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Política

Contame tu condena, decime tu fracaso

El denominado efecto De la Rúa, usado en Brasil para criticar a Lula, corona una crisis que va más allá de lo económico Cerca de un modesto pueblo portuario de Galicia llamado Cariño, a la vera de acantilados de gran porte, deambulan almas en triste procesión. Cuenta la leyenda que, de noche, derraman lágrimas y arrastran cadenas, desconsoladas, esperando que algún mortal se apiade de ellas. En tránsito, o en trámite, entre el purgatorio, delimitado por los mañosos bosques de San Andrés de Teixido, y el Paraíso. Cada alma de Santa Compaña carga un farol. Es el símbolo de una promesa incumplida en vida. De una cuenta pendiente por la cual el alma no podrá liberarse de sus ataduras terrenales hasta que sea saldada. El farol, en principio, quedará en manos del testigo ocasional de su mirada, o de su luz mortecina, de modo de que cumpla, finalmente, con la promesa. Si no, el alma seguirá deambulando, errante en las sombras, y el mortal, a su vez, cargará su propio farol y otro ajeno. Con (leer más)

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Todos para uno, uno para todos

La represalia entró en una inflexión en la cual todo el que critique los métodos corre riesgo de ser tildado de aliado de Ben Laden LONDRES.– Vamos a terminar dándole la razón a Marx: “La religión es el opio de los pueblos”. O, tal vez, adaptándolo a las circunstancias: “El opio es la religión de los pueblos”. Del opio, o del narcotráfico en general, han vivido los pueblos, o los polos, de Afganistán. Los buenos y los malos. Es decir, la Alianza del Norte y el régimen talibán, respectivamente. Buenos por conveniencia, unos; malos por demencia, los otros. Eran todos malos, en realidad, hasta que la necesidad tuvo cara de hereje: las tragedias del 11 de septiembre precipitaron el alineamiento de los Estados Unidos, Gran Bretaña y compañía con el único clan capaz de pisar firme, cual todo terreno, en las caprichosas arenas movedizas, y minadas, de un país en ruinas, escarpado, estancado, dejado a la buena de Dios. País que, de un lado y del otro, supo suplir sus magras exportaciones de bienes por (leer más)

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Vísteme despacio que llevo prisa

El gobierno norteamericano ha dejado entrever que existe otra prioridad: comprometer a América latina en el Plan Colombia En el Placer del Sacerdote, solaz a la vera del río Támesis, algunos profesores de Oxford toman sol en verano. No hacen otra cosa que conversar amablemente, cabecear siestas o leer diarios. Tiene su gracia, sin embargo: están desnudos. Es una tradición licenciosa. Y silenciosa. Lejos de miradas indiscretas y lejos, también, de mirarse a sí mismos. Cierta tarde, según cuenta Garrett Thomson en el primer capítulo de su libro Flies on the Brain, unas damiselas de Oxford, flor y nata de la sociedad británica, perdieron el rumbo en su bote. Y pasaron lentamente frente al Placer del Sacerdote. “¡Oh, Dios mío!”, exclamaron los profesores. Imagínense: viejos sabios de modales elegantes y verba pausada, reputadísimos, perplejos ahora, al igual que ellas, echando mano de los diarios con tal de cubrirse las partes íntimas. Sólo uno, profesor de filosofía, se cubrió la cara. Superado el trance, con el bote y las risitas de las damiselas en lontananza, los (leer más)