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El remedio es peor que la enfermedad

Sharon ha emprendido el camino más duro, cerrando toda posibilidad de arreglo en una guerra no convencional En contra del pragmatismo y de la terrible tendencia hacia la consecución de fines útiles, el primo mayor de Cortázar solía sacarse un pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si se enganchaba en la rejilla, bueno, paciencia, debía abrir un poco la canilla para que se perdiera de vista. Sin malgastar un instante, entonces, emprendía la ímproba tarea de recuperarlo. Es, más o menos, el reflejo de Medio Oriente: el pelo anudado, cual prenda de paz, se ha escurrido por el agujero del lavabo. O de la incertidumbre. Y está enganchado en la rejilla. A poco de perderse en la negrura de las profundidades por la dureza extrema de Ariel Sharon y por el comportamiento engañoso de Yasser Arafat, o viceversa, ante la mediación frustrada de George W. Bush. No deseada desde el comienzo de su gestión. Como si se tratara de una cuenta pendiente (leer más)

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Demasiado tarde para lágrimas

La Unión Europea y los Estados Unidos debatieron quién daba menos para combatir la pobreza MONTERREY, México.– Cierta vez, cuentan, un hombre de buen pasar llevó a su hijo a las afueras de la ciudad, de modo de mostrarle, y de demostrarle, cómo vivían los campesinos. Pasaron el día en casa de una familia humilde. Y el chico, maravillado, advirtió que los pobres eran, en realidad, millonarios. En tiempo compartido en lugar de agendas completas, en lagunas en lugar de piscinas, en estrellas en lugar de faroles y en horizonte en lugar de paredones. En tantas cosas que la lección terminó siendo para el padre, agradecido, y sorprendido, por su propia riqueza. Que, hasta ese momento, consideraba algo natural. Tan natural, quizá, como la desigualdad en un mundo que, obligado por las circunstancias, debió organizar una cumbre presidencial de nombre pomposo, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Financiación para el Desarrollo, con tal de que los dos grandes bloques, la Unión Europa y los Estados Unidos, debatieran quién da menos asistencia a los (leer más)

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Verás que todo es mentira

El miedo y la ineficacia de las agencias de seguridad han alimentado las hipótesis de un segundo acto terrorista Que no, dicen. Que no ha sido Osama ben Laden. Si existe: en Afganistán jamás han visto un solo pelo de su barba. Que ha sido George W. Bush con tal de legitimarse, después del tironeo electoral con Al Gore, y de gobernar con dureza. Como en el Far West. Que no, reponen. Que han sido los chicos malos de la CIA, desplazados por los buenos. Que no. Que han sido milicias urbanas, encolerizadas por la ejecución de Timothy McVeigh, el criminal de Oklahoma. Que no, que no. Que han sido los halcones del Mossad para emprender, con el guiño norteamericano, el ataque final contra los palestinos. Final y definitivo. Que han sido los chinos, alérgicos al escudo antimisiles, alegan. Que han sido los rusos, nostálgicos del mundo bipolar. ¿Qué ha sido de las teorías conspirativas, lanzadas como dardos después de los atentados? Medio año después, Bush recita el eje del mal, pensando en Irak, pensando (leer más)

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Falta envido, truco y tregua

Los desafíos del nuevo primer ministro son sofocar la intifada, restablecer la seguridad y reencarrilar el proceso de paz Siembra un pensamiento y recogerás una acción; siembra una acción y recogerás un hábito; siembra un hábito y recogerás un carácter; siembra un carácter y recogerás un destino. A tono con la reflexión de William Thackeray, autor de La Feria de las vanidades y de El libro de los snobs, Ariel Sharon recogió un destino desde que ganó por abrumadora mayoría las elecciones del 6 de febrero. Precipitadas por la intifada (revuelta palestina). Que coincidió, el 28 de septiembre de 2000, con su visita a un sitio sagrado de Jerusalén para judíos y musulmanes. Semilla de cólera contenida durante generaciones. El destino baraja las cartas, pero los hombres, no los oráculos, juegan con ellas. Y Sharon, primer ministro de Israel desde el miércoles, enfrenta los desafíos inmediatos de sofocar la intifada, de restablecer la seguridad interior y de reencarrillar el proceso de paz. El orden de los factores altera el producto. Cualquier medida drástica, como bloquear (leer más)

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Ganamos cero a cero

Entre Sharon y Arafat prevalecerá, en principio, aquel que ceda menos mientras prevalece la ola de violencia sin control Siete días de calma absoluta, o de tregua a plazo fijo, ha insinuado tibiamente Ariel Sharon como eventual paliativo para tender un puente hacia la posibilidad, remota en apariencia, de encarar negociaciones de paz. O algo así. ¿Cuál ha sido la respuesta de Al Fatah, la organización de Yasser Arafat? Más intifada (sublevación palestina). O algo así. ¿Por qué? Porque en la violencia, o algo así, repara la fortaleza frente a un enemigo superior. Con atentados no convencionales, en el menos convencional de los conflictos armados, que, a su vez, provocan represalias no convencionales. O asesinatos selectivos. Cada vez peores, muerto en la madrugada del viernes, entre otros, el general Ahmed Mefrej, jefe de las Fuerzas Nacionales de Seguridad del sur de la Franja de Gaza. El militar palestino de más alto rango entre los caídos desde la declaración de la intifada, el 28 de septiembre de 2000. En esos tiempos, vísperas de la victoria de (leer más)

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El silencio de los indolentes

Gran duda: ¿hasta qué punto los Estados Unidos estarán involucrados en la virtual guerra contra el narcoterrorismo? Sepulturero y partero a la vez, Andrés Pastrana ha decidido enterrar la criatura que nació tuerta, creció renga y, ciega y paralítica en sucesivas prórrogas, terminó muriendo después de una sorda agonía: la mesa de negociaciones, o el laboratorio de la paz, con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Mesa de patas flojas, o laboratorio de ensayos vanos, sobre cuyo mantel floreado el vaso supo estar medio lleno, de un lado, y medio vacío, del otro. O viceversa. Nunca lleno, o vacío, del todo. A medias, finalmente, el experimento fracasó después de 1221 días. O de tres años y monedas. En principio, por la pésima voluntad de Tirofijo y por el excesivo voluntarismo de Pastrana. Turbado en la cornisa del desenlace, en un mundo convulsionado después de los atentados del 11 de septiembre y de la represalia contra el régimen talibán, por los secuestros del senador Jorge Gechem, primero, y de la candidata presidencial Ingrid Betancourt, después. (leer más)

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El horno no está para pretzels

La advertencia data de la era De la Rúa-Cavallo y, en realidad, no ha variado: «Presenten un plan y hablamos» Ingredientes: agua tibia (una taza), agua corriente (cuatro tazas), levadura (un paquete), harina (una taza y media), manteca (dos cucharadas), sal (media cucharadita), azúcar (una cucharada) y bicarbonato de sodio (cinco cucharadas). Preparación: disolver la levadura en agua; agregar harina, manteca, azúcar y sal; batir durante tres minutos (añadir más harina, si es necesario); amasar hasta lograr una pasta elástica; colocarla en un recipiente cubierto hasta que duplique su volumen; dividirla en piezas iguales y, con la palma de la mano, darles forma de bastoncitos; anudarlas como lazos; disponerlas sobre una bandeja de horno previamente engrasada; dejarlas en reposo hasta que dupliquen su volumen; mezclar agua con bicarbonato de sodio en un recipiente de plástico; bañar las piezas con la solución obtenida; disponerlas de nuevo en la bandeja; espolvorearlas con sal; hornearlas durante 10 o 15 minutos. Y ya. Listo. Resultado: el arma que Osama ben Laden y el mullah Omar no imaginaron. Más efectiva (leer más)

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El sol nos dice que llegó el final

Con colapso o sin él, la crisis puede derivar en una escalada militar de envergadura si provoca inestabilidad regional En ingrata coincidencia con los brutales atentados del 11 de septiembre, los duros de Washington hicieron rotar el globo terráqueo sobre su eje. Y estrellaron el índice en Colombia, deteniéndolo. Zona roja, mentaron. La embajadora norteamericana en Bogotá, Anne Patterson, advirtió entonces, mientras presenciaba una fumigación de hojas de coca, que los narcotraficantes, fueran guerrilleros o paramilitares, terminarían en los Estados Unidos, extraditados. Era parte del endurecimiento del gobierno de George W. Bush contra todo aquello que apestara a terrorista. O, en definitiva, que estuviera fuera del sistema. Con el agravante, en este caso, de los vínculos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con el cartel de los hermanos Arellano Félix, ventilados por el Departamento de Estado. Y de los 1300 millones de dólares prometidos por Bill Clinton a Andrés Pastrana, de los cuales ya habían desembolsado 860 millones. Un anticipo del Plan Colombia, compartido con la Unión Europea. Valuado, en total, en 7500 (leer más)

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Rebelión en la granja

 ¿Cómo nos ven en el exterior después de las imágenes de los saqueos y los cacerolazos de un país devaluado a sí mismo? De chicos nos enseñaron que la Argentina era el granero del mundo. Un  corral, a la vez, en el cual había más vacas que gente. Y en el cual nadie, jamás, iba a padecer hambre. Por más que faltara trabajo. De grandes aprendimos que nos engañaron. Que, como escribió Manuel Gálvez, el juego del truco refleja fielmente nuestra conciencia colectiva, encarnada en dos presuntas virtudes: la pereza y la mentira. “El azar no tiene importancia en el truco; lo que vale es el engaño –señala en El Diario de Gabriel Quiroga–. Se precisa mucha viveza para ese juego, decimos todos aquí. No recuerdo quién aseguró que la mentira es el vicio nacional. Yo agregaría que toda nuestra viveza es un continuo truco. Sobre todo en política. Vivimos mintiendo, vivimos engañándonos mutuamente, vivimos cantando envido ¡cuando apenas tenemos puras sotas!” Libro profético, editado hace un rato: 1910. Un siglo después de la Revolución (leer más)

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El general Desconcierto y el mayor Sigilo

Resuelta dentro de la democracia, la crisis argentina refleja el peligro que representa la desatención de los problemas sociales Lejos estaba Fernando de la Rúa de pensar que su visita a Asunción, el lunes 15 de mayo de 2000, iba a ser el preludio de un intento de golpe militar. El más cruento y cercano. En la misma semana del encuentro con su par paraguayo, Luis González Macchi, con el cual pretendía recomponer la relación bilateral, maltrecha por el cortocircuito que había ocasionado el asilo de Lino Oviedo en la Argentina, como correlato del asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, y su fuga, en la víspera del final de la gestión de Carlos Menem, después de haberse sometido a primorosas sesiones de lifting y entretejido. Lejos estaba De la Rúa de pensar, también, que sus reflexiones en un almuerzo con empresarios iban a convertirse en un boomerang: «Cuanto más se desatienden los problemas sociales, más graves se vuelven –dijo–. En la Argentina hay problemas sociales, como en toda la región, pero no hay peligro de (leer más)

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Cuando ya me empiece a quedar solo

Vino a echar luz Fidel Castro. De nuevo. Sin él, los participantes del X Encuentro del Foro de San Pablo, realizado en La Habana, se habrían privado del diagnóstico más preciso, y más sagaz, de la crisis argentina: «Es que todavía existe una ficción de que hay un presidente», dijo, irónico. O burlón. Con el tono de aquel que celebra el quebranto ajeno para atenuar, o disimular, el propio. Propio de Castro, digamos. De la rima consonante con la cual, en un discurso de apenas cinco horas y cinco minutos, prodigó sus mejores deseos para la tierra del Che: «¿Hay que soplar? –dijo–. No hay que soplar. Eso se derrumba. Eso no tiene remedio. Es insostenible». Y echó más luz aún. O leña: «Ya el neoliberalismo los había liquidado y la crisis los hizo picadillo». Gracias, Fidel. Un amigo. De esos que siempre están. Sobre todo, en los peores momentos, tendiendo su mano franca y su consejo acertado. Sin interés, como la deuda que Cuba no paga a la Argentina. O, como durante la dictadura (leer más)

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Dos conflictos en un instante

Derrotado el régimen talibán, Arafat está en la disyuntiva entre convalidar la política de Sharon o combatir el terrorismo Tropezó el chico y lanzó un alarido; la montaña tosió un sonido casi idéntico. Gritó de nuevo y, de nuevo, estalló la réplica. Casi idéntica. Pero, a la vez, más ruidosa, menos clara, disipándose en réplicas sucesivas hasta la hondura del silencio. El chico miró a su padre, asombrado. ¿Qué era aquello? El eco, hijo. O, acaso, la vida misma. Que devuelve todo lo que uno dice o hace. En el eco del silencio, o de la indiferencia, ha caído Yasser Arafat, tosiendo impotencia frente a las réplicas, y las advertencias, de Ariel Sharon. Con el inconcebible récord mutuo de poco menos de 1000 muertos, palestinos en su mayoría, en poco más de 14 meses. Los muertos y los meses de la renovada intifada (sublevación), desde el 28 de septiembre de 2000, como grabado de la lápida bajo la cual descansan los restos del acuerdo de paz de Oslo, rubricado el 13 de septiembre de 1993 (leer más)

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La mitad partida por la mitad

Hasta poco antes de los atentados, Washington creía que el régimen talibán era el apropiado para preservar sus intereses Cualquier parecido con la realidad no es más que una coincidencia. Pura casualidad. O, acaso, mera travesura de la imaginación: «Volveremos a ser amantes bajo el sol de Acapulco / o a la orilla de una barricada / incendiada en la Frontera de Gaza. / Si no tomaré por asalto un 747 / en dirección opuesta a los horizontes / me coronarán mina terrorista / y volaremos entre el humo colorado de una explosión / así recogerían nuestros pedazos / y volveríamos a la madera / como cuerda de guitarra. / Hundida en el mar». ¿Apología de los atentados? Tarek William Saab, presidente de la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional de Venezuela, no tomó por asalto un 747 en dirección opuesta a los horizontes, ni se coronó mina terrorista, ni voló entre el humo colorado de una explosión. Sólo escribió el poema, titulado Al Fatah, una década antes del espanto, reunido ahora en (leer más)

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Contame tu condena, decime tu fracaso

El denominado efecto De la Rúa, usado en Brasil para criticar a Lula, corona una crisis que va más allá de lo económico Cerca de un modesto pueblo portuario de Galicia llamado Cariño, a la vera de acantilados de gran porte, deambulan almas en triste procesión. Cuenta la leyenda que, de noche, derraman lágrimas y arrastran cadenas, desconsoladas, esperando que algún mortal se apiade de ellas. En tránsito, o en trámite, entre el purgatorio, delimitado por los mañosos bosques de San Andrés de Teixido, y el Paraíso. Cada alma de Santa Compaña carga un farol. Es el símbolo de una promesa incumplida en vida. De una cuenta pendiente por la cual el alma no podrá liberarse de sus ataduras terrenales hasta que sea saldada. El farol, en principio, quedará en manos del testigo ocasional de su mirada, o de su luz mortecina, de modo de que cumpla, finalmente, con la promesa. Si no, el alma seguirá deambulando, errante en las sombras, y el mortal, a su vez, cargará su propio farol y otro ajeno. Con (leer más)

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Todos para uno, uno para todos

La represalia entró en una inflexión en la cual todo el que critique los métodos corre riesgo de ser tildado de aliado de Ben Laden LONDRES.– Vamos a terminar dándole la razón a Marx: “La religión es el opio de los pueblos”. O, tal vez, adaptándolo a las circunstancias: “El opio es la religión de los pueblos”. Del opio, o del narcotráfico en general, han vivido los pueblos, o los polos, de Afganistán. Los buenos y los malos. Es decir, la Alianza del Norte y el régimen talibán, respectivamente. Buenos por conveniencia, unos; malos por demencia, los otros. Eran todos malos, en realidad, hasta que la necesidad tuvo cara de hereje: las tragedias del 11 de septiembre precipitaron el alineamiento de los Estados Unidos, Gran Bretaña y compañía con el único clan capaz de pisar firme, cual todo terreno, en las caprichosas arenas movedizas, y minadas, de un país en ruinas, escarpado, estancado, dejado a la buena de Dios. País que, de un lado y del otro, supo suplir sus magras exportaciones de bienes por (leer más)