La leyenda del jinete sin sutileza
Bush ha impuesto la dureza en su política exterior, llamada realismo, en contraste con el presunto idealismo de Clinton Dejó huérfanos de mediación a israelíes y palestinos, devaluando la intervención de los Estados Unidos en la crisis a un palco de la segunda bandeja, arriba, como en el gobierno de su padre. Despertó la ira de Europa con su aval a los industriales en pie de protesta por las pérdidas que provocaría la reducción de las emisiones tóxicas, ignorando la adhesión de su país al Protocolo de Kyoto. Enfrió la alianza estratégica con el Japón por el choque de un submarino nuclear norteamericano con un buque de bandera nipona. Tomó distancia del acercamiento de las dos Coreas. Echó a 50 diplomáticos rusos por el arresto del espía Robert Hanssen, dispuesto por el FBI, no por el Servicio Federal de Seguridad (ex KGB). Sacudió a los Balcanes con la posibilidad de reducir sus tropas en aras del ajuste el presupuesto militar. Pisó América latina y, al mismo tiempo, bombardeó Irak. Y tensó, en otra vuelta de (leer más)
