Política

El bumerán de la negación

La negación tiene un precio. El de exponerse a padecer aquello que uno no quiere o no puede admitir. En Brasil, el coronavirus mató a más de 65.000 personas. Su presidente, Jair Bolsonaro, desdeñó desde el comienzo el impacto devastador de la pandemia. Una gripezinha. Un resfriadinho. Algo peor que, en plan de no sembrar pánico y de promover el contagio controlado para lograr la llamada inmunidad del rebaño, llevó a “lidiar con un escenario” comparado con la muerte de Stalin al primer ministro británico, Boris Johnson, según sus propias palabras, o al confinamiento forzoso del presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, otro autócrata. El bumerán de la negación golpeó la quijada de Bolsonaro. Le dio positivo el test. Nada que temer, dejó entrever, gracias a la hidroxicloroquina. Un antipalúdico descartado después de varios ensayos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Donald Trump dejó de tomarlo. La receta de Bolsonaro, sin pruebas científicas, supuso la renuncia de dos ministros de Salud en menos de un mes, los médicos Henrique Mandetta y Nelson Teich, (leer más)

Política

La pandemia no da tregua

Pese al pedido de una tregua mundial del secretario general de la ONU, António Guterres, para enfrentar la pandemia, los conflictos continúan. Un ruego, casi, el 23 de marzo: silencien las armas; detengan la artillería; pongan fin a los ataques aéreos. Entre esa fecha y el 13 de junio han muerto en enfrentamientos armados más de 20.000 personas, según la organización The Armed Conflict Location & Event Data Project (Acled). Sólo en Yemen, tras cinco años en guerra, 24.000 debieron abandonar sus hogares por los ataques de la coalición dirigida por Arabia Saudita. Esa legión engrosa los 79,5 millones de desplazados que contabilizaban la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) y el Consejo Noruego para los Refugiados a finales de 2019. Una de cada 97 personas en el planeta, cifra jamás registrada. La solicitud de Guterrres, respaldada por 114 gobiernos y varias organizaciones de la sociedad civil, derrapó en poco tiempo. A menos de un mes de formularla, tres soldados filipinos murieron en una emboscada de la guerrilla maoísta Nuevo Ejército del Pueblo, (leer más)

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Los retos de la nueva normalidad

La vida real está en pausa. La nueva normalidad transcurre detrás de máscaras y de un manojo de cables enredados que nos ponen en contacto a los unos con los otros. ¿Cómo habría sido la crisis sanitaria global sin internet? La virtualidad se ha extendido a todos los órdenes de nuestras vidas, incluida la educación, como señala el doctor Avelino Porto, presidente de la Universidad de Belgrano y creador y conductor de Universidad Crítica, programa que lleva casi 27 años en el aire. Esa virtualidad, explica, impone un desafío. El de una rápida adaptación de docentes y de alumnos para no perder el tren de la historia. De esa historia que, en tiempos de coronavirus, nos hace ver apenas los ojos de los demás sin vulnerar el metro y medio o los dos metros de distancia social y nos impide concentrarnos, dormir y retomar los hábitos previos, los conocidos, según la doctora María Poulisis, médica psiquiatra. La pregunta del millón: ¿cuál es el impacto emocional, físico y psicológico del confinamiento? La nueva normalidad impone el (leer más)

Política

Kim juega a la escondida

Que estaba oculto, que estaba muerto, que estaba bromeando. El paradero del líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, despertó infinidad de especulaciones durante tres semanas. Sobre todo, políticas. En el noreste de Asia, sus vecinos Corea del Sur y Japón; su aliado, China, y su adversario lejano, Estados Unidos, viven pendientes de las denodadas pruebas nucleares de la dinastía. Una dictadura de tres generaciones de la familia Kim desde mediados del siglo XX en un país hermético. Su último eslabón, ausente sin aviso, se ganó un mote. El de Rocket Man (Hombre Cohete), según Donald Trump. Mezcla de burla y de respeto. Kim reapareció el 1 de mayo para cortar las cintas de una nueva planta de fertilizantes en la ciudad de Sunchon y se esfumó de nuevo hasta el 24 de mayo. Entre el 25 de enero y el 16 de febrero también se había mantenido en las sombras durante tres semanas. En abril, otras tres semanas. Y, como no participó de los actos por el aniversario del nacimiento de su abuelo y (leer más)

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La incertidumbre en cuatro actos

Cada día sabemos algo más o algo menos. Que máscara no, que máscara sí. No habrá vacuna hasta 2021. Debemos mantener la distancia social, lavarnos las manos y permanecer en casa cuanto podamos. Y, mientras tanto, sobrellevar sarpullidos de ansiedad, miedo y angustia durante la cuarentena. Son tiempos difíciles a los cuales se suman la pérdida de ingresos y la incertidumbre sobre el futuro inmediato. La incertidumbre en cuatro actos: Primer acto: la virtualidad llegó para quedarse con la resignificación del hogar, confirma el ingeniero agrónomo Juan María Segura, asesor, consultor y experto en innovación y gestión educativa. Segundo acto: el mundo se ha convertido en una suerte de laboratorio a cielo abierto, asiente el doctor Osvaldo Teglia, médico especializado en medicina interna e infectología y  profesor adjunto a cargo de enfermedades infecciosas de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral. Tercer acto: una investigación global de Gallup y Voices! muestra en Argentina una gran conciencia de la gravedad de pandemia, según la socióloga Marita Carballo, presidenta de Voices!, de la Asociación Mundial (leer más)

Política

El enemigo imperioso

La masacre continúa. “Nos guste o no, vivimos en una era global en la que lo que sucede a miles de kilómetros de distancia tiene la capacidad de afectar nuestras vidas”, expone Richard Haass en su nuevo libro, The World: A Brief Introduction (El mundo: una breve introducción). Esta vez, añade el presidente del Council on Foreign Relations, “es un coronavirus conocido como COVID-19 que se originó en una ciudad china de la que muchos nunca habían oído hablar, pero se ha extendido a los rincones de la Tierra”. A Estados Unidos, en particular. Donald Trump no vacila en compararlo con Pearl Harbor y los atentados de 2001, y amenaza con “romper toda relación” con China. El enemigo imperioso. ¿Por qué imperioso? Porque, más allá de la responsabilidad del régimen de Xi Jinping en la expansión de la peste y de las sospechas sobre su origen, Trump recrea el momento Taiwán de su historia. China ve a Taiwán como una provincia rebelde mientras Taiwán, con el reconocimiento de algunos países, se considera a sí misma (leer más)

Sociedad

En cuarentena y recalculando

La Tierra es plana, el Holocausto no existió, las vacunas no sirven y el coronavirus, como dice Jair Bolsonaro, no es más que una gripecita. Con ese criterio, la cuarentena por la pandemia de COVID-19 vendría a ser algo así como un ardid de la izquierda, la derecha o los extraterrestres. Estupideces de ese calibre, como echarles la culpa de la crisis sanitaria global al capitalismo y a su hermano menor, el neoliberalismo, llevan a verla como un plan político que, con las fronteras clausuradas, hizo fermentar el nacionalismo. Gracias a Xi Jinping, entonces, Donald Trump se salió con la suya, más allá del tendal de contagiados y muertos en China y en Estados Unidos. El planeta está en cuarentena y recalculando, con desescaladas a ciegas para evitar más quebrantos. Un paso adelante, dos atrás, como en Corea del Sur y en Alemania por los rebrotes. Soluciones intermedias en una puja, negada por algunos gobiernos, entre la salud y la economía. Un período de ensayo y error, según Tom Inglesby, director del Centro de Seguridad (leer más)

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Presos libres, libres presos

En Argentina, como en otros países, la pandemia deparó una paradoja: la mayoría quedó presa, como consecuencia del confinamiento, y varios presos resultaron excarcelados por la virtual propagación del coronavirus tras las rejas. Esa paradoja, dice el abogado penalista y exjuez Eduardo Gerome, no debería existir si las cárceles guardaran las medidas de higiene y de seguridad necesarias. Esa paradoja se codea con otra: el desafío que representa haber privilegiado la salud sobre la economía. “La caída del producto bruto interno va a ser muy grande por un aumento de la pobreza y del desempleo», vaticina el economista Agustín Etchebarne, director general de la Fundación Libertad y Progreso. Sus consecuencias: «Una crisis económica y social que pondrá mucha presión sobre el sistema político argentino”, agrega. No les va mejor a Estados Unidos y Brasil. Sus gobiernos optaron por mantener a flote la economía frente al “peor trance global de la historia”, como lo define el politólogo y periodista Claudio Fantini. “Los liderazgos ideologizados, tanto de derecha como de izquierda, quedan desenfocados en el escenario de (leer más)

Política

La gripecita ideológica

Una gripecita, como llama Jair Bolsonaro al coronavirus, no amenaza a la humanidad ni frena la economía global. De tratarse de algo pasajero, en Brasil no hubieran cavado fosas comunes para las víctimas ni la mayoría de los 27 gobernadores estaría en vilo frente al efecto devastador de la pandemia. La veta política de un gobierno de porte militar llevó al ministro de Exteriores, Ernesto Araújo, a tomar del libro Pandemic! COVID-19 shakes the world (¡Pandemia! COVID-19 sacude al mundo), del filósofo esvoleno Slavoj Žižek, una tesis alucinante. La de un plan de instaurar el comunismo “sin naciones ni libertad” y crear “un gran campo de concentración”. Bolsonaro, como Donald Trump con su burrada de evaluar inyecciones de desinfectante, pastillas de detergente y rayos ultravioleta como paliativos, se supera a sí mismo. Cada día. En el camino perdió a su ministro estrella, el de Justicia, Sergio Moro, puntal como juez del caso Lava Jato, y se deshizo en un “divorcio consensuado” del ministro de Salud, Luiz Mandetta, médico, partidario de aplicar las medidas preventivas de (leer más)

Política

La idea fija de Trump

El apuro de Donald Trump en volver a la normalidad a pesar del impacto de la pandemia en Estados Unidos refleja la discordancia global en la gestión de la crisis. Otros presidentes, los de México y Brasil, Andrés Manuel López Obrador y Jair Bolsonaro, están en las mismas. El de Nicaragua, Daniel Ortega, reapareció después de 34 días de rara ausencia en uno de los pocos países que no ha decretado la cuarentena ni para el fútbol. Se trata de un síntoma de la cerrazón de los Estados y de las peleas domésticas frente a la impotencia del orden multilateral. En palabras de Trump, la batalla contra “un virus cruel de una tierra distante”. La tierra distante, China, pudo tener su cuota de responsabilidad en esconder información al comienzo del desmadre, pero la reprimenda de Estados Unidos contra la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el recorte del 14,6 por ciento de su presupuesto, va más allá de esos pendientes. Los de la guerra comercial declarada por Trump. Un asunto personal, casi, a tono (leer más)

Política

Aplausos y cacerolazos

Las treguas duran poco. En ambientes polarizados, el cabreo previo persiste. Solapado. Llamado a silencio. En clave política, para evitar que caiga la democracia en cuarentena, de modo de no tensar demasiado la cuerda y recrear el nacionalismo que provocó las dos grandes guerras del siglo XX. Algunos gobiernos se envalentonaron con los aplausos para los imprescindibles, que no son ellos, pero también se sorprendieron con los cacerolazos por su mala o morosa gestión de la crisis. Brotaron reacciones encontradas con media humanidad enclaustrada. Amores y resentimientos, como si nada hubiera cambiado. El mentado equilibrio entre la economía y la salud, versión Donald Trump, Jair Bolsonaro o Andrés Manuel López Obrador, dio de bruces con la realidad de sus países, acuciados por la pandemia, y con el declive de las instituciones; las discrepancias dentro de los gobiernos y entre los gobiernos, como entre los de la Unión Europea o entre Estados Unidos y Canadá; los reclamos de los opositores, y los planteos de los indignados que pusieron patas arriba al planeta en 2019. El ministro (leer más)

Sociedad

Dos por tres deja de ser seis

Dos por tres era seis antes de la pandemia. Ese resultado pasó a ser tan impreciso como la cuarentena, que no dura 40 días. Cada gobierno mide el impacto del COVID-19 según su propia tabla de multiplicar. La falta de pruebas de detección lleva a muchos a dudar de las cifras oficiales. ¿De qué hablamos cuando nos referimos a los fallecidos? Duda recurrente. ¿De personas que murieron por coronavirus o con coronavirus? Si España no registra las bajas en geriátricos y en hogares; Francia sólo incluye las de los hospitales, y el Reino Unido descarta en sus estadísticas las infecciones respiratorias, dos por tres lejos está de ser seis como en 2020 A.C. (antes del Coronavirus). En Estados Unidos, el número de muertos por coronavirus o con coronavirus supera a las 2.977 víctimas de los atentados contra las Torres Gemelas. La duda, apunta el Financial Times, radica en la proporción de muertes respecto de los que efectivamente contrajeron la enfermedad. El 4,7 por ciento, tasa superior a la de la gripe y la neumonía, “no (leer más)

Sociedad

Los vigías del balcón

¿Cuándo empezó esto? Más importante aún. ¿Cuándo terminará? Perdón. ¿Terminará? Un tercio de la población mundial no sale de su casa mientras sobrevuelan helicópteros y drones. Arrecian los controles. Hay ciudades en pausa. Otras no. En algunos países, la salud prima sobre la economía. En otros, al revés. Espantan las estadísticas. El desahogo nocturno son los aplausos desde el balcón para los médicos, los enfermeros y todos los que, de un modo u otro, están haciendo más llevadera la tragedia. Aplausos matizados en España con hola don Pepito, hola don José y partidas de bingo a los gritos y en Italia con sopranos honrando a Puccini. Desde el balcón ves la cara del vecino que nunca te cruzaste en la esquina y ves, también, la otra cara del drama. La de los que insultan desde las alturas a todos los que van por la calle. No discriminan entre técnicos de laboratorio o cajeras de supermercado. Los insultan, los escupen, les arrojan huevos como si fueran cómplices del coronavirus. Eso pasa en España, como cuenta El (leer más)

Política

Un nuevo orden mundial

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos afianzó su liderazgo militar,  económico y diplomático. El dominio de Europa durante el siglo y medio previo se vio fagocitado por el virus del nacionalismo, causante de ese conflicto y del anterior. La era siguiente, la norteamericana, perduró hasta finales de los noventa con la adopción del dólar como moneda de referencia, la expansión de las multinacionales, la vanguardia de las tecnológicas, la injerencia en crisis aparentemente ajenas y la distribución estratégica de una amplia red de bases militares. El prólogo tuvo un costo irreparable: las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki. En la transición hacia la supremacía de Estados Unidos, aviones británicos y franceses bombardearon Egipto en 1956. En una semana, ambos gobiernos europeos debieron ceder ante  las presiones económicas norteamericanas. Durante la crisis del Canal de Suez, el Reino Unido perdió algo más que una guerra. Perdió el protagonismo mundial, asumido desde entonces por Estados Unidos y la Unión Soviética. Halló refugio en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), semilla de la (leer más)

Política

La inmunidad de los líderes

Los cierres de fronteras por el coronavirus están haciendo más estragos en Europa que el Brexit, pero todo tiene un límite. Hasta los eslóganes políticos en un año electoral. La puja entre Donald Trump y una compañía alemana de biotecnología para apropiarse de las vacunas y los agentes antivirales contra el COVID-19, de modo de utilizarlos primero en Estados Unidos, revela mezquindad en tiempos de incertidumbre y solidaridad. Reacciones encontradas frente a la dimensión desconocida. La de los líderes. En la controversia se vio envuelta la canciller Angela Merkel. La empresa, CureVac, refirmó su compromiso con Alemania. Merkel vaticinó que entre el 60 y el 70 por ciento de la población alemana podría contagiarse. Paquetes de ayuda provenientes de China inundaron Europa, empezando por Italia. Tarde, el primer ministro Giuseppe Conte admitió errores, así como su par británico, Boris Johnson. No hubo coordinación frente a la magnitud de la pandemia. “Cuantas más personas se contaminen ahora, un mayor porcentaje del país desarrollará inmunidad para una potencial segunda oleada de la epidemia en el otoño o (leer más)