Tokio 2020, Japón 2021

Los Juegos Olímpicos 2020, que se desarrollan en Tokio a pesar del disgusto de los japoneses, ponen en riesgo la continuidad del primer ministro Suga




Los Juegos Olímpicos de la discordia

El ex primer ministro japonés Shinzo Abe puso toda la carne en el asador para ganar la plaza. Tokio terminó siendo la sede de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2020 que, a causa de la pandemia, se realizan sin público ni entusiasmo en 2021. ¿Qué había detrás de ese ímpetu? La necesidad de cederle la posta a su sucesor, Yoshihide Suga, de modo de reencarrilar a la tercera economía del planeta. Cuando ardió la llama olímpica, el 24 de julio, los mismos japoneses creyeron que se trataba de una artimaña política en medio del renovado estado de emergencia a plazo fijo hasta el 22 de agosto. El cuarto en 16 meses.

Suga quiso mostrar que su país ha sido capaz de superar las peores tragedias de la era contemporánea. En especial, el devastador terremoto y tsunami de 2011 que provocó el desastre nuclear de Fukushima, con más de 20.000 muertos. El ánimo festivo que había previsto Abe se ve empañado por las burbujas, los protocolos y las restricciones frente a la incertidumbre de los japoneses. Sólo el 20 por ciento recibió las vacunas. ¿Pesaron más los 20.000 millones de dólares invertidos en la preparación de los Juegos que la salud de la población? La ganancia estimada eran 70.000 millones por el gasto de las delegaciones deportivas y de los espectadores.

Los Juegos Olímpicos iban a ser los de la recuperación económica, pero pasaron a ser los de la supervivencia política del primer ministro Suga

Japón, como otros países, serpentea entre el cierre y la apertura frente a los zigzagueantes índices de contagios y muertes por el COVID-19. La política corre por otro andarivel. El de las dosis de vacunas escasas, 48 por cada 100 personas a diferencia de las 88 de Francia, las 98 de Alemania, las 100 de Estados Unidos y las 119 del Reino Unido, más allá de las reticencia de aquellos que se resisten al pinchazo. La aparente vuelta a la normalidad en esos países irritó a los japoneses con su gobierno por la demora en las inoculaciones y, al mismo tiempo, por la aprobación de los demorados Juegos Olímpicos y Paralímpicos.

La disyuntiva del primer ministro Suga pasó a ser cancelarlos o habilitarlos con una apertura que pudiera aplacar a los sectores más castigados, como el turismo y la gastronomía. Entre abril y junio, el índice bursátil Nikkei 225 cayó en forma estrepitosa, así como el consumo. El mandato de Suga termina en octubre. Un mes antes habrá elecciones internas en el gobernante Partido Liberal Demócrata (PLD). Los Juegos que iban a ser los de la recuperación económica pasaron a ser los de la supervivencia política. La de Suga, en particular, con el sol más poniente que naciente frente a la posibilidad de ser otro primer ministro efímero en la historia de Japón.

Abe, sucedido en 2020 por su mano derecha, Suga, no pudo prever que la pandemia iba a dinamitar su proyecto político

¿Se trata de una “maldición” cada 40 años? Lo recuerda Isidre Ambrós en el portal Política Exterior, parafraseando al viceprimer ministro y responsable de Finanzas de Japón, Taro Aso: “En 1940,  Japón tenía planeado albergar los Juegos Olímpicos, pero la Segunda Guerra Mundial lo impidió. Los Juegos de Moscú de 1980 estuvieron marcados por el boicot de Occidente en respuesta a la invasión soviética de Afganistán. Y en 2020, Tokio se vio obligada a aplazar un año la celebración de los Juegos a causa del coronavirus”. El plan del ex primer ministro Abe era memorar el éxito de los Juegos que organizó Tokio en 1964.

“Si aquellos Juegos marcaron el retorno de Japón a la comunidad internacional tras las penurias de una larga posguerra, con los de 2020 pretendía subrayar el resurgimiento de la tercera economía mundial tras el triple desastre de 2011”, explica Ambrós. Abe, sucedido en septiembre de 2020 por su mano derecha, Suga, no pudo prever que la pandemia iba a dinamitar su proyecto político y el del conservador PLD.

Las pérdidas por los Juegos, del orden de 10.000 millones de dólares, con la consecuente destrucción de 55.000 empleos, reportaron también la derrota del PLD en los tres comicios parlamentarios parciales de abril y de la mayoría de número en la asamblea de Tokio. Signos del malestar político frente a la fachada dorada de los Juegos, desaconsejados por las revistas médicas The Lancet y The New England Journal of Medicine, y por el diario japonés Asahi Shumbun, el segundo en importancia. El Comité Olímpico Internacional, única autoridad para posponerlos una vez más, entendió que mandaba el otro juego. El político.

Jorge Elías

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