El sueño americano vale una pesadilla
Sin reparar en crisis ni prohibiciones, el ansia de superación empuja a miles de mexicanos y centroamericanos a probar suerte en plan clandestino en los Estados Unidos. Cruzan el río como mojados o el desierto como braceros. En el azaroso derrotero, en el cual arriesgan la vida, pueden ser picados por animales, maltratados por sus compañeros de ruta, estafados por los coyotes (guías) o detenidos por la Patrulla Fronteriza, secundada por milicias civiles y, ahora, por el Pentágono. En la decisión de partir incide la búsqueda de trabajo para ayudar con remesas a sus parientes y, una vez radicados, instarlos a ir detrás de ellos. Nadie se va de casa por placer. En el camino, la violencia se ceba con los más débiles. Cada año, unos 20.000 migrantes centroamericanos son secuestrados por carteles de la droga, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México. Los usan como mulas (contrabandistas) o halcones (informantes). El viaje de América Central a la frontera de los Estados Unidos, señala Amnistía Internacional, es “uno de los más peligrosos del (leer más)
