Pausa a dos bandas
La reapertura del estrecho de Ormuz y la tregua en la guerra de Israel contra Hezbollah en Líbano dejaron en suspenso ambas guerras, enlazadas entre sí (leer más)
La reapertura del estrecho de Ormuz y la tregua en la guerra de Israel contra Hezbollah en Líbano dejaron en suspenso ambas guerras, enlazadas entre sí (leer más)
Fiel a su manual de estilo de máxima presión y plazos de ultimátum, Donald Trump ha forzado una frágil tregua de dos semanas con Irán. En realidad, algo más parecido a un castillo de naipes en medio de un torbellino que a un cese del fuego real. El mediador inesperado, Pakistán, único país musulmán con poderío nuclear, se apuntó el presunto éxito diplomático con la ayuda discreta de China mientras Israel, excluido del acuerdo, bombardeaba zonas densamente pobladas de Líbano en el afán de repeler a Hezbollah y de anexar de facto parte de ese territorio. De prometer que “la ayuda está en camino” a la decisión de cañonear Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra y anunciar que «toda una civilización morirá esta noche», Trump intentó vender una victoria estratégica. Los objetivos militares, según él, habían sido superados a pesar de los kilos de uranio enriquecido bajo siete candados en las bóvedas iraníes y de la tímida apertura del estrecho de Ormuz, cerrado nuevamente. Ambas condiciones, inaceptables para Irán, llevaron a Benjamin Netanyahu (leer más)
Cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, expuso su desconfianza en “el sistema basado en reglas como la única forma de defender sus intereses”, los de Europa, estaba siguiendo la línea argumental del primer ministro de Canadá, Mark Carney, trazada en el Foro Económico de Davos con aquello de “la nostalgia no es una estrategia”. Frases sueltas y sensatas que provocaron réplicas. Sobre todo, la del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa: “La Unión Europea debe defender el orden internacional basado en normas”. Nadie lo duda, pero la realidad muestra la impotencia del continente frente a una nueva guerra, la de Estados Unidos e Israel contra Irán y sus satélites, que estalló poco después del cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania. El mundo conocido no está en crisis. Dejó de existir, según Von der Leyen. “Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá”, abundó en detalles durante la conferencia anual de embajadores. El habitual idealismo burocrático (leer más)
Tres días antes de la contienda por la alcaldía de Nueva York, Barack Obama llamó a Zohran Mamdani para ofrecerle su apoyo. Tras el triunfo, curiosamente, no lo felicitó. Mamdani, un musulmán de 34 años y ascendencia india nacido en Uganda, no ganó las elecciones por su trayectoria como asambleísta del Estado ni por ofertas tan quiméricas como el transporte y las guarderías gratuitas o los supermercados administrados por la ciudad. El rechazo a la política económica de Donald Trump y las redadas de inmigrantes, cual plebiscito, pudo haber influido en las desnortadas filas demócratas para inclinarse hacia el extremo izquierdo. Hubo algo más: carisma y esperanza. De ambos atributos carecen muchos políticos. Franklin D. Roosevelt prometió “un nuevo acuerdo para el pueblo norteamericano” en medio de la Gran Depresión, John F. Kennedy propuso una “nueva frontera” y Obama coreó el eslogan “Sí, podemos”. Todos eran demócratas, como Mamdani. Entre los republicanos, Abraham Lincoln alentó a los ciudadanos a «votar por sí mismos», más allá de que después estallara la Guerra de Secesión, y Ronald (leer más)
Donald Trump es un tipo con suerte. No perdió la vida de milagro con el balazo que le rozó la oreja en el acto de Butler, Pensilvania. Zafó del juicio en el que era acusado de haberse llevado documentos confidenciales de la Casa Blanca a su residencia de Mar-a-Lago, Florida. Remató esos tres días de vértigo con su proclamación como candidato en la Convención Nacional Republicana, en Milwaukee, donde presentó a su compañero de fórmula, el senador JD Vance, de 39 años. La mitad de sus 78 en momentos en que la edad pasó ser un tema de campaña. Cual broche, las acciones de la red social Truth Social, de Trump Media & Technology Group, se dispararon. El mercado suele ser predictivo. Intuye ahora una victoria de Trump en las presidenciales del 5 de noviembre. En las encuestas iba codo a codo con Joe Biden, desacreditado hasta por los demócratas después del debate como candidato a la reelección. La última de The Times/SAY24 arroja una ventaja para Trump en siete Estados clave: Arizona, Georgia, Michigan, (leer más)
Cuando Joe Biden sale de la Oficina Oval, los agentes del Servicio Secreto avisan en voz baja en los pasillos: “El Celtic está en el Óvalo”. Eso significa que deben estar alertas, revela el periodista Evan Osnos en una extensa entrevista con el presidente de Estados Unidos publicada en la revista The New Yorker. El Celtic quiso demostrar en su tercer discurso anual del Estado de la Unión frente a ambas cámaras del Congreso que, a sus 81 años, está en condiciones físicas y psicológicas para reincidir cuatro años más en el Óvalo y seguir siendo el comandante en jefe a pesar de sus frecuentes olvidos y despistes. Con su compromiso con la guerra contra Ucrania tras la sospechosa muerte en prisión del líder opositor ruso Alexei Navalny, el anuncio de normas más rígidas para controlar la inmigración y la restauración del derecho al aborto, entre otros asuntos, Biden procuró exhibir el contraste con su virtual rival republicano, Donald Trump, habilitado por la Corte Suprema para competir en noviembre. El máximo tribunal rechazó un fallo (leer más)
Joe Biden decidió ser candidato a la reelección en 2024. Le cabe el derecho, sobre todo después de la remontada de los demócratas en las elecciones de medio término de 2022. Esa media victoria a mitad de camino, algo así como un referéndum, desinfló por un rato la ambición de Donald Trump dentro de las filas republicanas por la irrupción como precandidato presidencial del gobernador de Florida, Ron DeSantis. En el léxico de Trump, Sleepy Joe pasó a ser Crooked Joe. Traducido: de dormilón, como llamaba a Biden en las presidenciales de 2020, pasó a ser torcido, el apodo despectivo aplicado a Hillary Clinton en las de 2016. Los problemas legales no amilanan a Trump en su cruzada por volver a la Casa Blanca a pesar de los disturbios del 6 de enero de 2021, cuando los suyos, los muchachos trumpistas, quisieron impedir la certificación de la victoria de Biden con el vergonzoso ataque contra el Congreso. Trump tampoco ahorra epítetos contra DeSantis. Lo llama DeSanctimonious y DeSanctus. O contra otro eventual rival de su (leer más)
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