No sos vos, soy yo

Hillary Clinton coronó su sueño de ser la primera mujer candidata a presidenta de los Estados Unidos, pero tiene menos apoyo entre las mujeres que su rival, Donald Trump, entre los hombres




Hillary Clinton: su turno

Por Jorge Elías

Con un rival tildado de misógino y de hostigador, Hillary Clinton debería contar con el apoyo masivo de las mujeres. Debería, pero… El apoyo de los hombres a Donald Trump supera el apoyo de las mujeres a Hillary. No sólo eso. Hillary, la primera mujer en la historia que puede ser presidenta de los Estados Unidos, tiene apenas un 36 por ciento de imagen positiva y un preocupante 59 por ciento de imagen negativa, según Gallup. Son los peores índices de popularidad en 24 años. Los de su carrera política. Lejos quedó el 67 por ciento de opiniones favorables de 1998, cuando decidió defender su matrimonio en lugar de dinamitarlo por los embustes de su marido, al borde de ser destituido por negar su relación con Monica Lewinsky.

La carrera de Hillary está atada a la de Bill Clinton. Los llaman Billary. Eso crea adhesiones y rechazos, así como los estrechos vínculos de ambos con el establishment, cara y cruz con el adversario de Hillary en las primarias, Bernie Sanders. En 2008, cuando ella perdió frente a Barack Obama, decía que no competía como mujer. Ese flanco, acaso su fortaleza ocho años después, se ve empañado por su propia imagen, remota, distante. Su marido, sin ser candidato, le lleva 13 puntos de ventaja a Trump entre las mujeres, según The Wall Street Journal y NBC. La falta de sintonía de Hillary crece en forma proporcional con la juventud de los votantes. Tres de cada 10, de entre 18 a 29 años de edad, están con ella.

En la convención demócrata, realizada en Filadelfia, estaba esperándola una bomba. Miles de correos electrónicos robados del servidor del Comité Nacional Demócrata (DNC) demuestran que la cúpula del partido estuvo al servicio de Hillary en desmedro de Sanders durante las primarias. La revelación fue el resultado de una presunta maniobra de apparátchik (espías rusos), atribuida a Vladimir Putin como  imprevisto aliado de Trump, en complicidad con WikiLeaks. La presidenta del DNC, Debbie Wasserman Schultz, renunció de inmediato, fortaleciendo la posición de Sanders de cara al eventual gabinete de Hillary si gana las elecciones del 8 de noviembre.

En febrero de 2016, ocho de cada diez norteamericanos coincidían en afirmar que los Estados Unidos estaban preparados para tener una mujer en la Casa Blanca, según un sondeo de CNN. Tras la respuesta positiva, la mayoría aseguraba que estar preparados no significaba que fuera importante. ¿Lo es ahora? En la reelección de Obama, en 2012, el 55 por ciento del apoyo que recibió provino de las mujeres, aunque en su gabinete haya sólo cuatro frente a 17 hombres y en el Congreso haya apenas 104 legisladoras sobre un total de 535. En los Estados, las cifras son aún más elocuentes: hay cinco gobernadoras y 45 gobernadores.

Hillary insiste en no explotar su costado femenino. Sus eslóganes de campaña no transmiten calidez: “Estoy con ella”, “Los norteamericanos de todos los días”, “Pelea por nosotros”, “Rompiendo barreras” y “Juntos somos más fuertes”. Fue cambiándolos a medida que Trump cargaba contra los mexicanos, los musulmanes y otros colectivos. La acción quedó supeditada a la reacción. Hillary no pudo o no quiso tomar la iniciativa. El brío retórico se desdibujó en dos frentes: mostrarse diferente de Sanders y disentir con Trump. Eso le quitó vuelo, así como la defensa de su gestión como secretaria de Estado, empañada por sospechas de mal desempeño. Lo cual prueba algo más alarmante que las encuestas: su rival no es Trump, sino ella misma.

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