Los desafíos del nuevo presidente de Ecuador, Lenín Moreno, y la persistente crisis de Venezuela;
el rechazó global a la decisión de los Estados Unidos de abandonar el Acuerdo de París contra el cambio climático, entrevista con Juan Carlos Villalonga;
los 50 años de la Guerra de los Seis Días;
la campaña para las próximas elecciones en el Reino Unido;
los principales partidos de Italia negocian una nueva ley electoral para adelantar las legislativas;
la muerte del ex dictador panameño Manuel Noriega;
Periodista senior con más de 35 años de trayectoria especializado en geopolítica, análisis político y economía internacional. Experto en comunicación multiplataforma (televisión, radio, prensa escrita y digital) con probada capacidad de liderazgo editorial y conexión con la audiencia. Experiencia como corresponsal en Estados Unidos y enviado especial a conflictos armados (Medio Oriente, Balcanes, Iberoamérica y Asia). Presentador de programas de primer nivel en televisión y radio. Director de medios digitales y columnista de opinión con amplia red de contactos en América, Europa y Asia.
El nombre de origen sunita, adoptado por el amigo y protector de Osama bin Laden, representa una amenaza en Irak, de mayoría chiita, razón por la cual más de 3.000 personas se lo han cambiado MADRID.– La muerte del mulá Mohamed Omar, supuestamente acaecida en abril de 2013, dejó de una pieza a su máxima creación, el régimen talibán, semillero de Al-Qaeda. El paradero de Omar era un misterio desde la invasión a Afganistán, encabezada por los Estados Unidos en 2001. En ese momento, tras la voladura de las Torres Gemelas, el autoproclamado emir de los creyentes recibió cobijo de Osama bin Laden, liquidado en mayo de 2011. Esta vez, después de muchos rumores sobre su deceso, parece que Omar murió. El anuncio tardío coincidió con el comienzo de las negociaciones entre el presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, y el régimen talibán para acordar su enésima tregua. De Al-Qaeda, fundada en Afganistán por veteranos del ala anticomunista que luchaban contra la invasión de la Unión Soviética y nutrida por mujahidines (combatientes) del régimen talibán, (leer más)
Tres años y medio después de proclamar la creación del califato, el presumido Estado Islámico, también llamado Daesh o ISIS, comienza a esparcirse como la arena en el desierto. La pérdida de territorio en cuotas en Irak y Siria es proporcional al aumento de las masacres en otras latitudes. Las instrucciones son precisas: ejecutar atentados baratos con vehículos, cuchillos o explosivos en sitios concurridos, como un estadio, una discoteca, un teatro, un mercado o la vía pública. En eso se diferencia de Al-Qaeda, de la cual se desprendió en 2014. Al-Qaeda, surgida tras la invasión soviética a Afganistán en 1979, crea redes de apoyo para atacar objetivos simbólicos, como las Torres Gemelas, el Pentágono, la estación madrileña de Atocha o la red de metro de Londres. El Daesh nació después de la invasión norteamericana a Irak en 2003. En 2016, frente al repliegue gradual en Irak y Siria, donde llegó a dominar un enclave del tamaño de Suiza y Austria juntas, su órgano de propaganda cambió de nombre. Rumiyah por Dabiq. Traducido: Europa por Medio (leer más)
El mapa geopolítico ha sido nuevamente sacudido. En una maniobra de fuerza sin precedente, el gobierno de Estados Unidos tomó el control del tablero de Venezuela: dictó un plan de tres fases que exige la expulsión inmediata de asesores rusos, chinos, iraníes y cubanos, y se apropió del petróleo, la principal fuente de ingresos del país, como una recompensa de guerra. China, el mayor comprador de crudo venezolano, acusó el impacto. No está dispuesto a perder mansamente su influencia económica en un socio estratégico. El petróleo, esgrime el régimen de Xi Jinping, forma parte de un equilibrio global de suministros y alianzas que no puede decidir un solo actor. El estreno de la Doctrina Donroe, con la captura y el traslado a Nueva York de Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores, resuena ahora en varias comarcas del planeta. En el léxico de Donald Trump, todo gira alrededor del petróleo. No de la restauración de la democracia ni del respeto a los derechos humanos. La tensión excede fronteras. Y no es solo diplomática, sino también (leer más)
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