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El panorama político de Colombia roza un punto de quiebre histórico de cara al balotaje presidencial. El sorpresivo y arrollador triunfo de Abelardo de la Espriella en la primera vuelta ha sacudido las estructuras tradicionales bajo una narrativa de confrontación radical, lujo y mano dura sin romper los hilos con sectores poderosos.
Como señaló Juan Carlos Rincón, editor del periódico El Espectador, de Bogotá, y director de La Pulla, en el programa Cuatro de Hora, de CADAL TV, la etiqueta de independiente con la que se arropa el polémico abogado y empresario disruptivo no resiste un archivo riguroso.
Lo explica de este modo: «A mí me parece que es un espejismo esta idea de que De la Espriella es un outsider. Ha sido abogado de Álvaro Uribe; de Alex Saab, testaferro de Nicolás Maduro, y de la farándula colombiana. Ha estado siempre muy cerca de los líderes políticos».
Ante el fracaso de la política clásica, la gente se refugia en la idea del hombre exitoso que «ya lo tiene todo» y que, se supone, “no va a robar”
¿Por qué resulta tan efectivo un discurso plagado de ostentación, yates y fuegos artificiales en un país con brechas sociales profundas? Para Rincón, opera un factor aspiracional en tiempos de hiperconexión. Ante el fracaso de la política clásica, la gente se refugia en la idea del hombre exitoso que «ya lo tiene todo» y que, se supone, “no va a robar”.
A las puertas de la segunda vuelta entre De la Espriella y el candidato del oficialismo, Iván Cepeda, el 21 de junio, el debate programático quedó marginado por las pasiones identitarias. Mientras la derecha apela a la nostalgia para «recuperar la patria» con un shock fiscal como Javier Milei y megacárceles como Nayib Bukele, la izquierda se abroquela en la resistencia frente al fascismo. Ambos inoculan miedo al otro. En ese escenario de polarización absoluta, las instituciones democráticas y el periodismo independiente son los que peor parados quedan.
Conducción: Jorge Elías
Dirección: Gabriel Salvia
Producción: Dorothea Krueger
Edición: Ayrton Monsalve

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