El último apaga la luz

Abundan datos sobre el primero que hizo tal o cual cosa, pero poco y nada se sabe del que, por diversas causas, tuvo que bajar el telón




El Llanero Solitario en la piel de Clayton Moore gritó por última vez, el 15 de septiembre de 1949, su glorioso: "Hi ho, Silver!"

Epimeteo, el primer hombre de la mitología griega en desmedro del Adán bíblico, comete dos imprudencias: casarse con Pandora, la primera mujer creada por Hefestos, y abrir la famosa caja de la que salen todos los males de la humanidad. En ella queda, cual último orejón del tarro, la esperanza. Desde entonces, lo último, cuya novia, La última, lleva por título un tango de Julio Camilioni (no confundir con La última curda, de Cátulo Castillo), merece el mismo trato que la esperanza, virtud de virtudes habitualmente relegada.

Abundan datos sobre el primero que hace tal o cual cosa, pero poco y nada se sabe del último que, quizás en peores condiciones, harto de tal cosa o tal otra, hace por última vez tal o cual cosa. El que apaga la luz. ¿Qué sería de los historiadores si tuvieran que poner de relieve las primeras palabras de Edipo (“Ma-má”, seguramente) o de Freud (“Li-bi-do”, tal vez) en lugar de las últimas? Ni el legado del sargento Cabral (“Muero contento, hemos batido al enemigo”) habría perdurado.

El Llanero Solitario, con Clayton Moore detrás del antifaz, gritó por última vez, el 15 de septiembre de 1949, su glorioso “Hi ho, Silver!”. El último búfalo que mató William Cody, alias Buffalo Bill, fue el número 4.208. La última mujer de Mickey Rooney, octava de una lista que comenzó con Ava Gardner, fue Jan Chamberlain. El último marido de Marilyn Monroe, el tercero de una lista un poco más discreta, fue Arthur Miller. La última película muda, The four feathers (Las cuatro plumas), terminó de rodarse en agosto de 1929. Fuerte apache fue el último trabajo en el cine de Shirley Temple.

Los últimos tienen tanto o más valor que los primeros, pero están más asociados con tristezas que con alegrías. La palabra masoquismo debe su origen al último apellido del escritor Leopold von Sacher-Masoch. Las últimas palabras de Joseph Kennedy, el padre de John, presidente de Estados Unidos, y de Robert y Ted, senadores, son: “No tengo ambiciones políticas para mí ni para mis hijos”. Lo último que dijo la reina francesa María Antonieta frente a su ejecutor fue: “Señor, suplico su perdón”.

El último número incorporado a las matemáticas es, curiosamente, el cero. Como yo multiplico todo por cero, la última noche que pasé contigo fue anoche, creo. Y mi último deseo es ser enterrado en el cementerio de Ezpeleta, partido de Quilmes, provincia de Buenos Aires, República Argentina. En la sección fumadores, por si se me antoja el último cigarro.

Jorge Elías
@JorgeEliasInter



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