El mismo afán, la misma furia
A raíz de la masacre de Beslan, Putin prometió aplicar la fórmula de Bush que rechazó antes de la guerra contra Irak En la Convención Republicana, George W. Bush se mofó de sí mismo. De sus furcios frecuentes, en realidad, recopilados en hilarantes antologías llamadas «bushismos». Entre ellos, uno, quizá, defina como ningún otro la dinámica de acción y reacción de su gobierno. Debía hallar una fórmula eficaz para evitar los incendios forestales; la halló de inmediato: talar los bosques. Provocó asombro, pero, por tratarse de quien se trataba, se ganó un lugar de privilegio en la agenda. Terminaron desechándola, desde luego. Otras ocurrencias de Bush no han corrido la misma suerte. Debía hallar una fórmula eficaz para evitar los atentados en los Estados Unidos; la halló de inmediato: ir por los terroristas donde fuere, vulnerando soberanías nacionales y reglas internacionales. Provocó iras, pero, por tratarse de quien se trataba, se ganó un lugar de privilegio en la agenda. Terminaron desechándola muchos. Entre otros, Vladimir Putin, renuente a convalidar la guerra contra Irak en el (leer más)
