Política

Otra vez se jodió el Perú

Mario Vargas Llosa inquiría en la novela Conversación en la Catedral, de 1969, en qué momento se había jodido el Perú. Medio siglo y un año después quizá Zavalita, una suerte de espejo del país en la ficción, siga preguntándoselo frente a una realidad. La de otro presidente caído en desgracia. Martín Vizcarra terminó siendo destituido por el Congreso por «incapacidad moral permanente». Lo reemplazó el congresista opositor Manuel Merino, tildado entre disturbios, cacerolazos y bocinazos de “golpista” y “usurpador”. Un gobierno a plazo fijo, hasta el 28 de junio de 2021, de modo de completar el mandato de otro presidente depuesto, Pedro Pablo Kuczynski. Y sí, otra vez se jodió el Perú. Las protestas, aclararon en las calles, no eran en defensa de Vizcarra, sino de la democracia. Vizcarra cayó sin un proceso judicial previo por la sospecha de haber recibido sobornos del orden de los 630.000 dólares por dos obras públicas cuando era gobernador de la región sureña de Moquegua, entre 2011 y 2014. En 2018, como vicepresidente, sucedió a Kuczynski, también acusado (leer más)

Política

El suicidio de Perú

Cuando terminó su labor como presidente de Perú en 1878, Manuel Justo Pardo y Lavalle viajó a Chile. Regresó al ser elegido senador. Mientras ingresaba en el recinto, Melchor Montoya, sargento de la guardia del Congreso, desenfundó y le disparó a quemarropa. El historiador italiano Tomás Caivano concluyó: “Fue algo más que el asesinato de un hombre: fue el asesinato de Perú”. ¿Fue el suicidio del expresidente Alan García el suicidio de Perú? El suicidio de un país del cual Mario Vargas Llosa no sabe, desde que escribió la novela Conversación en la Catedral a finales de los sesenta, en qué momento se jodió. No hubo un momento preciso. Desde la independencia en 1821, en medio de una guerra devastadora, la construcción de vías férreas y la explotación del guano de sus islas derivó en las primeras sospechas de corrupción. En casi dos siglos, el único presidente preso había sido Augusto Leguía, muerto en 1932 en el Panóptico, cárcel de Lima. La corrupción llevó a prisión al jefe de los servicios secretos de Alberto Fujimori, (leer más)

Otras voces

Elecciones presidenciales en Perú: entre el drama y la esperanza

De América Economía, Chile A cuatro meses de las elecciones, son Keiko Fujimori y PPK los candidatos con equipos de campaña mejor definidos y organizados. Sin embargo, aún nada está dicho Pedro Tenorio Si Leonidas tuvo trescientos guerreros para defender Esparta, Keiko Fujimori cuenta con ochenta técnicos para organizar un plan de gobierno y una campaña en la que la renovación del fujimorismo será su consigna. Muchos levantan las cejas, incrédulos, ante la posibilidad de que tamaña transformación sea posible. Sin embargo, y por paradójico que parezca, con 35% de intención de voto nacional a su favor, su principal adversario comparte su mismo ADN: Alberto Fujimori. Como se confirmó semanas atrás, el expresidente organiza en paralelo una plataforma de apoyo al fujimorismo desde su celda en la Diroes. Hace tiempo que sus designios políticos perdieron predicamento sobre Keiko, de ahí que este insista en recibir a potenciales ‘aportantes’ y socios políticos, pese a que su hija ha optado por otro camino y otros consejeros. Incluso no es común ver hoy en su búnker de la calle (leer más)