La Manada anda suelta por España

La indignación no tiene límite tras la liberación bajo fianza de los cinco sevillanos que violaron a una muchacha durante los sanfermines de 2016




El reclamo frente al Palacio de Gobierno de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona | Foto de Yolanda Yebra

BARCELONA – España arde. No sólo por el comienzo del verano. La indignación brota a flor de piel. Y está justificada. Los cinco miembros de La Manada han quedado en libertad provisional mientras se resuelve el recurso a la sentencia: nueve años de prisión por abuso sexual. Habían sido detenidos el 7 de julio de 2016 por violar a una muchacha durante las fiestas de San Fermín, en Pamplona. Con 6.000 euros de fianza salieron de la cárcel. Una ganga, a pesar de ser casi todos insolventes, gracias “a las ayudas de todos los miembros de las familias, que han aportado cada uno lo que podía”.

Eso no es todo: la Audiencia Provincial de Navarra considera “impensable” que, estando en libertad, vuelvan a cometer un delito sexual. De no creer. “No es abuso, es violación”, claman las calles de toda España. De serlo, según la fiscalía, les correspondería una pena de 22 años y 10 meses de prisión. El morbo no tuvo límite durante la salvajada. No sólo violaron a la muchacha. También lo grabaron y lo compartieron con otros miembros de La Manada, nombre del grupo de WhatsApp. El video, de 96 segundos, pulula en sitios de internet como si se tratara del hit de un youtuber. Vergonzoso.

“No es abuso, es violación”

La víctima, alias C, una muchacha madrileña que cumplirá 21 años en octubre y abomina ser llamada “la chica de los sanfermines”, rompió ahora su silencio. Le envió una carta a El programa de Ana Rosa Quintana, emitido por Telecinco. No menciona a sus agresores. Da consejos: “No os quedéis callados porque si lo hacéis les estáis dejando ganar a ellos. Denunciad. Nadie tiene que pasar por esto. Nadie tiene que lamentarse de beber, de hablar con gente de fiesta, de ir sola a casa o de llevar una minifalda. Nos tenemos que lamentar todos de la mentalidad que tiene esta sociedad, donde esto le puede pasar a cualquiera, os lo aseguro. Os puedo asegurar que todo el camino que hay que recorrer no es plato de buen gusto, pero ¿qué hubiera pasado si yo no hubiese denunciado? Pensadlo”.

Su drama ha cobrado relevancia no sólo por la coincidencia con el momento Me too (yo también) de la historia y por la cobardía y la brutalidad de cinco contra una, sino también por la similitud con otros casos. Decenas a diario, quizá. Cinco hombres, uno de ellos menor, que se harían llamar La Nueva Manada, han sido detenidos en estos días en la isla de Gran Canaria por la supuesta agresión sexual a una muchacha, también menor, a la cual habrían drogado. Como los otros, lo grabaron con sus teléfonos móviles y lo compartieron como una hazaña.

¿Tampoco hubo violencia e intimidación, como ocurrió con las bestias de La Manada? La jurisprudencia española establece que para que exista una violación debe haber violencia (una agresión física con fuerza) o intimidación (una amenaza de un mal grave a la víctima para que ceda a la pretensión del agresor). ¿Qué pasa si la víctima, en estado de shock, baja los brazos e implora que la odisea termine cuanto antes? Es abuso, no violación, a contramano del reclamo ciudadano y, sobre todo, del sentido común.

Las redes sociales se han llenado de historias de mujeres que relatan abusos con la etiqueta Cuéntalo. Toda mujer en esas penosas circunstancias sufre dos veces: cuando es atacada y cuando es cuestionada por la sociedad, como si hubiera alentado a los violadores. Pocos lo entienden, parece. La forma en que va vestida pretende ser un atenuante del delito. No se trata de una causa feminista, por más que sean mayoría en las concentraciones e impongan las consignas, sino de una cuestión de todos. De España y de otros países, muchos, en los cuales no debería ser no. Y punto.

Jorge Elías
Twitter: @JorgeEliasInter



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