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Por León Hernández
CARACAS. – Los 24 de junio son días no laborables en Venezuela y, por tratarse de un feriado nacional, la mayoría de los ciudadanos se encontraba en sus viviendas al momento de registrarse dos terremotos consecutivos, con 39 segundos de diferencia, a las 6:04 y a las 6:05 pm, de 7.2 y de 7.5 en la escala de Richter.
Los teléfonos comenzaron a sonar inmediatamente, también a fallar. Algunas repetidoras de señal de telefonía celular habían sufrido daños. Residentes de casas y edificios salían a la calle. Los comercios, preventivamente, cerraron sus puertas, aunque algunos detallistas, como quioscos, mantenían la actividad.
Momentos después de la corredera por las escaleras, algunos edificios se desplomaron en el este de Caracas y en La Guaira que, de zona turística y bordeada de playas, se convirtió en uno de los Estados más afectados por el movimiento telúrico, con un panorama que recordaba la tragedia ocurrida en esa entidad del litoral venezolano en 1999.
Los vuelos en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía, ubicado en La Guaira, fueron suspendidos ante los daños en la infraestructura de la terminal.
Alrededor de las 6:20 pm, comenzaron a circular las ambulancias con funcionarios de prevención y rescate. A esa hora no había aún comunicados oficiales, pero el resultado ya resultaba evidente para venezolanos dentro y fuera del país: el evento era una catástrofe.
Pasadas las siete de la noche, comenzaban las labores de rescate. El ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, fue el primero en confirmar los terremotos, así como medidas de prevención, como el corte del gas doméstico. Algunas emisoras radiales tomaban la palabra, para coordinar reportes en torno a la situación. El llamado general era a la calma.
La presidenta encargada de la República declaró la emergencia nacional hacia las 8 de la noche. Algunos se quejaron por la tardanza en su aparición. Pasadas las 11 pm, en otra alocución, dio un primer parte oficial: 32 personas fallecidas y más de 700 heridos.
Vecinos de zonas diversas del país se organizaban con agua, alimentos no perecederos, linternas y demás, para esperar las réplicas del sismo. Mientras algunos no contaban con servicio eléctrico, otros denunciaron que sus tuberías habían sido dañadas, por lo que se interrumpió el servicio de agua.
En la madrugada se registraron réplicas de diverso grado, a las 10 pm, a la 1:51 pm. El miedo se estableció en una sociedad que presintió el anuncio de más víctimas. Los alcaldes de las entidades más afectadas en Caracas daban parte de las labores de rescate, confirmando que desde los escombros se escuchaban gritos de supervivientes.
La cifra aumentó con el pasar de las horas a 167 fallecidos y 971 heridos, para la mañana de este jueves.
Un país transitando una severa crisis económica y social de diversa naturaleza, luego de la extracción de Nicolás Maduro por una acción de las fuerzas militares estadounidenses, y que aún no avanza claramente hacia una democracia, ahora hace frente a uno de los terremotos más destructivos de su historia.
Naciones diversas, como Estados Unidos, El Salvador, México, Colombia, España, han anunciado interés en colaborar a atender la emergencia. Mientras, el venezolano se adapta a las nuevas vicisitudes en medio de esta tragedia que aún no tiene cifras claras de fallecidos, heridos y damnificados.
Se trata del mayor movimiento telúrico ocurrido en el país desde hace más de cien años. El perímetro de áreas de desastre se extendió por al menos cinco de sus regiones próximas a la costa: Caracas, Aragua, Carabobo, Falcón y La Guaira.

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