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A brazo partido

El saludo de Michelle Obama a la reina Isabel inició una nueva era En el Salón Oval había un busto de Winston Churchill. Barack Obama ordenó retirarlo. Tras su primera visita al nuevo presidente de los Estados Unidos, Gordon Brown debió llevárselo al Reino Unido. Había sido un préstamo de Tony Blair a George W. Bush. Era el testimonio del vínculo que iban a tejer desde 2001. Lo coronaron con la declaración conjunta de la guerra contra Irak. En sus memorias, “el negro de nombre extraño”, como se define a sí mismo Obama, aborrece las torturas padecidas por su abuelo en Kenya durante el régimen colonial británico. La “relación especial” entre ambos gobiernos, nutrida por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, entre otros, pasó a llamarse “sociedad especial”. Después de la histórica decisión del G-20 de reformular la arquitectura financiera trazada al final de la Segunda Guerra Mundial, Obama bromeó en Londres sobre la posibilidad de que Franklin Roosevelt y Churchill hubieran negociado, “en torno a una copa de coñac”, un acuerdo de esa magnitud. Habría (leer más)

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Ricos y famosos

La inclusión del principal narco mexicano en la lista de multimillonarios de Forbes incomodó al presidente Felipe Calderón  CIUDAD DE MÉXICO.– Desde que huyó del penal de alta seguridad de Puente Grande, Jalisco, el 19 de enero de 2001, Joaquín Guzmán Loera, alias «el Chapo», goza de una libertad rayana en la impunidad. En esos tiempos, los primeros del gobierno de Vicente Fox, tras las siete décadas de hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI), comenzaron los ajustes de cuentas entre sicarios de los carteles por el control de las rutas del tráfico de la droga. El despliegue del ejército no alcanzó a mitigar la ola de violencia, abonada por la extradición de los capos a los Estados Unidos. Algo similar ocurrió en Colombia durante el apogeo de los carteles de Cali y Medellín. En 1989, Pablo Escobar Gaviria libró una guerra contra el Estado. Dos décadas después, desmembradas esas organizaciones en otras más pequeñas que mantuvieron sus sociedades con las guerrillas y los paramilitares, «el Chapo» Guzmán, jefe máximo del cartel de Sinaloa, se codea (leer más)

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El socialismo del siglo XXI

Las nacionalizaciones de bancos y empresas son parte del problema, no de la solución En 1982, Henry Kissinger sospechaba que Felipe González iba a nacionalizar la banca. Lo había hecho el presidente de Francia, François Mitterrand, también socialista. “Usted cree que ser socialista es ser tonto –repuso el nuevo presidente de España–. No tengo ninguna necesidad de nacionalizar la banca, encarecer el crédito, burocratizarlo y hacerlo menos eficiente.” Desde esos tiempos, pocos políticos conciben la conjugación del verbo nacionalizar como una impronta ideológica o una opción eficaz. Nacionalizar es, según la Real Academia, “hacer que pasen a depender del gobierno nacional propiedades industriales o servicios explotados por los particulares”. Cuba y Corea del Norte no despiertan envidias. Todo Estado, tracción a impuestos, despierta recelos. En algunos casos, los mandatarios confunden los bienes públicos con los propios. Eso irrita. El 80 por ciento de los gobiernos no rinde cuentas de la ejecución de los presupuestos nacionales, según un exhaustivo estudio del International Budget Partnership (IBP). “Casi la mitad de los 85 países analizados proporciona una información (leer más)

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No hay mañana sin ayer

Tres décadas después, las víctimas de Pol Pot asisten al juicio de sus torturadores Le consta a Albie Sachs, juez del Tribunal Constitucional de Sudáfrica, que el servicio secreto del ejército de su país imitó en la década del ochenta al régimen militar argentino: eran arrojados al río o al mar, desde aviones, los cuerpos de aquellos que habían sido ejecutados o que no habían resistido las torturas durante los brutales interrogatorios. Le consta también que “la conexión entre ambas experiencias y otras no menos dolorosas puede ser positiva si se sientan las bases de la reconciliación entre unos y otros” o, como ocurrió tras el apartheid, “si se revé el pasado y, con las garantías pertinentes, torturadores y torturados se ven las caras”. En Camboya, pocos verán las caras de sus torturadores. Entre abril de 1975 y enero de 1979, el régimen de Pol Pot masacró a un cuarto de la población en su afán de implantar una dictadura agraria de inspiración maoísta. En la efímera República Democrática de Kampuchea, regida por la guerrilla (leer más)

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El amor eterno dura cien días

La cláusula «compre americano» estrenó contrapuntos entre Europa y Obama Lo malo no es cometer errores, sino tratar de justificarlos. Pocos estaban dispuestos a aceptar, hasta el reciente foro económico de Davos, que habían cometido errores. No previeron que, como otras veces, el mundo había incurrido en los siete pecados capitales enumerados por Ghandi: política sin principios, riqueza sin trabajo, comercio sin moral, ciencia sin humanidad, placer sin consciencia, conocimiento sin carácter y religión sin sacrificio. Tampoco previeron un año antes, en ese mismo ámbito, que iba a estallar la crisis e iba a derivar en una inquietante ola de proteccionismo y desglobalización en coincidencia con otra ola, aún más inquietante, de hambruna, desempleo y protestas. Es como si, después de mucho tiempo de convivencia, te acostaras con tu mujer y te despertaras con otra. De igual aspecto; de distinto carácter. De la noche a la mañana, apenas un año entre foro y foro, el planeta debe decidir si la acepta a pesar del abrupto cambio. No tiene alternativa: la  rechaza en su fuero íntimo, (leer más)

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La olla a presión

Sólo la comunidad internacional puede detener el drama de Gaza Lejos del foco, una vez que termine este arrebato de locura de vieja cuña y dudoso desenlace, unos acusarán a los otros de haberlo provocado y, como siempre, ambos apelarán al derecho a la legítima defensa como argumento para rebatir señalamientos. En Medio Oriente, nadie actúa en contra de nadie. En Medio Oriente, todos actúan en defensa de algo: del territorio, del statu quo, de la paz. En nombre de la paz se declararon guerras, se cometieron atentados y se convalidaron asesinatos tras los cuales no pareció haber agresores ni agredidos, sino sólo víctimas. No siempre Israel tuvo una artillería poderosa. En 1967, después de seis días en guerra contra Egipto, Siria y Jordania, incorporó los Altos del Golán, Cisjordania, el sector oriental de Jerusalén, la Franja de Gaza y la península de Sinaí. Desde entonces, sus vecinos árabes concluyeron que esa capacidad defensiva y, a la vez, expansiva podía ser usada contra ellos. El déficit terminó siendo el mismo: un ejército en apariencia imbatible (leer más)

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La piedra en el zapato

Los periodistas no son fiscales ni ejecutores de los sujetos que la mayoría rechaza Lo llamó “perro” y probó puntería. Cual lanzador de las Grandes Ligas de Béisbol, Muntadar al-Zeidi procuró hacer justicia por mano propia. Con los tiros malogrados de sus zapatos contra George W. Bush quiso expresar, en un rapto de ira, la impotencia de su pueblo por la ocupación de Irak. Lo arrestaron de inmediato. Abogados de toda laya se ofrecieron para defenderlo. Lo molieron a palos en una celda del palacio de la presidencia. Lo procesaron por “insultar públicamente al presidente de los Estados Unidos”. Le pidió disculpas al primer ministro de su país, Nuri al-Maliki, de modo de rebajar la pena. Ya había cobrado notoriedad: de reportero ignoto del canal satelital  Al Baghdadia pasó a ser estrella de CNN y YouTube. ¿Era su objetivo ser hasta el inspirador de un videojuego de hechura británica llamado “sock and awe (calcetín y sobrecogimiento)”, ironía de la consigna “shock and awe (conmoción y sobrecogimiento)” empleada por los Estados Unidos para tumbar a Saddam (leer más)

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El descubrimiento de América

Los Estados Unidos buscarán recuperar el terreno perdido a manos de Rusia y China Contó Antonio Pigafetta, miembro de la tripulación de Magallanes en su primer viaje alrededor del mundo, que en América meridional había visto seres exóticos; entre ellos, cerdos con el ombligo en el lomo y pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho y otros sin lengua cuyos picos parecían cucharas. Contó también el navegante florentino que, hacia 1520, el primer nativo que encontraron en la Patagonia, “tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la cintura”, iba vestido con la piel de un animal con cabeza y orejas de mula; cuerpo de camello; piernas de ciervo, y cola y relincho de caballo. “El comandante en jefe mandó darle de comer y beber y, entre otras chucherías, le hizo traer un gran espejo de acero –continúa Pigafetta–. El gigante, que no tenía la menor idea de este mueble, y que sin duda por primera vez veía su figura, retrocedió tan espantado que echó por tierra a cuatro (leer más)

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Lo mejor de cada casa

En la selección de su equipo, Obama privilegió la destreza a la filiación partidaria En forma sorpresiva, durante una visita a Londres en 2003, Hillary Clinton elogió a Margaret Thatcher. Se suponía que, como Tony Blair, estaba en las antípodas de la ex primera ministra, de ideología conservadora. De ella llegó a decir François Mitterrand que tenía “la boca de Marilyn Monroe y los ojos de Calígula”. Lejos de tributarle un piropo, el ex presidente francés procuró describirla como una mujer inteligente e intrigante que ponía nerviosos a los hombres y, en algunos casos, lograba atemorizarlos. Les debía a los soviéticos el mote de Dama de Hierro. Hillary no comulgaba con Thatcher, pero cambió de parecer. Se sintió identificada con ella, sobre todo, mientras peleaba la candidatura presidencial con Barack Obama. Quería mostrarse, también, como una mujer inteligente e intrigante. Hasta que soltó una lágrima y, como jamás había hecho Thatcher, atribuyó a su condición femenina las críticas de la prensa. La imagen gélida de la senadora que había soportado los embustes de Bill Clinton (leer más)

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Un misil en el placard

Sin haber aplacado la euforia de la victoria, Obama recibió el primer aviso de Irán Era presumible que, superadas las elecciones de los Estados Unidos, Mahmoud Ahmadinejad saludara el resultado; en su caso, con misiles en lugar de fuegos artificiales. Era presumible, también, que la sucursal de Al-Qaeda en Irak y el régimen talibán en Afganistán azuzaran a Barack Obama y George W. Bush con un súbito y brutal incremento de los atentados suicidas, de modo de no cejar en su intento de mostrar fortaleza en coyunturas desoladoras. Era presumible, a su vez, que ese triángulo, con vértices en Irán, Irak y Afganistán, procurara capitalizar la agenda del gobierno norteamericano electo, supeditada a la crisis económica y financiera global en la cuenta regresiva del actual gobierno. En su ocaso, Bush se arrepintió de haber dicho que quería “vivo o muerto” a Osama ben Laden y de haberse apresurado a festejar con el cartel de “misión cumplida” en la espalda, en una visita al portaaviones Abraham Lincoln, en mayo de 2003, el desenlace de la guerra (leer más)

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Cambio y fuera

No sólo se impuso Obama, sino también una nueva forma de hacer política LOS ANGELES.– En las primarias de 2004, el precandidato demócrata Howard Dean notó que podía hacer campaña y recaudar fondos por Internet. Perdió frente a John Kerry, pero dejó su estela. En las presidenciales, el estratego republicano Karl Rove echó mano del mismo recurso para movilizar a la base cristiana que facilitó la reelección de George W. Bush. En apenas cuatro años, Barack Obama perfeccionó el sistema en su duelo contra Hillary Clinton y terminó de pulirlo contra John McCain: difundió planes, anunció actos, reclutó voluntarios y embolsó millones de dólares gracias a módicos aportes de votantes primerizos que se familiarizaron con el eslogan Yes, we can gracias a You Tube, MySpace, Facebook y otros sitios sociales. Consolidó de ese modo una vía efectiva para llegar a la gente sin prescindir de los medios tradicionales. La expansión del fenómeno Obama, no sólo en los Estados Unidos, mucho tuvo que ver con su carisma, su poder de convocatoria, su afinada oratoria y su (leer más)

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Operación triunfo

En el mundo, cuatro de cada cinco ciudadanos votarían por Barack Obama SHANGHAI.– En Silicon Valley crearon un videojuego que, como martilla la promoción, “se adelantó a su tiempo”. Se llama Crysis y es, según Yahoo!, “uno de los más importantes, esperados y anhelados en el mundillo de los videojuegos”. También era esperada, aunque no anhelada, la otra crisis, la real. Era esperada, pero no tan pronto. Barack Obama y John McCain no tenían previsto vérselas con ella en el final de la campaña ni sentirse obligados a cabildear contra sus principios por la sanción del plan de rescate de los bancos en aprietos. Estaban preparados para discrepar sobre Irak, Afganistán, la salud, la educación y la economía en general, no sobre la crisis en particular. Menos aún para defender un proyecto de George W. Bush. La crisis no es como Crysis. En el videojuego, un soldado del Comando Delta, Jake Dunn, se propone liberar a científicos secuestrados en una isla por crueles militares norcoreanos que responden a las órdenes del temerario general Kyong. Superada (leer más)

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El fin de la historia

El inminente ascenso de China provoca algunos recelos a Obama y a McCain PEKÍN. – En Chengdu, China, un individuo pagó 270.000 dólares por el número de teléfono 8888-8888. En Hangzhou, también China, otro pagó 130.000 dólares por la chapa patente de su coche, número A-88888. La creencia de los chinos en el número ocho, sinónimo de prosperidad y fortuna, llevó a sus autoridades a redondear en ocho la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos: el día 8 del mes 8 (agosto) del año 8 (2008), a las 8 de la noche, 2008 estudiantes de artes marciales interpretaron con precisión milimétrica meneos de raíz milenaria. No sólo primó el azar, sino, también, el simbolismo: George W. Bush saludó de lejos al presidente Hu Jintao, sentado (¿ocho?) escalones arriba en el estadio Nido de Pájaro. En ese momento, mientras Bush agitaba la mano, el primer ministro ruso, Vladimir Putin, parecía decirle al oído que no había sido una buena idea alentar al presidente de Georgia, Mikhail Saakashvili, a aventurarse en la provincia de Osetia del Sur, (leer más)

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Si algo puede ir mal, irá mal

Mientras unos festejan y otros deploran el desenlace de la crisis, ésta sigue siendo de pronóstico reservado “Es el fin del capitalismo”, concluyó Mahmoud Ahmadinejad. Lo celebró Hugo Chávez: “Está crujiendo esa arquitectura financiera que consideró al mundo un casino”. Les dio letra, desde las antípodas, Nicolas Sarkozy: “La autorregulación para resolver todos los problemas se terminó; le laissez faire, c’est fini”. De ser el fin del capitalismo, los mandatarios de Irán, Venezuela, Francia y otros, así como los candidatos presidenciales norteamericanos, deberían poner en remojo sus barbas, sus convicciones y sus propósitos. Ninguno de ellos, avisados de la crisis, contempla en sus presupuestos un Estado fuerte en desmedro de un mercado débil, por más que el colapso de Wall Street clausure un ciclo histórico. Desde los regímenes comunistas, como el chino, el norcoreano y el cubano, hasta los teocráticos, como el iraní, preservan espacios para el mercado. Gobiernos de otra naturaleza, como el norteamericano y la mayoría de los europeos, latinoamericanos y asiáticos, preservan espacios para el Estado. Sin una acción conjunta de ambos, (leer más)

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Plegarias atendidas

El mayor rescate financiero de la historia puso a prueba el liderazgo político Sobre su escritorio, en el Salón Oval, Harry Truman tenía un letrero que decía: “The buck stops here! (del slang, ¡la bola se detiene aquí!)”. Era una forma de poner un límite a los debates y, más allá del resultado, asumir la responsabilidad de sus actos. Le pagaban para eso: para tomar decisiones y, con ellas, arriesgar su capital político. Comparte con Richard Nixon el deshonor de haber sido uno de los presidentes más impopulares de la historia. Sólo por un rato: George W. Bush se apresta a batir ambas marcas. El letrero de Truman suponía que siempre quería tener la última palabra. Bush también quiso tenerla, pero debilitó el orgullo nacional con su obsesión en restaurarlo tras la voladura de las Torres Gemelas y, agobiado por el colapso financiero, infundió más miedo que certidumbre en su afán de convencer a los republicanos y los demócratas de la necesidad de votar en primera instancia, en la Cámara de Representantes, el plan de (leer más)