El todopoderoso




En los ochenta, Irving Wallace escribe una formidable novela cuyo inescrupuloso protagonista vive tan obsesionado con el poder que es capaz de manipular personas y acontecimientos para lograr sus propósitos. Se llama Edward Armstead. Está obligado a convertir al diario Record, de Nueva York, en el más vendido de los Estados Unidos y a hacer suya a la amante de su difunto padre para heredar su inmensa fortuna. Es, o cree ser, El todopoderoso –título del libro– hasta que Victoria Weston, avispada periodista del diario, sospecha sobre el turbio origen de las primicias que ayudan a incrementar las ventas. Y empieza a investigar.

¿Qué descubre? La verdad. No pretende nada en particular, excepto ejercer su oficio con libertad. Es sorprendente cómo se han invertido los papeles. Tres décadas después de la aparición de la novela de Wallace investigan más los gobiernos que los periodistas, sobre todo en América latina. Y, a su vez, los gobiernos juzgan con absoluto desparpajo a los medios de comunicación, culpándolos de los males contemporáneos y pretéritos. Es como avanzar en reversa, en realidad.

Los regímenes abusivos son, por definición, violentos, según el historiador Paul Kennedy. En general, la mayoría de los presidentes latinoamericanos, sea del signo que sea, tiene un marcado sesgo autoritario. Ninguno preferiría, como Thomas Jefferson, periódicos sin un gobierno antes que un gobierno sin periódicos. En determinados países, la ausencia de una oposición política consolidada es cubierta en forma errónea por medios de comunicación y periodistas que se ven forzados a desempeñar un rol para el que no están preparados.

En Venezuela han sido asesinadas 19.133 personas en 2009. Lo dice el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), símil no intervenido ni enmendado del Indec argentino. Es curioso que un gobierno poco respetuoso de los modales republicanos como el chavista confirme en este año de elecciones legislativas que, en promedio, hay en el país al menos una muerte violenta cada media hora. No es curioso que, corroboradas esas pavorosas cifras, no tolere que un periódico confundido con la oposición publique en su portada una foto repulsiva de la morgue de Caracas; está atestada de cadáveres de personas liquidadas a tiros.

La tasa de homicidios de Venezuela, según el Observatorio de Violencia, duplica la de Colombia, sumido desde hace medio siglo en un conflicto armado, y supera varias veces la de México, azotado por la guerra contra el narcotráfico desde fines de 2006. En principio, las estadísticas molestan menos a Hugo Chávez que las evidencias: su gobierno, por medio de la Defensoría del Pueblo, prohíbe publicar imágenes que vulneren “el derecho a la integridad moral y psíquica de los niños, niñas y adolescentes” a dos periódicos críticos como El Nacional y TalCual. Esos muertos, desnudos y despatarrados, vulneran la dignidad humana, no sus fotos.

Los espacios de las fotos de El Nacional son cruzados con fajas que llevan un aviso en letras rojas: “Censurado”. El estudio del INE, hecho el año pasado por encargo del entonces vicepresidente de Venezuela, Ramón Carrizales, dice que el 80 por ciento de los crímenes es cometido con armas de fuego y que ocho de cada diez   víctimas son hombres de entre 25 y 44 años pertenecientes al estrato socioeconómico más bajos, supuestamente mejor atendido que otros por el gobierno chavista. Tan preocupante como esas cifras es que, según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad Ciudadana, entre julio de 2008 y julio de 2009 haya habido 16.917 secuestros.

En vísperas de las elecciones legislativas del 26 de septiembre, Chávez insiste en restarles importancia a esos alarmantes guarismos, así como al promedio de 44 asesinatos por día. No se irrita tanto por ver a Venezuela en el 122º lugar entre los 149 países auscultados por su violencia para el Índice Global de Paz como por la foto de la morgue en la portada de El Nacional del 13 de este mes. Es de diciembre de 2009. Muestra cadáveres desnudos y ensangrentados, tirados en el piso y apretujados, de dos en dos, sobre camillas metálicas. Este año, según la información publicada en las páginas interiores, ha habido 5000 asesinatos.

La Fiscalía General abre una investigación contra la prensa, no contra los criminales. Es una reacción acorde con los arrebatos del gobierno contra toda voz disconforme. Ni en Venezuela ni en otros países es inocente la prensa, pero tampoco es culpable de la ineficacia de las autoridades.

De ser rentable el periodismo sensacionalista tendría imitadores el presentador brasileño Wallace Souza, acusado de dirigir una banda mafiosa y, como Armstead en la novela de Wallace, ordenarle asesinatos para tener las primicias en su programa de televisión. Muere en marzo en San Pablo después de ser el diputado regional más votado del Amazonas. Muere en su ley, convencido de que es El todopoderoso en una región en la cual algún que otro mandatario está empezando a creérselo. Será hasta que la verdad fije el justo y definitivo equilibrio.



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