Periodista senior con más de 35 años de trayectoria especializado en geopolítica, análisis político y economía internacional. Experto en comunicación multiplataforma (televisión, radio, prensa escrita y digital) con probada capacidad de liderazgo editorial y conexión con la audiencia. Experiencia como corresponsal en Estados Unidos y enviado especial a conflictos armados (Medio Oriente, Balcanes, Iberoamérica y Asia). Presentador de programas de primer nivel en televisión y radio. Director de medios digitales y columnista de opinión con amplia red de contactos en América, Europa y Asia.
Desde los jardines de Mar-a-Lago, ese centro neurálgico donde la geopolítica se mezcla con el buffet de camarones, Donald Trump anunció la construcción de un nuevo modelo de buque de guerra. No es solo un buque de guerra, en realidad. Es, según sus palabras, «más grande, más rápido y 100 veces más poderoso» que cualquier cosa que haya flotado desde el Arca de Noé. Sobre todo, un barco «hermoso». En la nueva doctrina de defensa de Estados Unidos, la letalidad es importante, pero el glamour es innegociable. Para un hombre que ha pasado décadas convencido de que el lingote de oro es un material de construcción estructural, la idea de la Flota Dorada con su sello, Trump Class USS Defiant, no es más que el siguiente paso lógico. Si ya tiene rascacielos con su nombre y aviones con grifería de lujo, ¿por qué no acorazados que hagan ver a los de la clase Iowa, modernizados en los ochenta y dados de baja una década después, como humildes botes de remos oxidados? El Defiant clase Trump promete (leer más)
Por Jeff Stein | Newsweek En 1963, el profesor Richard Hofstadter subió al podio en la Universidad de Oxford y pronunció una conferencia que se convirtió en la base de uno de los artículos más influyentes en la historia de la ciencia política. Afirmó: “La política estadounidense ha sido una arena de lucha para mentes enfurecidas”, que alimentaron movimientos populistas basados en teorías conspiratorias para explicar por qué han sido “expulsadas del proceso político”. En esa época, tales fuerzas se congregaban alrededor del senador Barry Goldwater, republicano de derecha de Arizona. Su campaña presidencial atrajo a miembros de la Sociedad John Birch y otros extremistas convencidos de que los líderes del partido, entre ellos, el presidente Dwight Eisenhower, se encontraban “bajo el control operativo del Partido Comunista”, en palabras de Robert Welch, fundador de la Sociedad Birch. Goldwater perdió la elección de 1964 de manera abrumadora a favor de Lyndon Johnson, pero la idea de un conciliábulo secreto en el centro del gobierno nunca desapareció. En las décadas de 1960 y 1970 esa idea fue (leer más)
En el día a día de la guerra tecnológica y comercial entre Estados Unidos y China, todo parece fríamente calculado. Quizá Donald Trump no quiso admitir que Xi Jinping tenía un par de ases en la manga: la suspensión de la compra de productos agrícolas norteamericanos y la devaluación al mínimo en 11 años de su moneda, el yuan, cual contrapeso frente a la imposición de nuevos aranceles a sus productos. O quizá prefirió que ocurriera para denunciar la manipulación de divisas que desató una tormenta en el mercado financiero global y avanzar otro casillero en el tablero de la confrontación. El juego que mejor juega y que más le gusta. Trump hizo saltar por los aires la tregua alcanzada en la cumbre del G20 de Osaka, Japón. Estados Unidos había acusado a China de devaluar en forma artificial el yuan, pero no había formalizado la denuncia. Por primera vez en un cuarto de siglo, Estados Unidos recurrió al Fondo Monetario Internacional. La debilidad del yuan encareció los productos norteamericanos en el mercado chino. ¿Era (leer más)
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