Por qué tanta expectativa? Porque, nos guste o no, el forcejeo entre la libertad y la equidad en ese país, así como el tono de la campaña, define la tendencia de la democracia en otras latitudes. En casi todas, diría yo. La campaña quedó a trasluz en la convención republicana realizada Cleveland, Ohio, donde Trump aceptó la candidatura. “¡Que la encierren!”, clamaba la multitud, convencida de las faltas de Hillary como secretaria de Estado durante el primer período de Barack Obama en Libia, Nigeria, China, Siria, Rusia y Cuba. Más que errores, crímenes, como el ataque en 2012 contra el consulado norteamericano de Bengasi, (leer más)

Política

La otra guerra de Irak

Más allá de los atentados que comete el Estado Islámico, la población quiere terminar con una corrupción rampante que corroe a buena parte de su dirigencia política Por Jorge Elías De ser por los Estados Unidos y sus aliados occidentales, la prioridad en Irak debería ser derrotar al Daesh o Estado Islámico (EI), grupo sunita que domina parte del territorio y que, en los últimos días, ha cometido atentados atroces. La población, de mayoría chiita, piensa otra cosa. Prefiere presionar al denostado gobierno del primer ministro Haider al Abadi para terminar con la corrupción que corroe a su dirigencia política e impide crear fuentes de trabajo y mejorar los servicios públicos. Son las dos caras de un país que, tras su segunda guerra en poco más de una década y varios experimentos gubernamentales fallidos, no logra levantar cabeza. En esta otra guerra de Irak, la doméstica, el clérigo chiita Muqtada al Sadr ha capitalizado la decepción popular con multitudinarias protestas callejeras que superaron las vallas de la antes inexpugnable Zona Verde de Bagdad, construida por (leer más)

Política

El poder saca canas

Ser presidente tiene el mismo impacto que el tabaquismo, el alcoholismo, la obesidad y el estrés: acorta la vida Por Jorge Elías Escribió Ernest Hemingway: “El poder afecta de una manera cierta y definida a todos los que lo ejercen”. Lo sufrió en carne propia Eduardo Rodríguez Veltzé, presidente de Bolivia entre junio de 2005 y enero de 2006. Era el presidente de la Corte Suprema, cargo en el cual se desempeñaba desde marzo de 2004. “No estaba en mis planes ser presidente de la República”, confesó en el Palacio Quemado (sede del Gobierno). Cayó Gonzalo Sánchez de Lozada y, tras ejercer la presidencia entre octubre de 2003 y junio de 2005 el vicepresidente Carlos Mesa, Rodríguez Veltzé, tercero en la línea de sucesión, no tenía alternativa. En el último tramo de su breve gestión, Rodríguez Veltzé esperaba, ansioso, que asumiera el presidente electo, Evo Morales. “Esto es como si hubieses entrado en un túnel del cual no puedes salir y estás viendo la luz al final –me dijo–. Yo la veo marcada en el (leer más)