Demasiado al Este es Oeste
La Argentina y otros países han reforzado la seguridad en las instituciones judías por temor a una expansión de la intifada Todo árabe se jacta, desde Las mil y una noches, de dos méritos con su vecino: ser árabe y ser vecino. Siempre y cuando no se llame Yasser Arafat, al parecer, tildado de caradura por el gobierno de Ariel Sharon después de haber hecho alarde de su compromiso con el proceso de paz y con los acuerdos firmados con los sucesivos primeros ministros de Israel. Como si sólo fuera víctima de la crueldad ajena. Un ángel entre duendes. Incapaz de sofocar las represalias por la intifada. O de huir de su propio espejo. Superado, en realidad, por el pasado que vuelve: desde la clandestinidad, los líderes de la Brigada de los Mártires de Al Aqsa, rama de la organización Al Fatah, fundada por él mismo, prometen ataques contra blancos judíos, o norteamericanos, más allá de los límites de Medio Oriente, siempre difusos, mientras el terrorista más buscado del mundo, Osama ben Laden, autor de (leer más)
