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En el primer año de gobierno de Barack Obama fueron deportados de los Estados Unidos más extranjeros que en el último de George W. Bush. No hubo un endurecimiento de la política contra los indocumentados, plasmada en la valla frente a México que tendió su antecesor con la venia del Capitolio, sino una omisión presidencial: Obama no cumplió en tiempo y forma con la reforma migratoria, demorada por la sanitaria y la financiera. Cual broche, la gobernadora republicana de Arizona, Jan Brewer, impuso en ese Estado la “ley de barrios seguros y apoyo a las fuerzas del orden”, que permite a la policía detener a cualquiera por “sospechas razonables”.

En los Estados Unidos residen en forma irregular más de 12 millones de personas. Entre ellas surgen familias con estatus combinados: viven los padres en la ilegalidad, temerosos de ser expulsados, y los hijos, nacidos en el país, en la legalidad. Esa tendencia aumentó en forma considerable en los últimos años, así como la legión de jóvenes que arribaron siendo niños y, en edad universitaria, pueden ser remitidos al país de sus mayores, desconocido para ellos. La Dream Act (Development, Relief and Education for Alien Minors Act o Ley de Fomento para el Progreso, Alivio y Educación para Menores Extranjeros), estancada en el Congreso, pretende resolver esa disyuntiva.

Entre los extranjeros con residencia legal, más de 21,7 millones de latinoamericanos están inscriptos en el registro electoral. En las presidenciales de 2008, Obama obtuvo el 67 por ciento del voto latino frente al candidato republicano, John McCain. En ese segmento, las preferencias se dividen ahora en un 58 por ciento para el mandatario y un 35 por ciento para su rival, Mitt Romney, ex gobernador de Massachusetts, según la Universidad Quinnipiac; un 67 y un 27 por ciento, respectivamente, según The Pew Research Center, y un 67 y un 29 por ciento, según The Washington Post. La prioridad para ellos es la economía y el empleo, no la reforma migratoria.

De su valor tomó nota la revista Time: «Why Latinos will pick de next president? (¿Por qué los latinos elegirán al próximo presidente?)”, se preguntó el 5 de marzo. Y respondió en castellano: “Yo decido”. En Cartagena de Indias, durante un intervalo de la VI Cumbre de las Américas, Obama prometió abocarse a la reforma migratoria en su segundo mandato, de lograrlo, confiado en contar con adhesión demócrata en el Capitolio. De ser por Romney, la ley dictada por Brewer en Arizona debe ser implacable, así como, en 1994, la alentada por el gobernador republicano de California, Pete Wilson: la proposición 187 negaba servicios médicos y educación pública a los indocumentados y sus hijos.

En la frontera con México reina el miedo por el aumento del narcotráfico y el crimen. De ese lado, en la guerra del gobierno de Felipe Calderón contra los cárteles de la droga y entre ellos mismos, han muerto casi 60.000 personas desde diciembre de 2006. Del otro lado patrullan los minutemen, milicias civiles que secundan a la policía en la caza de indocumentados y mulas (contrabandistas de drogas). Seré curioso: ¿por qué nunca es arrestado el jefe de un cártel norteamericano, que también los hay? Los contrastes ahondan las diferencias y, en ocasiones, llevan a confundir hormigas con elefantes: Unos son fáciles de aplastar; los otros son aparentemente imposibles de cazar.



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