Le sorprenderá recibir esta carta (“sorry, e-mail”) en estas fechas. Lo habitual es que sea a la inversa, pero, como son sus últimas navidades en el Gobierno (¡jo, jo, jo!), tengo la dicha de agradecerle lo que ha hecho por su pueblo y también por mí, ¿sabe? En su país nadie me pide juguetes importados, inhallables, en realidad, sino “made in” Argentina, como aquella muñeca divina, idéntica a usted, “remember?”. Fue un desinteresado regalo de empresarios amigos, no gorilas ni cipayos ni golpistas ni destituyentes ni buitres como esos desagradecidos que no aprecian su labor. …
Soy periodista, escritor y presentador de radio y televisión con una carrera galardonada en asuntos internacionales y análisis político y económico. He trabajado en medios líderes de Argentina, Iberoamérica, Estados Unidos y España, incluyendo el Grupo Prisa, Fox News Latino, Worldnet Television, Radio Continental, el diario La Nación, la Televisión Pública Argentina y el Canal de la Ciudad, en los que he liderado equipos periodísticos. Dirijo el medio digital El Ínterin y soy analista en organizaciones defensoras de la libertad de prensa y los derechos humanos. Fui corresponsal en Estados Unidos, México y Canadá, y enviado especial a zonas de conflicto y elecciones de varios países en los cuales he mantenido entrevistas con más de 50 presidentes y primeros ministros.
El Estado, visto como la solución tras los noventa, volvió a ser parte del problema A un campesino mexicano se le atribuye haber vaticinado, tras la declaración de la independencia de su país, que poco y nada iba a cambiar. La independencia de México era, para él, “otro cura en una mula diferente”. El cura representaba a la clase dirigente; la mula, al sistema de gobierno. La defensa del sistema de gobierno, si de la democracia se trataba, requería sustituir al cura. Esa aspiración se centra dos siglos después en sustituir a la clase dirigente. “Que se vayan todos es un lema que vale para la región completa”, concluye la versión 2007 del informe Latinobarómetro. La efervescencia social en América latina, traducida en reclamos sectoriales por promesas no cumplidas o por plegarias no atendidas, refleja una profunda debilidad de los partidos políticos. E incluso, como sucedió en la Argentina durante las protestas del campo por la imposición de retenciones móviles a la soja, en la autonomía de las bases respecto de los líderes. Esto coincide, (leer más)
Desde el 10 de junio, tres expresidentes sudamericanos de orientaciones políticas opuestas han sido condenados a prisión domiciliaria por causas diferentes. Dos de ellos, Cristina Kirchner y Jair Bolsonaro, deben usar tobilleras electrónicas. La del tercero, Álvaro Uribe, quedó en suspenso. Bonus track: detuvieron en Italia a una diputada brasileña aliada de Bolsonaro, Carla Zambelli, condenada a diez años de prisión por fraude y piratería informática, y ordenaron la restitución al Estado chileno de una fortuna en poder de los herederos del exdictador Augusto Pinochet. Todo en tiempo récord, más allá de los añares de los procesos. Cartón lleno después de menos de dos meses de vértigo judicial. Sobre la expresidenta argentina, de 72 años, abanderada del degradado socialismo del siglo XXI, pesa una condena por corrupción, así como sobre el expresidente colombiano, de 73, enrolado en la derecha. En el caso de Bolsonaro, de 70, aún más a la derecha, el Supremo Tribunal Federal resolvió el encierro en su casa antes del juicio por la invasión y los destrozos de los tres poderes de (leer más)
La derecha alternativa, mentora de Donald Trump y del Brexit, entre otras falencias dignas de Matrix, no es liberal. Esa nueva derecha, como la llama el presidente de Argentina, Javier Milei, puede estar de acuerdo con la derecha moderada de liberales y conservadores en la importancia de preservar las virtudes en sociedades libres y civilizadas o en contener la marea colectivista de las izquierdas, pero está lejos de coincidir en el papel del individuo, de la comunidad y del Estado, esgrime Lorenzo Bernaldo de Quirós, académico asociado del Cato Institute. Si hubiera un diálogo socrático entre liberales y conservadores, no coincidirían en las causas ni en las soluciones del desmadre global. Liberales y libertarios, como se identifica la nueva derecha, permanecieron bajo el mismo alero durante la Guerra Fría. No pudieron asomarse mientras el comunismo soviético acechaba como un francotirador en un mundo dividido en dos. Eran una suerte de coalición que necesitaba una razón para cobrar o recobrar el aliento y la identidad. “Este tipo de conservadurismo defendía el deber del hombre de buscar (leer más)
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