Sociedad

Abierto por coronavirus

Mientras el mundo entraba en pánico por la declaración de pandemia del coronavirus, el vuelo UX041, de Air Europa, despegaba en la medianoche de Madrid rumbo a Buenos Aires. El avión estaba repleto. Los pasajeros debían firmar una declaración jurada del Ministerio de Salud de Argentina en la cual, además de los datos personales, respondían si en los últimos 10 días habían tenido fiebre, diarrea, dolor de cabeza, tos, vómitos, dolor muscular, dificultad para respirar, erupciones de piel o sangrado anormal. El formulario debía ser entregado en el aeropuerto Ministro Pistarini, de Ezeiza, la principal puerta de entrada en el país. En coincidencia con el arribo de ese vuelo, el 11 de marzo por la mañana, el presidente Alberto Fernández anunciaba severas sanciones contra aquellos que no cumplieran con la cuarentena obligatoria de 14 días en caso de provenir de alguno de los países más afectados por el COVID-19. Entre ellos, España. Sólo en Madrid, la barrera de los contagiados superaba el millar y el listón de muertos ascendía a 31. Uno de los pasajeros (leer más)

Actualidad

Itamaraty bajo la lupa

Entre Argentina y Brasil existe un lazo inalterable. El que expuso en 1910 el presidente Roque Sáenz Peña: “Todo nos une, nada nos separa”. O el que utiliza a menudo Celso Lafer, canciller durante los gobiernos de Fernando Collor de Melo y Fernando Henrique Cardoso, cuando habla del Mercosur: “No es una opción, sino un destino”. Habla de Argentina, en realidad. En ese vínculo, a veces fuerte, a veces endeble, siempre sonó con estridencia una voz. La del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, más conocido como Itamaraty. Algo así como un poder dentro del poder, capaz de “saber renovarse” al margen de la coyuntura. De esa premisa parte el diplomático argentino Atilio Berardi Hueda, cónsul general adjunto en Chicago, Estados Unidos, para explicar la dinámica del servicio exterior brasileño a través de un enfoque interactivo entre el realismo y el constructivismo, corrientes dominantes en la teoría de las relaciones internacionales. En el libro de su autoría A la sombra de Itamaraty (Eudeba), Berardi abreva entre 1990, la presidencia malograda de Collor de Melo, y (leer más)

Sociedad

Pocos confían en Trump

Puestos a elegir, los argentinos prefieren a Xi Jinping, Vladimir Putin, Angela Merkel y Emmanuel Macron antes que a Donald Trump. En ese orden, del 35 por ciento de popularidad del presidente de China al escaso 22 de su par de Estados Unidos, el sondeo realizado en 33 países por el Pew Research Center arroja un dato revelador: la predilección de los argentinos por un líder poco carismático de un país comunista con maquillaje capitalista y de otro que lleva dos décadas en el poder sobre la veterana canciller de Alemania, pronta a retirarse, y el presidente de Francia, en apuros con los chalecos amarillos y los sindicatos. Los cuatro mantienen diferencias con Trump. La mala imagen de Trump por sus “decisiones incorrectas” en la política exterior ronda el 69 por ciento en Argentina y el 60 por ciento en Brasil. Bastante más en México, 89 por ciento, a raíz de su empeño en el muro fronterizo. Por esa razón, el aumento de los aranceles a las importaciones y el retiro del acuerdo sobre el (leer más)