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En tiempos de polarización, la política suele reflejarse en blanco o negro. Un país, dos mitades. Algo usual en Estados Unidos, donde el mapa cromático se reduce a Estados rojos (conservadores) y azules (progresistas). Republicanos y demócratas, en definitiva. Un espejo dual que pocas veces habilita la participación de terceros en discordia. Se trata, según el Pew Research Center, del barniz superficial de una sociedad fragmentada e incómoda para las cúpulas partidarias. La trinchera no tiene solo dos bandos, sino, al menos, nueve. Circunstancia que se da en otros países. Casos Perú y Colombia, entre los más recientes.
Debajo de la superficie, los valores respecto del papel del Estado, la inmigración, la religión y la seguridad se cruzan de formas tan complejas que dinamitan la rigidez de las coaliciones norteamericanas, dice el estudio Beyond Red vs. Blue: The Political Typology (Más allá del rojo contra el azul: la tipología política). Las voces que dominan el debate público y las redes sociales pertenecen a los extremos, pero el grueso de la sociedad habita en un centro político difuso, contradictorio y desencantado. El dato central de la encuesta, síntesis de 10.357 opiniones: los sectores más ideologizados y ruidosos son una minoría clamorosa.
En el barrio republicano conviven cuatro familias que comparten la ortodoxia económica, pero discrepan en su lealtad a Donald Trump:
* El núcleo más duro y confrontativo, No Apologies Right (Derecha sin complejos), representa el 9% del total. La mayoría, el 74%, son varones que celebran sin complejos la humillación del adversario (53%) y rechazan la corrección política. Para ellos, Estados Unidos debe actuar solo en el mundo. La justicia social es un estorbo regulatorio.
* En segundo lugar, con un tono menos combativo, pero igualmente inflexible en temas como el aborto, los Faith First Conservatives (Conservadores de la fe primero), con un 12%, comparten el fervor por el movimiento MAGA con un motor moral y religioso. Exigen que la cultura nacional se cimiente en el cristianismo (82%) y que la religión determine el voto (53%).
* En la derecha moderada y desencantada militan los Unconventional Right (Derecha poco convencional), con el 12%, y los Pragmatic and Polite Right (Derecha pragmática y educada), con el 11%. Si bien apoyaron a Trump en las elecciones de 2024, casi dos tercios desaprueba su gestión. Valoran la diplomacia multilateral, defienden la necesidad de que el país sea respetado en el exterior y, sobre todo, reclaman civismo y moderación en el lenguaje oficial. Añoran a Ronald Reagan.
Un agujero negro para los estrategas republicanos y demócratas de cara a las elecciones medio término de noviembre
Otro tanto ocurre en el barrio demócrata:
* Los Loyal Liberals (Liberales leales) se caracterizan por ser el sector más educado, institucionalista y fiel del partido. Confían en los científicos y en los medios de comunicación tradicionales. Y defienden con vehemencia el rol de la OTAN, así como la ayuda a Ucrania frente a Rusia.
* En contraste, el 66% de los Leftward Progressives (Progresistas de izquierda), simpatiza con líderes del socialismo democrático. Son el grupo más joven: el 79% tiene menos de 50 años. Un abrumador 82% considera que la existencia de milmillonarios es nociva para el país. Votan a su partido para frenar a la derecha, pero miran con desconfianza a sus propios candidatos y, de ser posible, se inclinarían por una tercera alternativa electoral.
* Desde la periferia moderada, los Order and Opportunity Left (Izquierda del orden y la oportunidad) representan con un 18% el bloque más grande del estudio. Son liberales en la faz económica y moderados en la política, desmarcados de las agendas de género de las élites universitarias. Uso de la fuerza policial, sí. Fronteras seguras, también. Lo cual se traduce en un profundo respeto a la autoridad.
Otros sectores, los Tuned-Out Middle (Centro desconectado) y los Left-Out Left (Izquierda marginada), perciben la política como un negocio diseñado para enriquecer a los candidatos, no como una herramienta de transformación. Entre ellos, huérfanos de representación, la participación electoral cayó al 32% en las últimas presidenciales. Un agujero negro para los estrategas republicanos y demócratas de cara a las elecciones medio término de noviembre. En rigor, una grieta con varios andariveles.

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