Milagros bajo los escombros

La desesperada búsqueda de sobrevivientes de los dos terremotos en Venezuela, sin apoyo ni organización eficiente, en una ciudad atravesada por el caos




Una joven es rescatada en las ruinas del edificio El Palmar del Oeste
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Por León Hernández

Mediodía del 26 de junio, en el sector Caraballeda, dos días después del doblete de terremotos que sacudió el occidente costeño de Venezuela, las labores de rescate eran lideradas por personal civil en su mayoría de los casos, sin apoyo alguno de personal militar venezolano. En al menos ocho estructuras desplomadas visibles en un recorrido de apenas dos kilómetros, eran civiles a su suerte, sin mayores equipos que sogas, picos y palas, quienes intentaban dar con personas con vida, atravesando con sus posibilidades placas que otrora sujetaban la vida habitual de decenas de vecinos en cada piso.

Los oficiales se encontraban ubicados en inmuebles específicos, con apoyo de maquinaria pesada, que no era del común para la gran totalidad de inmuebles derrumbados, parcial o totalmente, por el sismo. Se pudo constatar la presencia de maquinaria en algunas residencias del sector Los Corales y Tanaguarenas. No había explicación de la ausencia de estas en otras locaciones.

En Caraballeda, a más de 36 horas del sismo del miércoles, era común ver a familiares esperar noticias a las afueras de los edificios. Algunos, con algunas pertenencias de lo que pudo haber sido identificado como propio de los tapiados, aguardando.

En las labores espontáneas de voluntarios, algunos coordinados por bomberos, era común solicitar el apagado de motores, para tratar de escuchar los gritos y sonidos provenientes del interior de las estructuras colapsadas. Edificios de 5, 6, y hasta 12 pisos, apilados placa por placa, una sobre otras, asemejando un caótico mazo de cartas, con enseres como sillas, mesas, camas, destruidas, entre estas, pero aún visibles como capas. Columnas caídas, guindando de forma aleatoria, ya habían perdido la función de separar los pisos.

Los rescatistas voluntarios hacían anuncios para quienes, en la fachada, esperaban por noticias

Así era lo que se vivía en las residencias Ilona, de Caraballeda, La Guaira, al norte costero central de Venezuela. Al llegar, se podían apreciar botellas de agua de diverso tamaño, pocas sillas en la puerta del edificio con señoras que aguardaban junto a hojas de papel con datos: nombres y números de identificación personal de los desaparecidos. Los vecinos gritaban a la calle: “Las motos, que se vayan”. En esta estructura caída, de la cual habían sido rescatados algunas personas, no había ningún control eficiente para evitar que los transeúntes tocaran bocinas y mantuvieran los ruidos de las motocicletas, entorpeciendo la principal esperanza de los rescatistas: escuchar a alguien con vida entre los escombros.

En el Ilona los rescatistas voluntarios hacían anuncios para quienes, en la fachada, esperaban por noticias. Sentadas permanecían unas siete personas. En la cobertura se pudo escuchar frases que se separaban de la normalidad, y que referían el hallazgo de víctimas fatales, tales como:

-¿Alguna persona que tenga un familiar en el brazo completo de estrellas de colores?

-Este es el teléfono de una mujer pelo negro liso. ¿Alguno lo reconoce?

Allí, conocimos el caso de Michelle Morgana. “Estaba aquí en este edificio Ilona, en el piso seis. Estaba durmiendo en el momento del terremoto con mi esposo. De repente siento que estamos en el aire, de hecho algo me cortó el mentón y comencé a sangrar. El edificio se vino abajo, los pisos tres, dos, uno no existen. Gracias a Dios mi esposo y yo pudimos salir con vida. Nos tuvimos que lanzar de la ventana, nos tuvimos que lanzar haciendo cuerda con las sábanas. Tengo hematomas y raspones en brazos y piernas, por los golpes durante el descenso. No he recibido atención médica, pero yo me siento bien, pueden atender a otras personas que lo necesiten más que yo. Pude usar eso como método para bajar y pude bajar porque lanzamos unos colchones y caí sobre los colchones. Mi esposo no tenía nadie que lo ayudara con las sábanas, él tuvo que sostenerse del muro y luego se tiró en el colchón, pero él está bien. Eso fue un milagro que estemos aquí con vida. Pero de verdad, siento más pesar por las familias que están buscando aquí a sus familiares. Tenía 10 días de vivir aquí, recién compré mi apartamento. El edificio estaba muy habitado, sobre todo los pisos de abajo. Del sótano, pudieron sacar a los cuatro muchachos que estaban allí.”

En otro inmueble del mismo sector, El Palmar del Oeste, conocimos a la pastora cristiana Marianella Torres de Montilla. Junto a su grupo, había salido de Maracay, a 146 kilómetros de la entidad, a las 12:30 am del 26 de junio. Por el colapso de las vías, y la concentración de tránsito pesado, asistencia de médicos y paramédicos, personas interesadas en volver por sus pertenencias a esta entidad playera, arribó a La Guaira a las 6:30. “Trajimos insumos, comida, agua mineral y haciéndole la oración de fe a todo aquel que crea que Jesucristo vive. Hemos ayudado a rescatar a algunas personas, pero todos estaban sin vida.” Allí, constatamos que sin maquinarias, a punta de martillazos, unos 20 rescatistas pudieron sacar a una mujer con vida de los escombros. De nombre Andrea, pudo levantar la mano y alzar el pulgar, celebrando haber sobrevivido, para ser trasladada en camilla hasta la ambulancia. Uno de los rescatistas, gritaba: “¿Quién lo hizo? Jesús!”

Lo más inteligente que se puede hacer, dicho por civiles y voluntarios con experiencia en este tipo de situaciones, es dejar que trabajen los que saben

Pero el suplicio continuó para el resto de quienes esperaban por salir de la estructura. Antony García permanecía en el lugar, a la espera del rescate de un hermano. Hizo una denuncia. “Nos tienen abandonados aquí en el Palmar del Oeste, no hay atención, no hay casi funcionarios. Había una cuadrilla que llegó como a la 1 pm de la tarde del jueves (18 horas después de la catástrofe). No sé por cuál razón el jefe de ellos los sacó a todos. Ellos querían ayudar porque ya habían escuchado a mi hermano vivo, y se los llevaron. No sabemos qué pasó, y se los llevó porque los trató muy mal, porque había muchos que se querían quedar para ayudar a sacar a mi hermano y se los llevaron. Mi mamá la desenterramos viva. La sacamos. Le dimos los primeros auxilios. Nos dijeron que la enviáramos al seguro, y la mandamos con mi hijo. Lamentablemente, allá dijeron que tenía todos los signos vitales bien, pero no le pusieron oxígeno y mi mamá falleció. Obviamente las personas tienen que darle apoyo respiratorio, y a mi mamá le dio un paro cardíaco.”

Los edificios de Caraballeda, en su mayoría, sufrieron severos daños estructurales. Algunos se desplomaron a medias, dando una imagen apocalíptica de inclinación, como barcos que se hundían en la tierra cercana al mar del litoral central venezolano. Edificaciones construidas bajo el gobierno de Nicolás Maduro, conocidas bajo el nombre de Misión Vivienda, también colapsaron en el sector Tanaguarenas.

El caos vehicular y de motocicletas hizo casi imposible la circulación este viernes. En la noche, el ministro del Interior y Justicia, Diosdado Cabello, informó que había sido restringido definitivamente el paso hacia La Guaira, para priorizar el paso de personal de rescate. A pesar de lo racional de la decisión, la desconfianza y la desesperación se apoderó de familiares y allegados que han denunciado apatía por parte de los cuerpos militares venezolanos, una que contrasta con la organización que conocía la entidad después de la tragedia del deslave ocurrida en la zona, en diciembre de 1999, que dejó más de 20 mil muertos.

En horas de la noche de este viernes, comenzaron a llegar a la entidad rescatistas expertos de otras locaciones. Lo más inteligente que se puede hacer, dicho por civiles y voluntarios con experiencia en este tipo de situaciones, es dejar que trabajen los que saben, que llegaron provenientes de otras naciones. Sí, la calamidad desbordó toda capacidad operativa y organizativa de las autoridades venezolanas.



Acerca de Jorge Elias 1923 Articles
Periodista senior con más de 35 años de trayectoria especializado en geopolítica, análisis político y economía internacional. Experto en comunicación multiplataforma (televisión, radio, prensa escrita y digital) con probada capacidad de liderazgo editorial y conexión con la audiencia. Experiencia como corresponsal en Estados Unidos y enviado especial a conflictos armados (Medio Oriente, Balcanes, Iberoamérica y Asia). Presentador de programas de primer nivel en televisión y radio. Director de medios digitales y columnista de opinión con amplia red de contactos en América, Europa y Asia.

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