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Pete Hegseth no oculta sus siete tatuajes. Sorprendió en mayo, durante un entrenamiento militar en el Diálogo Shangri-La, el foro de defensa anual más importante de Asia, con esa simbología nacionalista y religiosa. Lleva en el pecho la Cruz de Jerusalén, enseña de la reconquista de Tierra Santa, y el lema latino Deus Vult (Dios lo quiere), grito de guerra en las Cruzadas. También se ha grabado una cruz con una espada basada en el Evangelio de San Mateo y la palabra árabe kafir (infiel) asociada con el preámbulo de la Constitución de Estados Unidos y la serpiente segmentada, insignia de la resistencia colonial.
Nada excepcional si no se tratara del secretario de Guerra norteamericano, antes de Defensa. Frente a Hegseth, George W. Bush se quedó corto cuando hablaba del eje del mal tras la voladura de las Torres Gemelas. Si aquello era en defensa de un orden liberal amenazado, la guerra contra Irán pasa a ser ahora la decisiva contra “el fin de todos los tiempos”, como la expone cada mañana en su oración el pastor cristiano Doug Wilson en el Pentágono. El eje del mal 2.0 no solo surge de mapas, informes de inteligencia y análisis del Departamento de Estado, sino también de cartas natales, conjunciones de Saturno y profecías apocalípticas.
El uso de la astrología, el esoterismo y las ciencias ocultas por parte de los movimientos de extrema derecha hunde sus raíces en el siglo XX. Grupos fascistas y nazis recurrieron al paganismo nórdico, el mito de la Atlántida y la teosofía para fundamentar la supremacía racial. El maridaje entre lo esotérico y lo político ha nutrido a la Alt-Right (Derecha Alternativa), madre del movimiento MAGA, con dinámicas que permiten a las corrientes ultraconservadoras articular, justificar y legitimar su visión del mundo. Los reveses y las bajas son simples «tribulaciones» en el camino inevitable hacia el triunfo de la nación providencial.
El gobierno norteamericano procura transformar el laberinto de Irán en una suerte de alineación cósmica e inevitable
La diplomacia de los astros domina el ecosistema. O, al menos, el de una parte no desencantada con la ruptura de una promesa de Donald Trump: abstenerse de involucrar a Estados Unidos en conflictos extranjeros. El gobierno norteamericano procura transformar el laberinto de Irán en una suerte de alineación cósmica e inevitable, expone la investigadora Sarah Rodriguez-Louette en el artículo The Sky, the Throne, and the War: The Political Astrology of the Trump Era (El cielo, el trono y la guerra: la astrología política de la era Trump).
Es la otra cara de la incursión militar Furia épica, compartida con Israel. Un retruécano teológico y sociológico. Curiosamente, la base electoral evangélica adhería o simpatizaba en 2025 con el nacionalismo cristiano y condenaba la astrología por considerarla adivinación e idolatría. La red de astrólogos, explica Rodriguez-Louette, se ganó la confianza del movimiento al predecir el triunfo de Trump en 2016 y 2024 cuando la mayoría de sus colegas apostaba por Hillary Clinton y Kamala Harris, respectivamente. Entre ellos, Joni Patry, estrella de YouTube, y Peter Novak, «astrólogo cristiano MAGA«, como se presenta en su cuenta de X.
Novak pronosticó el 26 de febrero, nueve días después de un eclipse solar anular, una gran crisis militar para marzo y abril. El 28 de ese mes cayeron los misiles en Teherán. El tuit superó las 100.000 vistas. Estos astrólogos, Biblia en mano, apelan a las matemáticas para anunciar algo que llaman «Reinicio Global», cual fin de una era o comienzo de otra. Si la crucifixión fue en el año 33, en 2033 se cumplirán 2.000 años. Al restarle los siete años de la tribulación previa al regreso de Cristo, el cálculo encaja con el calendario: da 2026. Amén.

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