Sálvese quien pueda

Una ley no escrita dice que el capitán debe permanecer a bordo y que las mujeres y los niños deben ser los primeros en ser rescatados si un barco se hunde, algo que no ha ocurrido en el reciente naufragio de Corea del Sur ni en otros




El Interin de Jorge Elías
A la deriva / Photo credit: Zavarykin Sergey / Foter / CC BY-NC-SA

¿Un iceberg?, exclamó el comandante Lightoller, segundo oficial del Titanic. Los icebergs no llegan a estas latitudes. Le digo que sí, insistió Boxall, el cuarto oficial. Golpeamos algo, admitió Lightoller. ¿Un iceberg?, exclamó de nuevo. Tenemos agua en la cubierta F, señor, corroboró Boxall.

Domingo, 11.45 PM. Muerte súbita, agonía lenta. Dos horas y media tardó en cerrarse el último aro de agua. El griterío resbalaba en la cubierta, fría y húmeda como la noche. Todos los pasajeros tenían salvavidas. ¿Las mujeres y los niños, primero? Los botes no alcanzaban; en algunos iban sólo hombres.

Un millonario ofreció una fortuna a cambio de un lugar en uno de los botes. Aceptó el trato una pasajera de tercera clase. No llegó a ver un céntimo. Murió ahogada con otros 814 pasajeros y 688 miembros de la tripulación. Horror. Eran 2.208 antes de arribar a Nueva York, el destino que jamás iban a alcanzar. Apenas 705 fueron rescatados por el transatlántico Carpathia.

Martes, 8.30 PM. El Carpathia arribó a Nueva York. Es mi deber informarles que ayer, lunes 15 de abril de 1912, a las 2.22 AM, se ha hundido el R.M.S. Titanic, buque insignia de White Star Line, se lamentó un vocero de la compañía. Perdimos más de 1.500 personas. Mi más sentido pésame a los deudos.

El capitán E. J. Smith, con dos millones de millas en su haber para la White Star Line, estaba a punto de jubilarse. Era un honor para él guiar el Titanic en su último viaje como marino desde Southampton, Gran Bretaña, hasta Nueva York, con breves escalas intermedias. Murió en el vano afán de salvar a las mujeres y los niños, primero.

Eso no ha ocurrido ahora en Corea del Sur. El capitán Lee Jun-seok sobrevivió al naufragio del ferry Sewol, con 447 pasajeros a bordo, en su mayoría adolescentes. Tampoco ocurrió en 2012, cuando se hundió el crucero Costa Concordia frente a las costas italianas. El capitán Francesco Schettino enfrenta cargos criminales.

Ocurre pocas veces, en realidad, así como la prioridad de salvar a las mujeres y los niños. Lo confirmaron investigadores de la Universidad de Uppsala, Suecia, tras examinar los registros de 18 naufragios acaecidos entre 1852 y 2011. Del Titanic sobrevivieron el 20 por ciento de los hombres y el 70 por ciento de las mujeres y niños. Cifras similares arrojó la tragedia del Lusitania, barco de pasajeros torpedeado por un submarino alemán el 7 de mayo de 1915. Fueron casos excepcionales. En los otros 16 naufragios estudiados no hubo gran diferencia entre hombres, mujeres y niños sobrevivientes. En 10 de ellos se salvaron más hombres que mujeres y niños.

Los sobrevivientes del Titanic debieron declarar en las audiencias del Congreso de los Estados Unidos. Entre ellos, el comandante Lightoller. Por lo que ha dicho, usted no respetó el interés de los pasajeros, primero las mujeres y los niños, en las filas de los botes, lo azuzó el senador Smith. Sí, señor, afirmó Lightoller. ¿Por qué hizo eso?, bramó el senador Smith. ¿Órdenes del capitán, las reglas del mar? Las reglas, sí, asintió Lightoller. Las reglas de la naturaleza humana.

Quizá las mismas reglas que llevaron al capitán surcoreano Lee a “escaparse antes que los demás”, como lo reprendió la presidenta de su país, Park Geun-hye, en lugar de hundirse con el barco. Es una ley no escrita ni respetada, como la de las mujeres y los niños, primero. Mejor, sálvese quien pueda.



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