Jurassic Park, versión Corea del Sur

La Asamblea Nacional ha suspendido de sus funciones a la presidenta Park Geun-hye, acusada de complicidad en un novelesco escándalo de corrupción




Park: “Tengo el corazón roto de dolor"

Por Jorge Elías

Los últimos sábados han sido agitados en Seúl. No sólo por las habituales ínfulas bélicas del extravagante líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, siempre dispuesto como su padre y su abuelo a liquidar la guerra que quedó inconclusa en 1953, sino por la suerte casi echada de la presidenta de Corea del Sur, Park Geun-hye. Miles de personas pidieron su destitución en la capital y millones en el país a raíz del escándalo de corrupción protagonizado por su amiga y confidente Choi Soon-sil, alias La Rasputina coreana.

La controversia no sólo ha hundido a Park en las encuestas, sino también a su partido, el Saenuri. La Asamblea Nacional resolvió suspenderla. Esa decisión debe ser evaluada por el Tribunal Constitucional. Park confía en que ese órgano pueda repetir el dictamen de 2004, cuando la Asamblea Nacional también impugnó al presidente, Roo Moo-Hyun, pero los jueces fallaron en contra de esa resolución. Mientras tanto, el poder recae en el primer ministro, Hwang Kyo Ahn.

Choi se aprovechó de su relación con Park para intervenir en asuntos de Estado sin desempeñar función alguna en el gobierno y para extorsionar a compañías en beneficio propio. Está en prisión. Park, apodada La Princesa de Hielo por la dureza de su carácter, se vio obligada a poner su cargo a consideración de los legisladores. Su popularidad, de apenas el cuatro por ciento, roza el suelo y su futuro sólo le augura el final anticipado de su mandato, previsto inicialmente para febrero de 2018. El 70,6 por ciento de los coreanos está a favor de la renuncia inmediata o del juicio político de la presidenta, según la consultora Hangkook Research.

El padre de Choi, Choi Tae-min, era predicador de una secta en 1974. Se hacía llamar el “mensajero del mundo espiritual”. Dirigía un movimiento de nombre llamativo: Cruzados para salvar la Nación. Aseguraba que sanaba a los que “sufrían enfermedades incurables”. Se ganó la confianza de la joven Park con la promesa de ponerla en contacto con su madre, muerta en un atentado. A él sobrevivió el padre de Park, el general Park Chung-hee, dictador de Corea del Sur entre 1961 y 1979.

Choi, de quien se hizo amiga la joven Park, era policía. Luego se convirtió en monja budista y abrazó la religión protestante para crear su propia secta, La Iglesia de la Vida Eterna, culto que mezcla elementos cristianos, budistas y animistas. El padre de Choi era algo así como el mentor espiritual de la joven Park. La relación alcanzó tal grado de confianza que, según un documento de la embajada de los Estados Unidos filtrado por WikiLeaks en 2007, logró “un control completo sobre el cuerpo y el espíritu de Park durante sus años de formación”, lo que a su vez le reportó “una enorme riqueza”.

Lo había advertido el artífice de la muerte del general Park, Kim Jae-gyu, jefe de su servicio secreto. Lo asesinó, dijo, en parte porque estaba indignado por la incapacidad del dictador para evitar las frecuentes intromisiones del padre de Choi gracias a la relación que mantenía con su hija. Tras la muerte del predicador, en 1994, su hija adquirió en forma automática la influencia mental que mantenía sobre Park y, con ella, los favores materiales que obtenía.

Choi iba a abusar del vínculo cuando Park asumió la presidencia. Lo utilizó para recibir donaciones millonarias de las principales multinacionales del país (Samsung, Hyundai Motors, LG, Lotte, Hanhwa, Hanjin y CJ) en nombre de dos fundaciones que auspiciaban proyectos culturales y deportivos, Mir y K-Sports. De amiga personal, Choi pasó a ser una suerte de colaboradora gubernamental de facto. Manejó documentos clasificados y aconsejó a Park en asuntos internos y externos. Su ex marido, Chung Yong-hoi, fue asesor de Park hasta 2013. Su hija logró una plaza en la universidad femenina de Ewha, una de las más prestigiosas del país.

Más allá de los pormenores de la estrecha relación entre ambas, “el crimen más imperdonable de Park es la violación colosal de la confianza de la gente, lo que ha causado un sentido agudo de desesperación en la sociedad y un daño serio a la oficina de la presidencia”, martilló un editorial de The Korea Times.

El culebrón se trasladó a la Casa Azul (residencia presidencial), donde Park debió consultar a los oráculos, batirse a duelo con sus fantasmas y, finalmente, inclinar la cabeza por el error de haber confiado en su mejor amiga. “Tengo el corazón roto de dolor por haber causado preocupación a los ciudadanos”, declaró en una sus disculpas públicas. Un gesto inusual en una persona fría, distante, como ella. Acaso tan inusual como el pedido de perdón de Choi: “Cometí un delito por el que merezco morir”. Esa fórmula es excepcional. Sólo se aplica en Corea del Sur cuando ya no queda más remedio que expresar el arrepentimiento y aceptar las consecuencias.

@JorgeEliasInter | @Elinterin
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