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La democracia pandémica

¿Es culpa de los representantes o de los representados? En esa encerrona está la democracia latinoamericana. Los síntomas de malestar de 2019, con estallidos sociales en diversas latitudes, se vieron agravados por las erráticas gestiones gubernamentales de la pandemia. Cuando tocan elecciones, la ciudadanía tilda de incompetentes a los políticos. Y los políticos, frente a un eventual resultado adverso, sospechan de algún grado de irracionalidad en la ciudadanía. La excusa de los derrotados: casi todos los gobiernos mordieron el polvo en este larguísimo año y tres cuartos de confinamientos, mascarillas y vacunas. ¿Casi todos? No tantos como parece. La oposición más poderosa convive en el seno de las coaliciones, formadas, a veces, por partidos que no comulgan entre sí. Lo cual complica las cosas. Primero hacia dentro: cómo armonizar el discurso. Después hacia fuera: cómo convencer a un electorado no cautivo, presa de las zozobras económicas y, en términos políticos y psicológicos, quemado. Literalmente, quemado. Las elecciones, postergadas en algunos países por la crisis sanitaria, no despiertan el entusiasmo deseado, sino apenas una tímida esperanza (leer más)

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El desapego de los derechos humanos

El apoyo de Argentina a la troika de las tiranías, Cuba, Nicaragua y Venezuela, no sólo deja entrever la afinidad ideológica, quizá como modelo de los atropellos en la provincia de Formosa denunciados por la alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, sino también la injerencia de Rusia y China, soportes económicos de esos regímenes. “Nos falta diálogo”, evalúa Jorge Faurie, exministro de Relaciones Exteriores y precandidato a diputado nacional, porque “Argentina no quiere vínculos con el mundo”. La política exterior argentina, agrega, “no tiene capacidad de adaptación a un mundo que está cambiando”. El gobierno de Alberto Fernández declama la supuesta defensa de los derechos humanos sin intromisión en los asuntos internos de otros países. De ese pilar, el de los derechos humanos, se apropió la coalición de gobierno como si sus dirigentes y sus militantes hubieran sentado en el banquillo a las juntas militares. Mérito de Raúl Alfonsín, en todo caso. No de Néstor Kirchner por haber descolgado el cuadro de Jorge Rafael Videla en el Colegio Militar de (leer más)

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Lo peor de cada casa

El legislador demócrata Tip O’Neill, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, acuñó una frase que terminó siendo el título de un libro de su autoría y una regla de la política norteamericana: All Politics Is Local (Toda política es local). Tan local es la política que define no sólo el interés nacional, sino también la proyección internacional. En Argentina, donde efectivamente toda política es local, las decisiones y los pronunciamientos del presidente Alberto Fernández parecen estar dirigidos al núcleo duro de su coalición de gobierno en desmedro, en ocasiones, de países clave para resolver problemas crónicos, como la deuda externa. La bandera de los derechos humanos, cual moneda de cambio, flamea según la dirección del viento. La abstención en la Organización de los Estados Americanos (OEA) frente a la resolución de condena del régimen autocrático de Daniel Ortega, en Nicaragua, echa luz sobre la dimensión de la política local. Pudo tratarse de una maniobra política con el guiño del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, para incomodar al secretario general de (leer más)

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Dar para recibir

Dar no es solamente dar, sino también hacer mérito para recibir. En el caso de Argentina, con su errática y, a veces, exasperante política exterior, una alternativa sería esa: dar para recibir, señala el embajador Fernando Petrella, exsecretario de Relaciones Exteriores y exrepresentante ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), entre otros cargos diplomáticos. Argentina podría atender campos de refugiados en Medio Oriente, por ejemplo, de modo de mostrar su buena voluntad, pero, apunta Petrella, “hay una posición muy definida del gobierno argentino actual para darle un mensaje al frente interno, diciéndole que estos son nuestros valores, y un mensaje al mundo que no refleja los valores del liberalismo occidental, de donde ha venido nuestra fisonomía cultural”. La clave radica en que el gobierno argentino no tiene una sola palabra, sino dos: una responde al núcleo duro de la coalición y la otra pretende mostrarse moderada Se trata de un país que espera ayuda de Estados Unidos y Europa, entre otros, para negociar su deuda externa, pero se desentiende de una causa de la (leer más)

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El asedio a la prensa en Nicaragua

Los periodistas abajo firmantes expresamos abiertamente nuestra preocupación e indignación ante el proceso de despojo de dos derechos elementales, del cual son víctimas los ciudadanos de Nicaragua: la libertad de expresión y el acceso oportuno a una información veraz e independiente. Desde el inicio de las protestas cívicas, en abril de 2018, el gobierno en manos de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha ejercido una represión sistemática contra las voces disidentes, particularmente contra los medios de comunicación que no tienen bajo su control, hasta llegar a la confiscación de instalaciones donde operaban medios independientes. En estos días y sin orden judicial, ese gobierno consumó la usurpación ilegal de las oficinas de los medios Confidencial y 100% Noticias, e inauguró en ellas dependencias de fachada del Ministerio de Salud. Estos hechos constituyen los más recientes ataques contra el periodismo y son parte de una estrategia de agresión sistemática y abierta desde el inicio de la actual crisis, en abril de 2018, cuando grupos paramilitares afines al gobierno iniciaron ataques directos contra periodistas, documentalistas y reporteros gráficos (leer más)

Política

¿Naciones Unidas?

En secreto, como si estuviera en falta, el presidente de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, asumió su sexto mandato. Juró «servir al pueblo de la República de Bielorrusia, respetar y proteger los derechos y libertades de las personas y los ciudadanos». Una ironía, casi, después de 26 años en el cargo y de la brutal represión de las protestas tras las elecciones del 9 de agosto. Quizá como el primer golpe de Estado durante la pandemia. El de Mali, apoyado por la población tras dos meses de concentraciones multitudinarias contra el régimen de Ibrahim Bouabakar Keita, alias IBK. ¿Naciones Unidas? Naciones Unidas expresó su “gran preocupación por las denuncias de tortura y otros tratos crueles e inhumanos a las personas detenidas” en Bielorrusia, cuyo gobierno no ha sido reconocido por la Unión Europea, y abogar por la paz en Mali, África. ¿Qué más podía hacer frente al atropello del régimen de Lukashenko después de renovar su mandato en elecciones no supervisadas por ningún organismo internacional bajo el padrinazgo de Rusia, miembro permanente del Consejo de Seguridad con (leer más)

Política

El bumerán de la negación

La negación tiene un precio. El de exponerse a padecer aquello que uno no quiere o no puede admitir. En Brasil, el coronavirus mató a más de 65.000 personas. Su presidente, Jair Bolsonaro, desdeñó desde el comienzo el impacto devastador de la pandemia. Una gripezinha. Un resfriadinho. Algo peor que, en plan de no sembrar pánico y de promover el contagio controlado para lograr la llamada inmunidad del rebaño, llevó a “lidiar con un escenario” comparado con la muerte de Stalin al primer ministro británico, Boris Johnson, según sus propias palabras, o al confinamiento forzoso del presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, otro autócrata. El bumerán de la negación golpeó la quijada de Bolsonaro. Le dio positivo el test. Nada que temer, dejó entrever, gracias a la hidroxicloroquina. Un antipalúdico descartado después de varios ensayos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Donald Trump dejó de tomarlo. La receta de Bolsonaro, sin pruebas científicas, supuso la renuncia de dos ministros de Salud en menos de un mes, los médicos Henrique Mandetta y Nelson Teich, (leer más)

Política

Los nuevos indignados

Un año después, los chalecos amarillos siguen movilizándose cada sábado en Francia. Las protestas contra el aumento del precio del combustible pasaron a ser contra las políticas del presidente Emmanuel Macron. Le torcieron el brazo. De menor a mayor, como ocurrió en otras latitudes, una crisis destapó la olla de otra. La de la gobernabilidad en un planeta que gira a varias velocidades al mismo tiempo en función del cabreo de las sociedades. No sólo por razones económicas, sino también en demanda de libertades y de reformas o en contra de la corrupción, del fraude y de la desigualdad. Los nuevos indignados brotan como hongos. La fisura social y política dista de aquella que comenzó en 2008. El gobierno británico vaticinaba un año antes de la crisis hipotecaria de los Estados Unidos una mayor “tensión e inestabilidad tanto en las sociedades como entre ellas”. Eso iba a dar “lugar a expresiones de malestar, como el desorden, la violencia, la criminalidad, el terrorismo y la insurgencia”. Acertó. En 2011 estalló la frustrada Primavera Árabe y aparecieron (leer más)

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Fraude, golpe y viceversa

Floja de papeles, con apenas un tercio de aprobación legislativa, la senadora opositora Jeanine Áñez se autoproclamó presidenta de Bolivia tras la renuncia de Evo Morales y de su plana mayor. En tiempos de convulsión global, con Chile en llamas, Ecuador en suspenso, Panamá en vilo y Haití en caos, entre otros desbordes, el apuro por llenar el vacío de poder llevó a Áñez, vicepresidenta segunda del Senado, a asumir en forma interina el gobierno con una legitimidad dudosa. Acaso como la de la vicepresidenta de Perú, Mercedes Aráoz, tras la decisión del Congreso de suspender al presidente, Martín Vizcarra, resuelto a disolverlo. Aráoz duró menos de 24 horas en el cargo. En el caso de Bolivia, como en el de Venezuela cuando Juan Guaidó se autoproclamó presidente encargado, el gobierno de Estados Unidos, al igual que el de Brasil y pocos más, se apresuró a reconocer a Áñez como presidenta. Morales, asilado en México tras las irregularidades con tono de fraude en las elecciones del 20 de octubre denunciadas por la Organización de los (leer más)

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La pelea de fondo en Venezuela

Cuando Donald Trump dio luz verde a la aplicación del título III de la ley Helms-Burton contra Cuba supo que el tiro iba a dar en la frente de Venezuela y de Nicaragua, sostenes del régimen comunista, más allá de los reclamos de la Unión Europea, Canadá, Reino Unido, Japón, Rusia y China por las compañías que operan en la isla. Era parte del plan contra la «troika de la tiranía», como la definió John Bolton, asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, antes de que el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, liberara con militares disidentes a Leopoldo López, el preso político que lidera Voluntad Popular, su partido, y recobrara bríos contra el régimen de Nicolás Maduro. Trump mantiene viva la opción militar contra Venezuela a contramano de sus aliados, entre los cuales se encuentra el Grupo de Lima. El presidente de Colombia, Iván Duque, cuyo país ha recibido la mayor parte de la diáspora venezolana, debió advertirle al secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, que nadie le dicta qué debe (leer más)

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El arresto de Julian Assange

Tras las sospechas de estar siendo espiado y el anuncio de que su suerte podía cambiar “en horas o días”, el periodista y fundador de Wikileaks, el australiano Julian Assange, ha sido detenido por la policía metropolitana de Londres después de que el gobierno de Ecuador le retirara el asilo diplomático. Assange había entrado en la legación ecuatoriana en 2012 para evitar su extradición a Suecia, que entonces solicitaba su entrega por presuntos delitos sexuales. Assange burló constantemente las medidas de seguridad de la embajada ecuatoriana y causó a ese país serios conflictos diplomáticos El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, explicó a través de un vídeo y de su cuenta oficial en la red social Twitter que su país había “decidido soberanamente retirar el asilo diplomático a Julian Assange por violar reiteradamente convenciones internacionales y protocolos de convivencia”. Assange burló constantemente las medidas de seguridad de la embajada ecuatoriana y causó a ese país serios conflictos diplomáticos con su constante injerencia en los asuntos internos de otras naciones, como la publicación de correos internos del (leer más)

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Nicaragua: la agonía de la democracia

Cerca del primer aniversario del alzamiento popular que fue ahogado en sangre por el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua, la represión sigue rampante y el diálogo que acompaña la Organización de los Estados Americanos (OEA) y el Vaticano, se encuentra en zozobra. La democracia agoniza en la Tierra de Lagos y Volcanes y, con ella, el periodismo independiente también se haya en extinción. Esta semana, al finalizar su reunión semi anual en Colombia, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) exigió al gobierno de Managua la liberación inmediata de los periodistas Miguel Mora y Lucía Pineda, apresados desde diciembre sin el debido proceso y que, según testimonio de parlamentarios europeos, sufren trato inhumano. El caso de Mora, director del clausurado Canal 100% Noticias de Managua, es particularmente sensible. Unas semanas antes de su arresto había recibido el Gran Premio a la Libertad de Prensa durante la 74a. Asamblea General de la SIP, en Salta, a nombre del periodismo independiente de Nicaragua. Pineda, a su vez, es la única mujer periodista encarcelada en el Hemisferio Occidental. (leer más)

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La fatiga democrática

El agotamiento de un período económico exitoso para América latina, por el boom de los precios de las materias primas, ahondó un fenómeno conocido que no deja de ser sorprendente después del yugo de las dictaduras militares. El de la fatiga democrática, ligada a la escasa o mediocre oferta electoral y las demandas sociales no atendidas. El final del ciclo ventajoso coincidió con el influjo de Donald Trump, del Brexit y de movimientos de decepcionados que, a su vez, recreó otro fenómeno. El del populismo, nutrido de una demagogia que no distingue entre derecha o izquierda en su afán de decantar el resentimiento contra las élites. Pan y circo desde el imperio romano. Nueve de las 15 presidenciales que hubo en América latina desde 2017 depararon cambios. Cuatro de las seis en los cuales prevaleció el partido de gobierno se vieron empañadas por denuncias de fraude de la oposición o de veedores internacionales: Venezuela, Paraguay, Nicaragua y Honduras. En las otras dos, República Dominicana y Costa Rica, se impuso la continuidad. La buena noticia es (leer más)

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La crisis invisible de Haití

Jovenel Moïse ganó dos veces las presidenciales de Haití: en octubre de 2015 y en noviembre de 2016. Las primeras resultaron impugnadas y, finalmente, anuladas tras violentos disturbios. Las siguientes se vieron empañadas por denuncias de fraude. Demoraron más de un mes en ser validadas. El Hombre Banana, mote de Moïse por ser un empresario de ese sector, saltó a la política gracias al apoyo del cantante de carnaval Michel Martelly, presidente desde 2011 hasta 2016, y del partido de centroderecha Tèt Kale. De ambos y de uno de sus antecesores reclaman los haitianos en protestas multitudinarias una explicación sobre los recursos obtenidos de Petrocaribe. Las protestas, que coinciden con el segundo aniversario del gobierno y exigen su renuncia, se desataron por la decisión de Moïse de declarar una urgencia económica. Las acusaciones por la malversación de los fondos de Petrocaribe involucran a Moïse y a algunos de sus funcionarios, así como a los gobiernos de Martelly y del fallecido René Préval. Comenzaron en 2018 por la depreciación del gourde (la moneda haitiana) y por (leer más)

Política

Maduro contra el mundo

La crisis de Venezuela tenía fecha de vencimiento: el 10 de enero. Era el plazo que establecía la Constitución de 1999, la reformada por Hugo Chávez, para el final del mandato de su delfín, Nicolás Maduro. La nueva toma de posesión de Maduro, no reconocida por la Asamblea Nacional (Parlamento) ni por buena parte de la comunidad internacional por la falta de transparencia y de garantías en las elecciones del 20 de mayo de 2018, implica un salto al vacío. O, en realidad, una nueva huida hacia adelante, de modo de atenuar el impacto de las sanciones de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea contra varios jerarcas del régimen, más allá de los padecimientos del pueblo y de una diáspora en ascenso. No se trata de un capricho de Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Japón, Australia, el Grupo de Lima o la Organización de los Estados Americanos (OEA). Ni, en palabras de Maduro, de una “guerra económica del imperialismo”. En un país con una hiperinflación trepidante, sin alimentos ni medicinas, con represión y (leer más)