|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Con su amenaza con bombardear a Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra, Donald Trump no solo agita el avispero en Medio Oriente. También apaga de facto las luces de las fábricas de semiconductores de Corea del Sur y vacía los tanques de nafta en las calles de Manila. La retórica bélica de ida y vuelta, moneda corriente desde los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero, no hizo más que cerrar un círculo vicioso que tiene como rehén a un punto geográfico minúsculo, pero vital: el estrecho de Ormuz. Por ese paso, de 33 kilómetros de ancho en su parte más angosta, fluye la quinta parte del petróleo mundial.
Mientras el régimen teocrático insiste en mantenerlo cerrado y Trump condiciona cualquier tregua a su reapertura, el mercado ya ha dictado sentencia: los precios del crudo vuelan y las bolsas caen. Irán lanzó oleadas de drones y misiles balísticos contra diversos países de la región, principalmente Israel y aquellos que albergan instalaciones militares norteamericanas o son percibidos como sus aliados estratégicos. La onda expansiva de la crisis energética ha forzado a numerosos gobiernos, especialmente en Asia, a aplicar medidas drásticas de racionamiento y ahorro. Algo así como el mentado retorno a la Edad de Piedra.
Japón, con uno de los sistemas de reservas de más grandes del mundo, ha comenzado a coordinar «trueques energéticos»
El presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung, instó a la cooperación ciudadana con duchas más breves; usar las escaleras en lugar de los ascensores, la bicicleta para trayectos cortos y la lavadora solo los fines de semana; evitar cargar teléfonos y vehículos eléctricos por la noche, y apagar las luces de las oficinas durante el almuerzo. Un revival de finales de los noventa, cuando estalló la crisis financiera de Asia, o de los recaudos más recientes a raíz de la peste pandémica.
El patriotismo de la escasez, como supo llamarlo Lee, tiene su correlato en Filipinas. Su par Ferdinand Marcos Jr. declaró la emergencia energética nacional. Efecto inmediato: la semana laboral pasó a ser de cuatro días al igual que en Sri Lanka. En ambos casos y en otros rige el expendio racionado de combustible en las estaciones de servicio. En Laos, casi la mitad debió colgar las mangueras. Solo circula el transporte de carga esencial y de servicios públicos en Myanmar. Adelantaron las vacaciones en las universidades y redujeron la iluminación en Bangladesh. Los empleados públicos de Malasia volvieron al teletrabajo.
Las medidas adoptadas por esos países aceleraron el pulso del planeta. Japón, con uno de los sistemas de reservas de petróleo más grandes del mundo, ha comenzado a coordinar «trueques energéticos» con sus vecinos para impedir un colapso regional. Entre ellos, Filipinas, también asistido por India, Singapur y, a pesar de su escasez, Malasia. China, si bien es un gran importador, ha restringido sus exportaciones de combustibles refinados para proteger su mercado interno. Hasta el diminuto reino de Bután se vio obligado a fijar aumentos de precios y racionamiento debido a «condiciones externas fuera de su control».
La Agencia Internacional de la Energía ha recordado que en las crisis del petróleo de 1973 y 1979 se perdieron aproximadamente cinco millones de barriles diarios. En conjunto, unos diez millones de barriles por día. Eso provocó una recesión en muchos países. Actualmente se están perdiendo 12 millones de barriles diarios, «lo que equivale a más de dos crisis petroleras juntas». Su decálogo de emergencia incluye la reducción de límites de velocidad en las autopistas y el fomento masivo del teletrabajo. Estima que tres días de oficina menos podrían reducir el consumo de petróleo en transporte hasta un 6%.
Estados Unidos ha aliviado temporalmente las sanciones petroleras a Rusia, fenomenal fuente de ingresos con India y China como sus principales clientes
La crisis energética de Corea del Sur, en particular, excede sus fronteras: no solo podría dañar su industria de chips, sino también el suministro en el mundo. Dos tercios tienen ese origen. Otro tanto ocurre con el helio. Qatar, uno de los países bajo el asedio iraní, produce un tercio de ese gas refrigerante, clave en la fabricación de chips. Más allá de la verborragia de Trump, Estados Unidos ha aliviado temporalmente las sanciones petroleras a Rusia, fenomenal fuente de ingresos con India y China como sus principales clientes, para continuar la guerra contra Ucrania a expensas de Europa, convidado de la Edad de Piedra.
La propuesta norteamericana de una operación militar para liberar la yugular del sistema energético global, “poco realista” para el presidente de Francia, Emmanuel Macron, pone de manifiesto la parálisis de Occidente. “¡Vayan a buscar su propio petróleo!”, les aconsejó Trump a sus aliados europeos. El mercado internacional fija el precio del barril, razón por la cual la economía doméstica de Estados Unidos, exportador de petróleo y gas natural, no es inmune al control iraní del estrecho. El tiro por la culata: Irán ha empezado a formalizar el cobro de peaje por el paso seguro, fuente de ingresos de la que carecía antes de la guerra.

Be the first to comment